La FIFA lo decidió ya: en Asia –con sus dos candidatos oficiales, Japón y Corea del Sur– será el Campeonato Mundial de Futbol en el año 2002. Sin embargo, sorpresivamente la FIFA misma informó que la Federación Mexicana Futbol (FMF) ha presentado su candidatura para conseguir esa sede.
En la FMF nadie pudo explicar el porqué y el cómo nuestro país solicitó de nuevo la sede para un mundial de futbol, aunque se sabe ya que esa solicitud fue hecha, mediante una carta, apenas el 27 de diciembre.
Edgardo Codesal, el exsilbante de ascendencia uruguaya y ahora secretario general de la FMF, es hasta ahora el único portavoz de los federativos mexicanos en este asombroso caso de solicitud a hurtadillas de una sede mundialista, y el jueves 29 sólo habló de infraestructura deportiva y, desde luego –pero sin exponerlo explícitamente–, de la televisiva.
Uno de sus asesores de prensa, el doctor Ricardo Martínez, interpretó la descabellada petición de la sede mundialista como “la posibilidad de estar presente dentro de ocho años”, en el 2006.
Desde Zurich, la asistente de la oficina de relaciones públicas de la FIFA, la alemana Ursula Willimann, confirmó telefónicamente a Proceso que la decisión del presidente Joao Havelange es la de que el Mundial, después del de Francia 98, sea en Asia.
–¿Qué sentido tiene que México pida la sede?
–No lo sé, pregunten a sus dirigentes –respondió la funcionaria de la FIFA.
–Es que ellos no dicen nada…
–Bueno, nosotros no sabemos. Pueden ocurrir muchas cosas, me imagino… Yo no sé, en este punto nadie puede saber lo que pueda pasar… Nadie sabe. Disculpe señor, pero tengo mucho trabajo…
Claro, todos estaban de vacaciones.
Como sigue de vacaciones desde que asumió la presidencia del Consejo Nacional de la FMF el ingeniero Juan José Leaño, presidente de los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara y empresario exitoso.
Y, desde luego, José Antonio García, presidente de la Primera División de la FMF, se ha vuelto ilocalizable desde que surgió la información, mediante un boletín de la FIFA, de que México solicitó nuevamente la sede para un Mundial. El miércoles pasado ni siquiera asistió al estadio azulgrana para presenciar la victoria de su equipo, el Atlante, sobre el Puebla por 3-1.
¿Cómo es posible que una federación nacional solicite a hurtadillas un encuentro tan importante como la Copa del Mundo? Esto no ocurrió cuando se solicitaron las sedes para los mundiales de 1970 y 1986.
Por ejemplo, cuando Colombia renunció a la sede del campeonato de 1986, el entonces presidente de la FMF, Rafael del Castillo, expresó:
“¿Qué nos preocupa? Para organizar el Mundial sólo se necesita una brocha y un bote de pintura.”
Sin embargo, las condiciones actuales son difíciles para solicitar una sede perdida de antemano. Dice el doctor Ricardo Martínez:
“Quizá se trata de establecer hoy una posibilidad para un futuro y que sirva de aliciente desde ahora, para un despegue del futbol nacional.”
Lo distinto de la actitud de la Federación Mexicana de Futbol de solicitar la sede del 2002 no es la idea sino la manera como se contempla ésta.
Codesal –multado por la FIFA con 70,000 dólares por haber colocado publicidad de Sabritas en el uniforme de los silbantes mexicanos, cuando presidía la Comisión de Arbitraje de la FMF– resulta que es ahora el protagonista de la petición de la sede “a escondidillas”, hecha pública mediante un boletín de la FIFA, fechado en Zurich, y que sorprendió a los empleados de la FMF, quienes el miércoles 28 dijeron desconocer la petición mexicana, “pero sí sabemos que hay un boletín de la FIFA en este sentido”.
Los países candidatos a ser sedes deben cumplir un “cuaderno de obligaciones”, el cual –según dice la señorita Willimann– será entregado en enero a los solicitantes, y tendrá ciertas variaciones en relación con las necesidades actuales. Los aspirantes deberán asumir las responsabilidades exigidas por la FIFA a más tardar el 28 de febrero próximo y contar, desde luego, con la anuencia del gobierno del país. La sede oficial para el Mundial 2002 será designada en julio de 1996.
