Después de su mala experiencia en España, Luis García llegó a México en busca del desquite:
“Esta es una revancha, porque de alguna manera yo venía del Mundial, mi imagen estaba muy arriba, y ha bajado…”
El nuevo delantero del América tiene 25 años. Los últimos dos y medio los pasó en España, donde jugó con el Atlético de Madrid y luego con la Real Sociedad de San Sebastián, en el País Vasco. Fue ahí donde tuvo uno de los momentos más difíciles de su vida y sintió impotencia y frustración:
“Fue muy complicado, no fue nada fácil, ni siquiera pude terminar una temporada. Las cosas no salieron bien… fueron cosas muy raras. Ese equipo me buscó durante mucho tiempo, y luego no me pusieron a jugar; simplemente no pude demostrar si era bueno o malo para ese equipo… Como estaba en un equipo donde no jugaba, pues buscaba la salida; lo que quería era salirme.”
Empezó a jugar como portero a los siete años con sus amigos de Satélite. Los domingos competía en dos ligas, cuando un día apareció en su vida Bora Milutinovic y, a los 15 años, se lo llevó a los Pumas de la UNAM. Ahí estuvo hasta los 22 años, cuando partió rumbo a España.
En la Real Sociedad, de 12 partidos, jugó sólo 200 minutos, y no metió ningún gol:
“De alguna manera, traté de arreglar las cosas y buscar una salida buena para los dos; únicamente hice todo lo que pude, no agaché la cabeza.”
Y advierte:
“… No he ganado nada desde hace mucho tiempo. Me siento bien cuando gano, siendo ganador. Mi meta siempre ha sido ganar, ganar donde sea, desde los entrenamientos hasta en las canicas.”
El América pagó por el traspaso de Luis García un millón 700,000 dólares, y su sueldo es “tres veces más de lo que ganaba en España”.
Su contrato de tres años y medio tiene otros beneficios: Luis García puede volver a Europa en cuanto exista una oferta atractiva, conforme a una de las cláusulas del documento que firmó.
“Pienso que tengo edad todavía para intentar jugar nuevamente en Europa… es algo que tengo en la cabeza.”
Pero también tiene una misión pendiente en su país:
“Lo próximo es ser campeones… México puede llegar a ser un campeón… una potencia del futbol. Ahora, con tiempo, estamos dando pasos para eso.”
Recién llegado a México –en su tercer entrenamiento con el América y antes de partir hacia España, donde pasó la llegada del año nuevo–, Luis García se sienta al término de sus ejercicios y recuerda la emoción que sintió al regresar a su país:
“No creí que me recibieran así. Esperaba un recibimiento bueno porque de alguna manera había quedado la memoria de lo conseguido en el Mundial, pero no imaginé una recepción tan multitudinaria. Fue muy bonito…”
–Acudieron como 700 personas, le pidieron autógrafos, se le acercaron…
–Sí, lo clásico: el autógrafo y la foto. Esto es importante, porque significa que la gente todavía me quiere, que piensa en mí, que tiene ilusiones y expectativas.
–¿Se siente un ídolo?
–No. Es una fama adquirida porque he tenido la fortuna de estar en un trabajo que es público y que la gente ve y disfruta. El futbol constituye un fenómeno social en nuestro país y en todo el mundo. Entonces, para mí representa una gran ventaja ser futbolista. Las cosas más o menos me han salido bien y la gente me sigue, pero hasta ahí, nada más.
–La fama, ¿cómo la lleva después de su regreso?
–Nunca me ha importado mucho. Siempre he sido una persona muy sencilla en eso. Creo que eso va y viene, que la vida da vueltas, y me gustaría que cuando acabe –dentro de diez años o dos minutos– mi carrera futbolística, la gente me recordara por el ser humano Luis García, no por el futbolista.
–¿Su readaptación a México, cómo va?
–Tengo problemas a nivel pulmonar en entrenamientos, pero para mí la adaptación ha sido muy fácil, porque ésta es una ciudad grande, como Madrid, llena de tráfico y de gente, con mucho movimiento. Entonces, no hay ningún problema en la cuestión de adaptación.
–Y en su nuevo equipo, ¿cómo siente a sus compañeros?
