Exótica

“¿En dónde radica la inocencia de una colegiala? ¿En el olor a flores de su cabello? ¿En la tibia firmeza de su piel?”, dice con voz porno el disc jockey de un table dancing de mala muerte donde son suficientes cinco dólares para apoderarse de una mujer desnuda y hacerla bailar sobre la mesa ante los atónitos ojos de trajeados borrachos que viven el paraíso a cinco centímetros con la amenaza de la única regla prohibida: tocar, rozar siquiera un milímetro de aquella carne implica la expulsión despiadada del paraíso, la desolación de la banqueta cubierta de lluvia.
Hay tormenta en todas las almas que deambulan como personajes en las cintas del jovencísimo cineasta Atom Egoyan, nacido en El Cairo en 1961 y radicado en Canadá, donde a los 25 años filmó su primera cinta, Next of Kin, y que se ha ganado la admiración de los cineadictos gracias a sus cintas exhibidas en México: Escenas familiares (Family viewings, 1987), Partes habladas (Speaking parts, 1989) y El ajustador (The adjuster, 1991).
Exótica (1994) se exhibió en la Muestra Internacional de Cine antes de colocarse en una pequeña sala del sur de la ciudad de México. Considerado ya uno de los grandes cineastas canadienses, Egoyan echa mano de sus recursos generacionales y filma con la cámara de cine en la mano derecha y el video en la izquierda. Su búsqueda no es formal, sin embargo. Para Egoyan la imagen del video es una especie de multiplicación vital, un espejo viviente que produce efectos de recuerdos, de pensamientos, de introspección. Cualquiera de sus películas es una lección magistral de cine.
Exótica es, sin embargo, más libre, menos contenida, muestra a un cineasta con pleno dominio de sí mismo.
Ganadora del Premio de la Crítica en el Festival de Cannes, del primer lugar en el Festival de Toronto y de la Espiga de Plata en la Semana de Cine de Valldolid, Exótica va dosificando sus personajes así como se “dosifica” la lujuria para mantener viva la llama del deseo.
El espectador tiene que contenerse para no exigir a gritos saber qué está pasando: hay un cabaret donde se observa a un hombre tenso (Bruce Greenwood), su bailarina de siempre, vestida de colegiala (Mia Kirschner), y cuerpos desnudos que se mueven como algas color carne en un ambiente de caracolas y falta de aire; hay una opresión en la voz del disc jockey (Elías Koteas) que ofrece a su amada a otros; hay una vida cotidiana en el interior del acuario de un homosexual (Don MacKellar), lugar igual de perturbador y sofocante que el antro de Exótica.
Exótica empieza por el final y termina por el principio.
La historia se va mostrando a través de siniestros juegos psicólogicos que se van descubriendo bajo una capa de normalidad. El amor y la inocencia pueden producir los efectos más terribles; y un padre huérfano necesita acompañarse de los bailes eróticos de la baby sitter para curar el duelo por el asesinato de su hija. Atom Egoyan se apoya en su protagonista de siempre –Arsineé Khanjian– y en otros personajes de fachada rígida que logran estupendas dimensiones dramáticas.
Exótica es una película difícil: desnuda emociones terribles, enfrenta al espectador con dolores inconscientes. Es la dolorosa música (de Mychael Danna) que todos escuchamos dentro tediosamente, es una metáfora del hombre espiándose a sí mismo por los ojos de cristal de un pasillo perverso. Es ir quitando las mentiras como la ropa. Como siempre, nada queda por decirse, y al final la vergüenza de verse triste es más fuerte que la desnudez del cuerpo.