De cualquier manera, independientemente de las innovaciones que pudieran presentarse, el gobierno debe procurar estabilidad económica, permitir el acceso a todos los miembros de las delegaciones participantes, sin importar si existen relaciones diplomáticas y, desde luego, seguridad y paz social y que no tenga participación en la publicidad estática ni televisiva.
LOS VERDADEROS ASPIRANTES
Los protagonistas, con argumentos sólidos, son Japón y Corea del Sur. Y es el primero el que aparece como favorito para obtener la sede del Campeonato Mundial de 2002.
Desde el 31 de julio de 1992, 15 gobiernos provinciales japoneses locales establecieron el plazo para que las ciudades que quisieran ser subsedes tuvieran listos sus planes a más tardar en septiembre: estadios, transportación, servicios a los equipos y a la prensa, alojamiento y, sobre todo, lo mejor para garantizar una organización óptima.
La federación japonesa tiene ya previstos 15 escenarios posibles, de los cuales diez son nuevos (Sapporo, Aomori, Miyagi, Saitama, Chiba, Yokohama, Shizuoka, Niigata, Kyoto y Oita), en tanto que sólo se renovaron los de Ibaraki, Nagoya, Osaka, Kobe e Hiroshima. El aforo de dichos estadios va de 30,000 a 70,000 aficionados.
Aunque la liga japonesa de futbol es joven –su futbol profesional nace el 15 de mayo de 1993–, en ella compiten diez equipos con verdadero rango deportivo, ya que la federación decidió adoptar el sistema, en tiempo complementario, de “muerte súbita”, para evitar lo más posible los empates. Y también ha llevado a jugadores de renombre –aunque en sus últimos momentos futbolísticos– como atractivo extra para popularizar el balompié: los brasileños Careca y Zico, el inglés Gary Linneker, el argentino Ramón “El Pelado” Díaz, el alemán Littbarski… También allá juegan futbolistas suecos, checos, coreanos, chinos, argentinos y brasileños.
Además, la Federación Japonesa de Futbol ha realizado esfuerzos económicos enormes para efectuar la Copa Asiática, los campeonatos mundiales de menores y las copas intercontinentales.
A pesar de que Japón estuvo ausente de la Copa Mundial Estados Unidos 94, el jalón final para el despegue del futbol japonés sería obtener la sede del Mundial 2002. Varios lemas han manejado los japoneses. Por ejemplo, el de su promoción: “Japón ama los goles”.
Su oponente en la lucha por la sede, Corea del Sur, organizador de los Juegos de la Vigesimocuarta Olimpiada, en 1988, se autonombra como “La tierra de la tranquilidad matutina” o bien como “Corea, donde la naturaleza y la gente van de la mano”.
Hace algunos meses, el presidente de la Asociación Coreana de Futbol, Mong Joon Chung, afirmó que hace más de 100 años el balompié había ingresado como pasatiempo en su país.
Pero más que ello, el futbol ha contribuido a competir pacíficamente con sus hermanos de Corea del Norte. Recuerda Chung el caso de cuando ambos países se fusionaron para integrar un equipo nacional para el Mundial de Jóvenes en 1991.
“Celebrar el Mundial del 2002 en Corea del Sur sería una contribución enorme para atenuar nuestras diferencias (con Corea del Norte)”, afirma el también vicepresidente de la FIFA.
De acuerdo con los propios coreanos, su país es el de mayor tradición futbolística en Asia. Su federación fue fundada en 1928, y ha logrado lo que Japón no ha podido: participó en la Copa del Mundo de Suiza en 1954, en la de México en 1986 y en la de Italia en 1990.
Paradójicamente, este poderoso y rico empresario –dueño de la Hyundai Heavy Industries Co., Ltd., fundada por su padre, Chung Ju-Young– desea que mediante el Mundial del 2002 pudieran las dos naciones estrechar sus lazos sin derribar muros.
Y va más allá cuando dice:
“Estoy absolutamente seguro que si se nos otorga la sede en lugar de a Japón, será una gran contribución para alcanzar la paz y la prosperidad en Asia.”








