Ante la negativa del DDF y el temor de la UNAM a organizar los conciertos Salinas convenció a Zedillo y dieron el sí final a los Rolling Stones

Los más de doscientos mil fanáticos que aplaudirán a rabiar a los Rolling Stones a partir del 14 de enero en el Autódromo Hermanos Rodríguez del Distrito Federal, tendrán que agradecer al omnímodo poder presidencial de México que los cuatro conciertos programados se lleven a cabo.
La mano poderosa del Príncipe sexenal fue la que trajo a los reyes del Rock and Roll.
Frenados por burocracias temerosas –tanto de las características del grupo como del tránsito entre gobiernos– el grupo inglés y sus promotores mexicanos decidieron acudir al que todo lo puede, todo lo da y todo lo logra en México: el señor Presidente –en este caso a dos, el entrante y el saliente, quienes sin decepcionar les dieron lo que pedían.
Después de un año de negociaciones entre los representantes del grupo, los promotores mexicanos y diversas autoridades nacionales que incluyen a la regencia capitalina y a la Universidad Nacional Autónoma de México, en unos cuantos días Carlos Salinas de Gortari dobló voluntades y consiguió permisos para lo que ya es el concierto que más expectativa a causado en la Ciudad de México.
Aunque los representantes del grupo, Concert Production International, entrevistados por el corresponsal de Proceso en Washington, pretenden minimizar los problemas que tuvieron para llegar a México –”en todas partes encontramos problemas”–, las negociaciones y los frustrados intentos de los Stones por presentarse en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria han abierto un nuevo debate sobre el manejo y la concesión selectiva de la instalación universitaria, y abre la posibilidad de que se continúe prestando para eventos comerciales como se hiciera con la organización Amway.

“LA MAYOR SIMPATIA DEL PRESIDENTE…

Cuando en mayo de 1994 los Rolling Stones anunciaron una nueva gira mundial, México parecía preparado para recibirlos. Madonna, Jackson, McCartney habían pasado sin incidentes por México, creando una nueva cultura de conciertos masivos sin desorden.
Pero el foro del Autódromo estaba siendo desmantelado por órdenes de la regencia, el Estadio Azteca no quería repetir la costosa experiencia de Michael Jackson, y el permiso para que llegaran los Stones no venía de ninguna parte, aunque el grupo ya negociaba con Operadora de Conciertos y Espectáculos (OCESA) y con la Universidad Nacional Autónoma de México.
Así lo cuenta a Proceso uno de los protagonistas de la historia, José Carreño Carlón, exdirector de Comunicación Social de la Presidencia de la República durante el gobierno de Salinas de Gortari:
“El gobierno de la ciudad sostenía que no quería dejar un compromiso para el siguiente gobierno –que entraba el primero de diciembre, cuando el evento sería en enero–; por otro lado, el Patronato Universitario se opuso a que se efectuara en el Estadio Olímpico… no quisieron jugarse el riesgo.
“Se recibió un escrito en Presidencia del representante de los Rolling Stones y de OCESA, en el que si no mal recuerdo se decía que estaban a punto de cancelar su viaje a México.
“Lo vimos con el Presidente y él determinó que el asunto se viera con la mayor simpatía para no dejar fuera a México de la gira latinoamericana de los Rolling Stones.
“Entonces se habló con Enrique Jackson Ramírez, secretario general de gobierno en el DDF y con (Manuel) Aguilera, regente capitalino. También se habló con el nuevo equipo de Zedillo, que recibió con simpatía también el asunto.
“Así las cosas… ya Aguilera y Jackson no pusieron resistencia.”
Carreño Carlón mismo fue quien instrumentó las simpatías presidenciales tanto con la regencia como en la UNAM, y con las puertas abiertas, OCESA –cuya única respuesta durante la elaboración de esta nota fue un rotundo “sin comentarios”– decidió reconstruir el Autódromo y presentar ahí a los Stones.
En la universidad, sin embargo, y dado que la organización del concierto le podría haber allegado hasta un millón de dólares, según información obtenida por Proceso, el debate ya no se puede tapar.

