Ira de los inversionistas europeos; el ingreso de México a la OCDE, imposición de Washington; ¿que pasa con el mejor alumno del FMI?

PARIS.- La breve visita a París de Michel Camdessus, director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), estaba prevista desde hace mucho tiempo. Su objetivo era simple: firmar con el ministro de Economía francés un convenio mediante el cual Francia se comprometía a entregar alrededor de 1,300 millones de dólares a la FASR (Facilidad de Reajuste Estructural Reforzado), esa especie de ventanilla del FMI que otorga préstamos a los países más pobres en condiciones muy favorables.
Después de su encuentro con el ministro francés, Camdessus dio una conferencia de prensa. Se aprestaba a hablar del convenio y a elogiar la “generosidad” francesa, pero se dio rápidamente cuenta que el tema distaba de interesar a los periodistas, que sólo querían saberlo todo sobre… la crisis mexicana.
¿Qué pasa con el mejor alumno del FMI? ¿Es eso el milagro mexicano? ¿Fue una ilusión el éxito de las recetas del FMI experimentadas en México? ¿No se apresuró el FMI a cantar victoria ante el éxito económico mexicano? ¿Estamos volviendo a 1982? ¿Va a producirse una nueva crisis de la deuda? ¿Va a intervenir directamente el FMI en México?
Camdessus respondió que “la reacción de los mercados ante la crisis mexicana había sido excesiva” y “que la devaluación del peso había sido más fuerte que lo que justificaban los datos básicos de la economía”.
Camdessus reconoció que desde el principio de la crisis mexicana el FMI había estado y seguía estando “en contacto permanente” con el gobierno de Ernesto Zedillo, y que si México pedía negociar un programa de reajuste y el otorgamiento de un préstamo, el FMI le contestaría positivamente con celeridad.
“Hasta ahora no hay programa del FMI para México; corresponde a las autoridades mexicanas decidir si la puesta en marcha de semejante programa es necesaria. Corresponde a las autoridades mexicanas pedirnos ese programa.”
Sin embargo, aclaró que el gobierno de Zedillo no debía ilusionarse con la posibilidad de un trato preferencial:
“Las condiciones propuestas por el FMI en el caso eventual de que se pidiera ese programa serían tan fuertes como las que practica con todos los otros países… Si hay ayuda del FMI, ésta se dirigirá exclusivamente a la balanza de pagos…”
–¿Se retrocede trece años atrás?
–No, no habrá nueva crisis de la deuda. Gracias al programa de ayuda internacional, apoyado por medidas internas fuertes, volverá la confianza. La situación actual es muy distinta a la de 1982. Aún si los mexicanos se endeudaron considerablemente, la naturaleza de ese endeudamiento es diferente de la de la década anterior.
–¿No fue apresurado hablar de “milagro” mexicano y elogiar en todo el mundo al flamante equipo harvardiano de Carlos Salinas?
–Quizás, pero ya se había advertido a las autoridades mexicanas de las posibles consecuencias de ciertas imprudencias.
Explicó que el FMI había expresado a la vez su admiración y “su inquietud” acerca de ciertos puntos: “Que la inflación baje de 160% a menos de 10% en algunos años, no significa que no hay inflación. Hemos felicitado a México por esa disminución de la inflación, pero el FMI siempre dijo que una inflación del 10% seguía siendo demasiado elevada. También hemos dicho que si la balanza de cuenta corriente es financiada por capitales a largo plazo e inversiones directas importantes, la situación sigue siendo vulnerable mientras las cuentas corrientes no estén equilibradas. La situación siempre es peligrosa ante un posible cambio en la coyuntura, sobre todo cuando el país abre totalmente las puertas y suprime el control de cambios”.
Y añadió: “Intervino un elemento totalmente sui generis. Los mexicanos liberalizaron los mercados de capitales en el marco del TLC. Entraron en un período peligroso, agravado por una transición política. Había riesgos y cayeron en ellos”.