–Muy bien. Se me hacen de un tipo muy alegre, muy divertido, aparte de que son excelentes en calidad futbolística; son gente muy alegre, muy simpática, muy jovial, muy unida, y de ahí los resultados.
–¿Y su entrenador, Leo Beenhakker?
–Para mí, es uno de los tres mejores entrenadores del mundo, que proponen un futbol moderno: Johan Cruyff, Jorge Valdano y Leo Beenhakker. Son entrenadores a quienes les gusta el espectáculo, agradar, ganar jugando bien al futbol. No están contentos si no se juega bien, son enemigos de ganar como sea. Es un estilo muy exigente, tanto para el equipo como para sí mismos. Aquí, el entrenador se integra al grupo, no está aparte. Llevo cuatro días nada más, y es evidente cómo el entrenador se siente parte del equipo. Eso es fundamental.
–¿No le da temor? Beenhakker fue el hombre que, muchos dicen, prácticamente destruyó a Hugo Sánchez en el Real Madrid…
–No, creo que no. Aunque para hablar de si lo destruyó o no, tendría que haber estado ahí. Pero hay que reconocer que también lo hizo campeón, y lo tuvo ahí cuando se dio la oportunidad. También fue campeón con él. No le tengo miedo. Este señor se me hace una persona excelente, mientras no se me demuestre lo contrario.
–¿Cuáles son las condiciones de su contrato con el América?
–Son tres años y medio, es lo único que puedo decirle.
–¿Se cotizó alto con el América?
–Un millón 700,000 dólares.
–¿Y el sueldo?
–No puedo decirlo.
–¿Por qué los futbolistas nunca quieren revelar su sueldo?
–¿Por qué ustedes sólo saben de los suyos?
–¿No tiene un sueldo bajo? Es de suponerse que regresó a México con buenas condiciones económicas…
–Muy buenas: ganando tres veces más de lo que ganaba en España. Me como dos pollos en vez de uno, como decía Mejía Barón.
–En su contrato hay una cláusula que establece que si recibe una oferta de un club de Europa, puede irse…
–Sí, se estudiaría, se darían las facilidades.
–¿Por qué esa cláusula?
–Bueno, porque pienso que tengo edad todavía para intentar ir a jugar a Europa. Estuve dos años y medio. Igual puede no suceder, pero de todos modos lo tengo en la cabeza; realmente todo depende de que esté bien aquí, de que esté funcionando bien, de que seamos campeones de liga y de que consiga un buen desempeño.
–Lo quiso dejar claro…
–Exactamente, quise atar todos los cabos.
ESPAÑA Y LA FRUSTRACION
–Hablemos de España. Su inicio en el Atlético de Madrid fue bueno…
–Tuve dos años muy buenos, las cosas salieron bien. Fui dos veces goleador del equipo, viví cosas sensacionales, aparte de que crecí como futbolista, y en mi trabajo aprendí, y también como persona: aprendí a ser responsable, a ser un poco más independiente. He crecido en este sentido. Viví cosas muy buenas, y de las malas, que igual las hubo, aprendí también.
–¿Y en la Real Sociedad?
–No fue nada fácil. La situación resultó tan complicada, que no pude terminar ni una temporada. Las cosas no salieron bien. A veces esto ocurre aunque seas honesto y te entregues en el trabajo.
–¿Por qué?
–Pasaron cosas raras. De ese equipo me habían buscado durante mucho tiempo, y luego no me pusieron a jugar. No pude demostrar si era bueno o malo para ese conjunto, por equis o zeta. Fue algo difícil, pero de ello aprendí y vi que hoy tengo que ir por la revancha.
–¿Lo toma como una revancha?
–Sí, una revancha, porque de alguna manera yo venía del Mundial. Mi imagen estaba muy arriba, y ha bajado. Ha bajado porque no estaba jugando. Ahora vengo a un equipo, a uno de los más grandes de México, el más grande que hay y que puede compararse con cualquier conjunto europeo.
–Jugó varios partidos y no anotó goles. ¿Por qué?