JUAN GABRIEL SI, LOS STONES NO

“¿Se podrá hacer?, ¿será conveniente o no un concierto masivo de rock en Ciudad Universitaria?”
La conclusión fue “no”. Pero la pregunta “ya está flotando”.
Gerardo Ferrando Bravo, Tesorero del Patronato de la UNAM, explica que en la historia del estadio “que yo recuerde nunca se ha hecho este tipo de eventos”, y aunque la conclusión a la que llegaron las autoridades universitarias fue de rechazo a la propuesta de los Stones y OCESA, admite que siguen analizando la posibilidad.
La decisión sobre la presentación del grupo en las instalaciones universitarias no fue tomada por una sola persona. Se consultó a los integrantes del Patronato –encargado de preservar y conservar el Patrimonio de la Universidad– y al rector. La balanza se fue hacia la negativa. Fuentes de Proceso señalan que al rector Sarukhán le había entusiasmado la idea, mientras que al Patronato le dio miedo la característica del grupo.
Sin manejar cantidades, Ferrando Bravo acepta que la oferta por el alquiler del estadio era “muy buena para la universidad”, pero el argumento de peso fue que nunca se han realizado este tipo de eventos, aunque “se ha discutido ampliamente la posibilidad, siempre ha habido una reserva al final de cuentas”.
–¿Los riesgos podían rebasar los de un clásico de americano UNAM-Poli?
–Siempre tuvimos la sensación de que la seguridad era un problema. Controlar este tipo de eventos en nuestro país, específicamente en esta ciudad, no es fácil. Hasta hace apenas cinco o seis años se han estado realizando.
Explica que los eventos musicales que se han realizado en otros recintos como el autódromo Hermanos Rodríguez, son experiencias “recientes” en los que algunos se han desarrollado con “gran orden”, pero otros “en gran desorden”, por lo que “en tanto no teníamos la experiencia de qué pasa con el comportamiento de los jóvenes y cuáles eran los elementos de seguridad”, decidieron no correr el riesgo.
Revisa la experiencia de Michael Jackson en el Estadio Azteca y considera que ahí el problema mayor fue el deterioro del pasto: “Una experiencia que no se volvió a cometer”.
–¿Esta experiencia tuvo peso para no aceptar la presentación de los Rolling Stones?
–El planteamiento de los organizadores de ese concierto fue la garantía absoluta del pasto. Propusieron una protección para el pasto, por cuenta de ellos. Nos mostraron catálogos, fotografías de sistemas que utilizan en estadios extranjeros donde en la mañana hay un juego de futbol americano, en la noche un concierto y al día siguiente otro juego, pero son estadios de corte más comercial, de uso más intenso en Estados Unidos.
La experiencia de rentar el estadio para actividades no deportivas la tuvieron en noviembre pasado. Los días 4 y 5 se realizó en el estadio la convención de la empresa industrial y comercial Amway.
Gerardo Ferrando admite que la universidad siempre está a la búsqueda de recursos adicionales, pero aclara que tanto el evento de Amway como la oferta de OCESA fueron iniciativa de ellos.
Cuenta que representantes de Amway se acercaron a la dirección del Patrimonio Universitario que presiden Miguel Angel Martínez Maestre, y le plantearon la posibilidad de hacer su convención de noviembre en el estadio.
Esta dirección fue también el conducto de los representantes del grupo de rock.
“No sabíamos quiénes eran, por lo que les pedimos información. Es una empresa de comercialización de productos que tiene reuniones periódicas”, explica Ferrando. Antes las habían hecho en el Auditorio Nacional y en el Palacio de los Deportes. Ahora argumentaban que el cupo era insuficiente y necesitaban un local para 40 mil personas.
El estadio de CU tiene capacidad para 72 mil.
Vieron que el evento sería cerrado, sólo para los socios, “era un evento particular, conocimos el programa (además de conferencias incluía la presentación de Juan Gabriel), conseguimos información de los eventos realizados anteriormente; las referencias eran buenas. Esto se hizo del conocimiento del Patronato y del rector. No se vio inconveniente pero sí ventajas de obtener beneficios económicos”.
Por la renta del estadio más la comercialización de productos alimenticios y el estacionamiento, la UNAM recibió 472 mil nuevos pesos por los dos días.
Sin embargo, la realización de dicho evento provocó el caos vial el viernes 4. Los casi 30 camiones que traían participantes de diferentes partes de la República llegaron por la entrada de Insurgentes. Después, hubo protestas de jugadores del equipo Pumas por las condiciones en que quedó el pasto.