* * * * *

En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ningún experto se mostró dispuesto a explicar claramente en una entrevista de fondo si fue o no un error haber aceptado en el llamado Club de los Ricos a un país cuyo nuevo presidente reconoce que México sigue siendo pobre y que sólo podrá salir de la crisis imponiendo fuertes sacrificios a una amplia mayoría de la población, que lleva ya doce años apretándose el cinturón.
Una suma “discreción” y una “extrema prudencia” en las declaraciones públicas siguen siendo las reglas de oro de esa organización.
En pláticas con la reportera, varios especialistas de la OCDE afirmaron no poder decir más de lo que ya había declarado su secretario general, Jean Claude Paye, quien el martes 3, en un comunicado de prensa, señaló que el nuevo programa de ajuste parecía “completo y coherente”, por lo que debería permitir “restablecer la confianza de los mercados financieros, sobre todo porque se apoya sobre numerosos progresos decisivos realizados por México en el curso de estos diez últimos años”.
Finalmente, expresó que “las perspectivas de que siga dándose el desarrollo económico son prometedoras para México, siempre y cuando las autoridades continúen poniendo en marcha políticas macroeconómicas y promuevan reformas estructurales apoyándose en un amplio apoyo del público”.
Con la condición de que no se diera a conocer su nombre, un economista de la OCDE aceptó responder las preguntas de la reportera:
–¿Acaso Jean Claude Paye piensa sinceramente que el drástico plan de austeridad de Ernesto Zedillo puede contar con un “amplio apoyo del público”?
–Es un deseo piadoso. Tanto en sus análisis internos como en los que se dieron a conocer públicamente, los expertos de la OCDE subrayaron los logros macroeconómicos de la administración salinista, pero también recalcaron la vulnerabilidad de esa economía. Vea el capítulo de nuestra publicación Perspectivas Económicas. En su edición de diciembre de 1994 se precisaba en función de qué hipótesis podía esperarse un crecimiento económico y duradero a medio plazo.
–Llama la atención el contraste entre el pánico o el escepticismo de los inversionistas y las declaraciones optimistas de Michel Camdessus o Jean Claude Paye.
–Yo encuentro ese contraste lógico simplemente porque pertenecen a mundos distintos y cumplen funciones distintas. Además, ante el pánico, a mi juicio exagerado de los inversionistas, tocaba al FMI, a la OCDE y a los gobiernos del Grupo de los 7 calmar el juego. Lo hicieron en seguida. Para resumir la situación en términos simplistas, yo diría que los inversionistas defendieron frenéticamente sus capitales y que las grandes instituciones y el G7 intervinieron para evitar que factores irracionales perturbaran el sistema financiero y monetario internacional. Su meta era evitar cualquier contagio internacional y lograr que la tormenta no se propagara a Brasil y, sobre todo, a Argentina que tiene bastantes puntos en común con México.
–¿No fue apresurado haber aceptado a México en el Club de los Ricos?
–Lo que está hecho, está hecho. Se sabe que México entró a la OCDE porque lo decidió Estados Unidos en el marco de la firma del TLC. Ciertos países miembros consideraron efectivamente que era prematura esa adhesión. Los acontecimientos actuales confirman sus dudas. No cuestionaban la idea de aceptar a México, sólo querían esperar un tiempo prudente y a nadie le gustó la forma en que los Estados Unidos manejaron ese asunto.

* * * * *

El optimismo del secretario general de la OCDE y, sobre todo, del director general del FMI ante el plan de emergencia económico de Zedillo, sorprende a Andreas Botsch, asistente del secretario general del TUAC, el comité de asesoría sindical que agrupa a las organizaciones sindicales más representativas de los países miembros de la OCDE.
–Honestamente no veo lo que puede justificar semejante optimismo. Me pregunto si no se trata más bien de deseo piadoso… Es cierto que en el estado actual de las cosas no se sabe cuál va a ser el valor del peso en los próximo meses, tampoco se sabe cuál va a ser el impacto real del apoyo del G7. Faltan muchos elementos para hacer pronósticos atinados. Lo único que se sabe es que los efectos del plan drástico de austeridad presentado por el presidente mexicano van a ser desastrosos para los trabajadores mexicanos y que su nivel de vida será aún más duramente golpeado. Otra vez van a tener que enfrentar situaciones muy dolorosas. Son las principales víctimas de ese nuevo “pacto social”.
–Hace seis años que la OCDE y el FMI, para citar solamente estas dos organizaciones, elogian los éxitos macroeconómicos de la economía mexicana y de repente todo parece derrumbarse. ¿Cómo ve esa situación el TUAC?
–Efectivamente, hubo algunos éxitos, pero los acontecimientos actuales nos llevan a pensar que el bello castillo mexicano estaba construido sobre un terreno bastante arenoso. Resulta obvio hoy que se apresuró en construir un gran castillo de arena en lugar de hacer algo más modesto, con más tiempo y fundamentos más sólidos. La crisis mexicana pone en evidencia lo que pasa cuando se concentran las reformas neoliberales solamente en una parte de la economía, cuando no se toma en cuenta el conjunto de esa economía.
Botsch reflexiona un momento y agrega:
–Para nosotros la crisis mexicana ha sido esencialmente provocada por la desregulación de los mercados financieros. El problema que se plantea ahora es que con esa deuda contratada con los mercados financieros, estos últimos pueden llegar a tener más poder que los gobiernos nacionales y amenazar la soberanía de estos gobiernos en materia de política económica, financiera, fiscal y monetaria. Es muy grave. Los mercados financieros no tienen los mismos objetivos que los gobiernos. ¿Cuál es el interés de un inversionista en un país determinado? Simplemente lograr más rendimiento que en otra parte. El estado de la economía de un país es el menor de sus problemas. ¿Cuáles son o cuáles deberían ser los objetivos de un gobierno? Tomar en el conjunto de la economía de su país y darle una amplia dimensión social. La crisis mexicana muestra cruelmente que estos objetivos son difícilmente compatibles. A mi juicio es sobre lo que se debe reflexionar.