–Hubo 12 partidos, y jugué 200 minutos. No jugué ni tres encuentros, y no fueron seguidos. Jugaba diez, 15 o 20 minutos, y casi atrás. Se trataba de un equipo que jugaba con diez defensas y un centro delantero.
–¿Fue una cuestión del entrenador, o qué paso?
–Bueno, ellos sabían lo que yo jugaba y lo que podía dar. Me habían seguido durante cuatro años, y pagaron cierta cantidad de dinero por mí… es totalmente respetable…
–¿Pero cómo se portaron al final?
–Muy bien, no puedo decir nada… Siempre estaré agradecido, aunque las cosas no funcionaron para ellos ni para mí. Simplemente agradecerles. Fue una pena para las dos partes, pero no tengo ningún reproche, porque me trataron bien hasta el último momento.
–¿Fue un fracaso?
–No, no, no, porque estoy tranquilo.
Refiere que, no obstante, sintió impotencia, porque “cuando las cosas no salen como uno quisiera, se siente uno mal, tiene un sentimiento de frustración, pero al final, cuando uno hace una rememoración, y recuerda que fue honesto y trabajador, termina diciendo: `bueno, pues ni modo'”.
Lo reanima pensar que ahora tiene la oportunidad de recuperar la imagen alcanzada en el Mundial, cuando metió dos goles importantes, muy celebrados por la afición.
–¿Recuperará ese nivel?
–Sí. Estoy seguro de eso. Si no, no tiene caso ni pensar en volver a ponerme unos zapatos de futbol ni para entrenar.
MEXICO, POTENCIA FUTBOLISTICA
–¿Han cambiado sus metas, por los momentos difíciles que pasó?
–Mis metas siguen siendo las mismas: ser campeón, ser ganador. Desde 1990-92 no gano nada. No he ganado nada desde hace mucho tiempo. Me siento bien cuando gano, siendo ganador, y hace mucho no gano nada. Mi meta siempre ha sido ganar donde sea, ganar en los entrenamientos, y hasta en las canicas. Ahora tengo una gran oportunidad en este equipo. ¡Vamos a ser campeones!
–¿En el América, con quién cree que puede hacer una buena pareja?
–No puedo hacer pareja. Puedo hablar de que aquí hay 22 jugadores o 25 de primer nivel, del mejor equipo de México o de Europa, de España, donde estaba. Y no puedo hablar de pareja, porque son todos buenos.
–Hablando de su revancha, ¿quedó algo por hacer en el Mundial? Después del tiempo transcurrido, ¿cuál es el análisis de lo que pasó?
–Hicimos un buen papel, pero pudimos haber actuado mejor. Pudimos haber aspirado a más, a algo más trascendente a nivel futbolístico; pudimos haber subido un par de escalones más. Ahí es donde uno se siente un poco mal porque pudo haber llegado más arriba. Tiene uno la sensación de que no dio todo de sí.
–¿Y los aficionados se sienten defraudados?
–No, no lo creo.
–Hubo hasta un suicidio…
–Sí, bueno. Eso es mucho más complicado, algo mucho más serio. Creo que la gente estaba contenta, aunque se quedó con la idea de que pudimos haber hecho algo más. No obstante, disfrutaron igual que nosotros. No puedo pensar que la gente se haya quedado defraudada, porque sigue asistiendo a los estadios, porque estuvieron 80,000 personas en el juego contra Hungría. En fin, la gente sigue muy pegada a la selección. Si no tuviesen fe, no se habrían acercado.
–Pero las manifestaciones de rabia contenida en las calles, los desmanes por el fracaso en el Mundial…
–Más que rabia, la gente salió a celebrar. En la selección nacional hubo una tristeza tremenda, porque la gente estaba acostumbrándose a ganar… estábamos ganando, ganando y ganando, y de pronto… ¡pum!, te llegó una cosa que no se esperaba.
Luis García está convencido de que México ganado mucho respeto en el Mundial. “Estamos –dice– en el lugar número 15, y nos han invitado a jugar con Inglaterra, cosa que no se le concede a cualquiera; nos han invitado a Arabia, nos han invitado a la Copa América, y que nos tomen en cuenta de este modo es lo importante, porque eso significa que empiezan a tomar en serio el futbol mexicano”.








