En las arduas negociaciones que el gobierno federal celebró durante 19 horas con los sectores productivos entre el lunes 2 y el martes 3 de enero, para acordar el Programa de Emergencia Económica, la iniciativa privada salió triunfante porque fueron aceptadas sus principales propuestas:
Aumentar la reducción del gasto público de 1.2 a 1.3%; rechazar el incremento de un punto porcentual al Impuesto Sobre la Renta; participar con el gobierno en el problema del sistema crediticio; privatizar Ferrocarriles Nacionales y la distribución de la energía eléctrica; no esperar hasta 1997 la apertura en el servicio telefónico, sino hacerla en este año, y autorizar inversión extranjera en los bancos, hasta en 100%, para salvarlos de la quiebra, sobre todo los pequeños, que están endeudados en dólares y en pesos y no resisten ni la devaluación ni el aumento de las tasas de interés internas.
Los representantes de las organizaciones empresariales, bancarias y financieras no discutieron en ningún momento el congelamiento de los aumentos salariales, porque esa fue tarea del gobierno en su negociación con los obreros.
Dice Germán González Quintero, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco):
“Nosotros no discutimos la cuestión salarial. En el acuerdo que firmamos, la clave era no aumentar los salarios. Si modificamos el salario, en forma directa, se hubiera afectado todo el sistema del acuerdo y hubiéramos entrado en un proceso inflacionario. Como lo vimos hace algunos años, si suben los sueldos y hay inflación, se vuelven a aumentar los salarios y no acabamos nunca. El ancla del sistema, lo que amarraba al sistema, era que no hubiera aumento salarial directo. Después de muchas discusiones, el gobierno y el sector obrero acordaron aumentar los salarios a través de incentivos a la productividad y de los contratos contractuales. Recibir más porque se produce más no es inflacionario. Lo inflacionario es subir sueldos sin aumentar la productividad de las empresas. La esencia del sistema era no aumentar los salarios en forma directa y generalizada.”
El dirigente empresarial participó en la maratónica reunión para llegar al Programa de Emergencia Económica y considera que, a diferencia de los pasados encuentros, ahora sí hubo negociación.
Hace distingos, por ejemplo, entre el anterior secretario de Hacienda, Pedro Aspe, y el actual, Guillermo Ortiz: “Aspe era determinante en sus posiciones. Cuando lo conocí era un hombre ya hecho como secretario. El ser tan determinante, tan dominante de la situación, nos llevó a caer en algunos errores. Creo que es más sano escuchar con atención, oír las opiniones de quienes estamos en el mostrador. Si no tenemos el gran panorama, ni los grandes doctorados ni los grandes conocimientos, sabemos qué está pasando en los mostradores. Tenemos nuestra opinión y en esta ocasión se ha escuchado. Yo veo al doctor Ortiz bien, muy bien, muy conocedor del tema financiero, del movimiento de los mercados. Es un hombre preparado para el cargo”.
Sobre Herminio Blanco, secretario de Comercio, el dirigente dice que conoce el sistema comercial nacional e internacional a profundidad: “Es muy agradable, muy paciente. Es firme en su postura, pero no es exagerado, no llega a la terquedad. A mí me asombra su tranquilidad; es muy paciente, escucha y escucha todo lo que uno le quiere decir; luego ataca con su postura. Es un negociador”.
También le dio buena impresión el secretario del Trabajo, Santiago Oñate, quien contrasta con su antecesor, Arsenio Farell:
“Don Arsenio tenía fama de ser muy determinante, imagen y postura que no tiene Santiago. Es otra generación. Siempre dije que los secretarios de Estado deben ser honestos, porque este país no aguanta más; morales, conocedores de su área y deben saber escuchar y pensar que puede haber otra razón y analizarla. No nada más escuchar y decir: estos son comerciantes y no saben, porque podemos tener alguna razón de fondo. Lo que me ha tocado ahorita son personas que escuchan y les preocupa entender la postura de quien esté opinando.”