* * * * *

Alain Galibert es director del departamento de investigaciones macroeconómicas del Banco S.G. Warburg, que pertenece al importantísimo grupo británico Warburg. Muy activo en numerosos campos, ese grupo tiene una sólida fama en los mercados financieros internacionales.
Galibert es formal: la crisis mexicana fue una ducha helada para los inversionistas privados, sobre todo norteamericanos, que “lo pensarán dos veces antes de regresar a México” y que “de ahora en adelante se mostrarán mucho más prudentes en América Latina, concretamente en Brasil y Argentina”.
–¿Cuál es el impacto de la crisis mexicana en las bolsas europeas?
–El impacto directo es muy limitado porque América Latina nunca ha sido la tierra de predilección de los inversionistas europeos. En cambio sentimos un impacto indirecto de esa crisis. Los inversionistas temen que la tormenta que hoy sacude a México tenga repercusiones sobre el dólar o sobre el mercado de valores mexicano. La crisis mexicana plantea, además, otro tipo de interrogantes.
–¿Cómo cuáles?
–¿Cuáles van a ser sus repercusiones en los otros países de América Latina? ¿Cómo afectará el financiamiento del crecimiento en estos países? Todo esto nos obliga a reflexionar sobre el funcionamiento del sistema financiero internacional.
–¿Podría ser más concreto?
–La crisis mexicana es tristemente ejemplar. Hoy uno se da cuenta que a raíz de un acontecimiento político-económico, como la firma del TLC, apareció una especie de globo financiero con inversionistas que de repente se encontraron en una situación de confianza y que inyectaron cada vez más dinero en la economía de México. Obviamente no se supo reciclar ese dinero de manera suficientemente eficaz como para poder evitar problemas de crecimiento. Apareció un déficit en la balanza comercial muy importante. Y se desequilibró todo. Los inversionistas no quisieron darse cuenta de ese problema creado por el déficit de la balanza comercial. Todo el mundo dejó que las cosas siguieran su curso. No se hizo nada. Se agudizó el desequilibrio. La situación se tornó cada vez más vulnerable.
–¿Y de repente explotó el globo?
–Exactamente. A raíz de un acontecimiento intrínsecamente fortuito, un movimiento de tropas en Chiapas, los inversionistas perdieron toda confianza en el peso y éste fue liquidado.
“Lo que me preocupa es que ahora nadie sabe cómo se podrá financiar el crecimiento no sólo en México, sino en toda América Latina. Todos estos países cuentan esencialmente con inversiones privadas. Pero la desgracia que vive México actualmente deja huellas profundas y duraderas. Le puedo garantizar que después de las pérdidas importantes de los inversionistas, en su mayoría norteamericanos, la gente lo va a pensar dos veces antes de lanzarse en una nueva aventura mexicana. Y los audaces que lo harán pedirán primas de riesgo muy altas. Me temo que México jale detrás de sí un handicap que lo haga retroceder a la situación del final de la década de los 80.
–¿Se acabó el llamado “modelo mexicano”?
–Durante años México fue una especie de laboratorio, en el que se llevaba a cabo una experiencia que parecía bastante positiva. Ahora es un laboratorio al revés. La crisis mexicana puede servir de ejemplo revelador para intentar de resolver en otra forma los problemas que se plantean en otros países. A mi juicio esa crisis va a modificar las estrategias de desarrollo en México y en América Latina. A partir de la experiencia mexicana, la comunidad internacional va a apreciar de manera distinta lo que pasa en América Latina. Perder 50% de sus inversiones en un país hace reflexionar a cualquiera.