Feliz año 1995

Iniciamos año y sexenio dando un mal paso. Los doctores de Harvard se han vuelto a equivocar y nos están pasando una película que ya vimos. Aparentemente la devaluación se debió a que, para decirlo sin jerga económica, compramos al extranjero mucho más de lo que le vendimos en un proceso masivo que se inició al inaugurarse el Tratado de Libre Comercio.
Pero lo que ocurrió es que eso todos lo sabíamos, que la balanza comercial nos iba a ser completamente adversa. Los únicos que no lo sabían eran los doctorados en Harvard que se encomendaron a no sé qué santo para que no ocurriera. Primero, presumieron un fondo de 24,000  millones de dólares para contingencias y luego, rápidamente, ese fondo se fue desvaneciendo hasta llegar prácticamente a la nada. Recordemos, para que aquilatemos la gravedad del caso, que ese fondo se había constituido con el producto de las ventas de los bienes de la Nación a los particulares. Eso no se dijo así, sino que se habló de un Estado gordo, sobrado, rico, en un pueblo pobre; pero tales palabras no significan nada pues, como dijimos alguna vez, si el Estado se identifica con el todo de la Nación, entonces los bienes del Estado son bienes de la Nación. Pero si el Estado se identifica con el Gobierno, entonces tenemos que concluir que el Gobierno no posee nada (o no debe poseer), pues lo único que hace es administrar los bienes de la Nación.
Y después de la devaluación, y después de una larga sesión de veinte horas en la que los jefes de sector se exprimieron el cerebro, llegaron a una solución nunca vista: van a pedir dinero prestado. Lástima que los economistas no saben historia, si no con aflicción recordarían que el primero que pidió dinero prestado fue Guadalupe Victoria, primer presidente de México.
Y se habla de sacrificios y siempre se dice que los sacrificios deben ser equitativos, pero por equidad entienden que la peor carga recaiga en los hombros del pueblo trabajador porque, para saber dónde están los dolaritos desvanecidos, basta con que se pongan a la venta algunos bienes de la Nación para que inmediatamente algún milloneta rompa su alcancía de ahorros y los adquiera.
Me temo, nos tememos todos, que ahora le toque al petróleo y que PEMEX sea puesto a la venta no importando los acontecimientos históricos que le dieron lugar.
Esa es otra parte de la película que ya vimos; primero, los préstamos y luego la enajenación de los bienes de la Nación. Esto tampoco es nuevo: Los liberales y los conservadores del siglo XIX se la pasaron tratando de vender fragmentos de territorio cuando no los perdían en guerras infames. Ahora no interesa tanto el territorio como sus recursos e industrias, y eso es lo que será puesto a la venta.
Y sólo una observación más, como acertadamente lo dijo Castillo Peraza, estas soluciones que se han propuesto no han sido pensadas por los representantes auténticos de la Nación, o sea por los integrantes del Congreso de la Unión. Seguramente serán puestas a su consideración. Esperamos que el Congreso cumpla con su deber y no apruebe nada que sea altamente lesivo para el país. Este es el momento en que la oposición debe dar de sí todo lo que tiene de conocimiento técnico y de energía política y no se la pasen tomando ayuntamientos que no han ganado por la vía del voto.
Y otro asunto que debe ser solucionado es el de Chiapas. Ahí queda claro que hay cuando menos tres cuestiones: primero, los problemas económicos y sociales de los indígenas; segundo, el asunto de la gubernatura y las pretensiones del PRD con una legitimidad nunca demostrada; y tercero, una mano negra que anda por ahí y que desde un principio ha intervenido en el asunto mediante financiamientos, tráfico de armas, publicidad nacional e internacional y otras medidas que han producido un profundo impacto; por eso alguien ha dicho que el subcomandante Marcos no dispara tiros sino de publicidad y en forma muy acertada. El problema de esta mano negra es que se confunde con las pretensiones y con los personajes auténticos. Pero todo esto debe ser deslindado y aclarado. Según los peritos economistas, este asunto de Chiapas propició el colapso económico que ahora nos aflige.
Pero debemos admitir que hay partes nuevas en la película vieja, una de ellas muy inquietante. Cuando se presentó el problema de la devaluación, el ministro Serra Puche, después de tomar la decisión de poner a flotar el peso, fue volando a los Estados Unidos a platicar con banqueros y regresó prácticamente con la renuncia en la mano. Yo no sé si Serra tomó una decisión equivocada o la tomó en un momento equivocado o no debió de haberla tomado o si la tomó él, pero evidentemente se trata de un chivo expiatorio porque si el diagnóstico es correcto, lo que provocó el colapso es una falla estructural que se ha dado más de una vez en un ya largo proceso histórico.
Pero los rumores o chismes dicen que los norteamericanos pidieron la cabeza de Serra y que se les entregó en una bandeja de plata como la de San Juan Bautista. Pero lo que hay que hacer notar es que ésta es una de las consecuencias de la globalización y que si los norteamericanos intervenían antes en nuestros asuntos, ahora lo van a hacer más y hasta con un dejo de legitimidad. Estamos inextricablemente unidos a nuestros socios. Ellos nos van a ayudar poniendo a nuestra disposición la alcancía, pero al mismo tiempo, reafirman su poderío colonial y nosotros no tenemos más remedio que apechugar.
En los noticieros de la televisión esto se ve muy claro: Por un lado aparecen algunos jerarcas bancarios norteamericanos haciendo declaraciones y, por otro, aparece la procuradora Janet Reno supervisando el muro que están construyendo a lo largo de toda la frontera para frenar la inmigración mexicana.
No cabe duda que a grandes males, grandes remedios y que este gobierno nuestro tiene un plazo de seis años para darnos buenas noticias y no para repetir, como se ha venido diciendo a lo largo de más de medio siglo, que somos un pueblo pobre con muchas carencias y muchos defectos.