Ferrando Bravo ve las cosas de otro modo: El saldo fue “muy positivo”.
Se pregunta y se responde: “¿Qué nos interesaba? Que el evento a efectuarse no rompiera la dignidad de las instalaciones universitarias, que todo fuera ordenado y que el Patrimonio Universitario no se dañe”.
Dice que el problema del pasto estuvo resuelto en diez días. No hubo necesidad de cambiarlo –como sucedió en el Azteca–. Sólo regarlo y esperar a que volviera a crecer, luego podarlo.
Más aún, añade que en esos días además de los eventos de futbol soccer había de americano. A éstos suma que “es época de lluvia” y esto “daña las condiciones de la cancha”.
Aunque, en el caso de los Stones, OCESA se comprometía a cuidar el pasto y cubrir los gastos que implicaba bajar el nivel del túnel de cancha para que pudiera entrar la grúa con el equipo –”todos estos detalles se vieron”, aún la opción de hacer la instalación por fuera y volar los equipos–, la respuesta final fue no.
–¿Estas modificaciones le convenían al estadio?
–Si organizar este tipo de eventos le diera mayor versatilidad al estadio, desde mi punto de vista hubiera sido útil, pero como no se convino, no es algo que nos quite el sueño, ni estamos pensando constantemente en ello.
Reconoce que a 42 años de funcionar, el Estadio Olímpico México 68 sí necesita una serie de acondicionamientos, aunque no restauración. Pero se harán –confía– con la realización del Campeonato Mundial de Atletismo.
Explica que si bien no hay un documento suscrito, hasta donde él tiene conocimiento la propuesta del gobierno mexicano a la Federación Internacional de Atletismo para la realización de este evento fue ofrecida al estadio de Ciudad Universitaria como sede, y que no tiene conocimiento oficial de que se haya cambiado la decisión. Acepta conocer, por medio de la prensa, de una declaración de Ivar Sisniega, presidente de la CONADE, en el sentido de que están buscando otras opciones, incluso construir un nuevo estadio en la zona norte de la ciudad.
Además, rechaza que haya necesidad de modificaciones arquitectónicas en el estadio. El problema que afrontó en 1985, cuando fallecieron 8 personas por el sobrecupo en un juego entre Pumas de la UNAM y Aguilas del América (Proceso 448), fue superado con la instalación de una reja perimetral que impide el acceso desordenado a los túneles y “ese tipo de experiencias dolorosas hace que tengamos un comportamiento más ordenado”.
Por lo pronto se seguirán haciendo eventos sólo de tipo deportivo, aunque continúa “la reflexión” sobre los conciertos:
“No había la experiencia, y aun con lo de hace cinco o seis años cabría la duda de qué pasaría si se hace. En Guadalajara y en Monterrey se han realizado espectáculos que implican grandes concentraciones de público y en su mayoría joven. Aquí viene la pregunta, ¿cuándo en CU?.”
Si alguien viene con una propuesta como la de Amway, “que es privado, lo vemos realmente neutro, no es abierto a todo tipo de público, es positivo, pues todavía está pendiente la decisión, la respuesta del otro”.
–¿Pero, qué tipo de eventos privados? ¿Pueden ser también reuniones sociales, que son privadas?
–La posibilidad de estos planteamientos la hay. Nos los han hecho. Por ejemplo en San Ildefonso –restaurado hace dos años para la exposición “México: Esplendor de 30 Siglos”– se organizaron visitas guiadas privadas, por las noches, que se cobraron bastante caras y al final hubo una cena en alguno de los salones.
Esto se ha hecho los últimos tres años –sigue–, en diciembre preferentemente. Se contrata con alguna empresa a un grupo de 25 personas, se consigue una guía y se presta el local para la cena que organiza la misma empresa. A veces se presentan espectáculos como pastorelas.
En este tipo de eventos han participado el Departamento del Distrito Federal e incluso el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Por esto la UNAM –a través del Patronato– recibió 150 mil nuevos pesos, solamente de diciembre pasado.
También han tenido ofertas para bodas y fiestas privadas, pero ataja: “En cuanto a esa especulación de que no hay lineamientos, en la dirección del Patrimonio Universitario se tiene muy claro que los inmuebles universitarios son para actividades estrechamente vinculadas para el propósito para el cual fueron construidos, y si estamos hablando del estadio de CU son eventos netamente deportivos”.
Pero añade: “No estamos cerrados a otras situaciones. Se analizan de manera particular y no es la decisión de un funcionario, intervienen varias áreas de la universidad, deliberamos y finalmente concluimos”.
No, pues, a los Rolling Stones.