Como ha sido costumbre en las reuniones previas a las firmas de los pactos económicos, los dirigentes empresariales estuvieron en un cuarto y los líderes obreros y campesinos en otro. Cada sector no sabe qué y cómo se negocia con el otro. Cuando los juntan, es que ya hubo un acuerdo con el gobierno. Al comienzo, los funcionarios públicos leen y entregan a cada sector un documento, para que sea analizado. Por separado lo analizan, discuten, lo modifican en la forma y el contenido, sin la presencia de las autoridades, y entregan una contrapropuesta. Ahí se inician las discusiones entre el gobierno y los distintos sectores.
En esta ocasión los representantes del sector privado discutieron cuando se habló de la apertura de la banca a la inversión extranjera. Se analizó la situación, algunos riesgos y se acordó abrir siempre y cuando el sistema de pagos se conserve en poder de mexicanos.
Otro punto difícil fue el Impuesto sobre la Renta. El gobierno quería subirlo de 34 a 35%. Explicó que había necesidad de incrementar impuestos para compensar el déficit. Los empresarios alegaron que afectaría gravemente a las empresas. Se discutió durante horas. Los funcionarios se iban y traían más argumentos. El sector privado sacaba otros. Este punto se acordó hasta la madrugada y se decidió no aumentar el ISR.
–Al parecer, Guillermo Ortiz advirtió que si no había arreglo antes del amanecer, los mercados financieros caerían y México despertaría en ruinas, se le pregunta a González Quintero.
–Eso lo platicamos. No recuerdo que haya sido con el doctor Ortiz. Lo platicamos nosotros. La situación era delicada. Los representantes de la bolsa y de la banca nos dijeron que teníamos que dar un mensaje antes de que abrieran los mercados en Estados Unidos, pues de lo contrario se podrían desplomar las acciones nacionales, sobre todo en bolsa, y también afectar gravemente el peso frente al dólar. Había una cierta presión por salir con este acuerdo antes de que abrieran los mercados internacionales, sobre todo el de Nueva York, que es el que más nos afecta. Terminamos a las 5 de la mañana, cuando en Nueva York eran las 7 o las 8 de la mañana. Salimos con el comunicado antes de que abrieran los mercados.
Asegura que una de las pocas cosas que los funcionarios les comunicaron respecto a sus acuerdos con el sector obrero, fue que se puso a salvo de las privatizaciones al sistema de seguridad social. “Estuvimos de acuerdo con ellos también”.
Sin embargo, el gobierno nunca les informó sobre sus planes en el sector petrolero:
“No lo tocamos. Ya hubo apertura a la inversión privada nacional y extranjera en petroquímica secundaria. Una parte de ese sector se ha vendido, pero todavía queda mucho por vender a la iniciativa privada. Se deben concluir los trabajos de privatización de la petroquímica secundaria. Después veríamos qué más podemos privatizar. Quizá la petroquímica primaria… Yo entiendo que algunas de las subdivisiones realizadas en Pemex van dirigidas hacia eso. Habrá algunas áreas que tendrá que ir vendiendo a la iniciativa privada.”
–Se ve que el gobierno ya tiene muy pocas cosas que vender para obtener recursos y capital.
–No lo veíamos como una forma del gobierno federal para allegarse recursos, sino como un proceso económico, que es con el que seguimos trabajando y creemos en él, donde se privatizan los medios de producción. Los recursos que ha obtenido el gobierno se fueron a un fondo que ha servido para financiar los problemas del mercado, pero no de la administración pública. En fin, esa es otra situación. A nosotros nos interesa más que se privaticen los medios de producción, que no estén en manos del gobierno.
Dice finalmente que entre los representantes de las organizaciones empresariales no hubo jaloneos ni pleitos, como al parecer sucedió con el sector obrero: “Hubo discusiones, pero de altura. Ni fueron discusiones, sino intercambio de opiniones. En general, estuvimos siempre de acuerdo en todo. Hicimos un sólo frente”.
–¿Qué propuestas hicieron ustedes que no hayan sido aceptadas?
–La que realmente tuvo importancia para nosotros fue la de los impuestos y fue aceptada. En otras, era más bien cuestión de intencionalidad en la redacción, pudimos influir en algunas y en otras no. Pero de fondo, no hubo ningún problema.








