El escenario mas grande del mundo en el debut en México de los vetustos Rolling Stones de Mick Jagger: cuatro conciertos en el autodromo Hermanos Rodríguez

Derroche de fastuoso lucimiento, el aparato escénico del conjunto Rolling Stones en su gira mundial que será visto por unos 128 mil espectadores los días 14, 16, 18 y 20 de enero en el Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México, y que lleva el nombre de su reciente disco Voodoo Lounge (“Reposo vudú”), supera cuanta teatralidad haya experimentado el rock jamás.
El gigantesco telón al fondo mide 92 por 28 metros, costó 4 millones de dólares y sus 170 toneladas de metal emulan una fría masa cibernética del siglo XXI, diseño del arquitecto radicado en Londres, Mark Fisher, quien trazara asimismo las fantásticas estructuras de la reciente gira The Division Bell de Pink Floyd y Zoo TV de los irlandeses U2 (ambos espectáculos presentados por la empresa OCESA-Ogden que ahora trae a los Rolling).
Una idea vecina al arte de Fisher puede admirarse en la cinta The Rolling Stones At The Max, cinta filmada en formato IMAX en 1989, que se proyecta en el planetario del Museo del Niño El Papalote. Aquel documental cubrió la gira Steel Wheels de la banda inglesa y fue producido por 10 millones de dólares; entonces el ciclorama de Fisher sugirió un armatoste neobarroco industrial, con inmensas muñecas inflables al estilo Fellini de La Ciudad de las Mujeres para la pieza Chicas del Honky Tonk; 64 bloques de luces y montones de pantallas de video.
–Steel Wheels era –afirma Fisher– un poco más alusivo, podías ver el foro y pensar: “Esto me recuerda a un molino de acero o a una refinería de aceite”. Ahora no creo que muchos se detengan ante la instalación y expliquen qué les recuerda, porque nunca han visto ninguna referencia similar.
Y es que se trataba de lanzar por el ventanal la mansión de lo ilusorio sin escatimar gastos, indicó al arquitecto Fisher en enero de 1994 Mick Jagger (Dartford, 1943), vocalista de los Rolling. Juntos trabajaron cuatro meses en el esbozo de la gira Voodoo con el otro consejero visual, el baterista Charlie Watts (Islington, 1941), para que el público literalmente “cambiara su manera de ver los conciertos de rock”, armando lo que tenían a escala con partes construidas en Francia, Bélgica, Inglaterra, Texas, Pennsylvania y California. El conglomerado viajó en 50 trailers hasta un hangar de Toronto, Canadá, donde fue edificado, mientras los Rolling iniciaban ensayos (repasando algunas de las 261 melodías que han grabado en más de 25 discos de larga duración durante 33 años de existencia).
El show es más que una fantasía hollywoodense posmoderna. Los videos reflejados en las paredes varían en cada éxito musical que toca la banda durante dos horas, mostrando dibujos animados con una diablita bailarina diseñada por Mark Norton, las calaveras de Jac Remise o los labios y la lengua espinosa del logotipo del grupo inspirado por la iconografía pop de Andy Warhol. Hay tres niveles con pasillos por donde Jagger trota como adolescente loco y sólo hará una pausa que lo verá desaparecer andando algo encorvado, tiempo que aprovecha su pareja compositora Keith Richards (Dartford, 1943), para cantar con su guitarra dos canciones.
El diseñador de luces Patrick Woodruff (quien también iluminó Steel Wheels) hizo colocar mil 200 focos en el complicado ciclorama. Una inmensa suerte de brazo se yergue desde el mamotreto y culmina muy encima de los Rolling en forma de cobra proyectando mil luces. En total, OCESA asegura que son 2 mil 500 bombillas y 2 millones de watts emitidos por 420 bocinas.
–Se trata de un hito en el rock –asegura Woodruff–. El escenario de Steel Wheels quebró el esquema visual de un espectáculo en estadios, el cual consistía en un sistema de sonido PA y el bloque de pantallas alrededor de un foro rectangular. En todo el proceso de Voodoo Lounge he realizado lo que llamo “la prueba de Barbra Streisand”. No importa qué tan hermoso o maravilloso sea un escenario, incluso si se trata de uno tan fabuloso como para los Rolling Stones, siempre preguntamos: “¿Podría Barbra Streisand actuar aquí?”. Y si la respuesta es afirmativa, ya estuvo.
El grupo abridor será el mexicano Caifanes. Hasta el cierre de esta edición las localidades de N$ 90 se habían agotado, quedando de N$ 1000 (“sección dorada”), 390 y 195, precios que contrastan con los N$ 150 por cualquier localidad que cobraron los creadores de Satisfacción al comenzar su gira en estadios de Estados Unidos (Proceso 927). Al final, cuando los tres Rolling originales y sus músicos (Bobby Keys en el sax, el bajista Darryl Jones, con las voces de Bernard Fowler y Lisa Fischer) hayan llevado al público mexicano por una travesía rock en 7 mil 200 segundos, los fuegos artificiales incendiarán más las noches de luna llena y menguantes sobre el Auditorio Hermanos Rodríguez.