Lisboa recibió mas de un millón de visitantes, pero como capital cultural de Europa fue la mas beneficiada: se restauran teatros, museos, iglesias, plazas, palacios…

LISBOA, PORTUGAL.- Más de un millón de personas han pasado por las actividades culturales de Lisboa 94, que durante todo el año fue centro de atención de las manifestaciones artísticas de todos los continentes.
La propuesta cultural le brindó, además, la oportunidad de restaurar teatros, museos, plazas, iglesias, palacios y conjuntos urbanos.
Se cuestionó en todo momento si existió un “compromiso histórico” de lo que representa la capitalidad europea de la cultura para el país o sólo se trataba de una mera acumulación de acontecimientos artísticos.
¿Qué sigue después de 1994?, fue el cuestionamiento principal hecho por los críticos de Lisboa 94 a los organizadores, quienes al final de este año aseguran que “Lisboa 94 no parará” y continuará en 1995.
El programa Lisboa 94 fue versátil y abundante. La oferta de espectáculos iba desde estrenos de ópera como Candide, de Leonard Berstein, hasta ciclos de Jean Renoir, pasando por un Festival Internacional de Teatro, unas Jornadas de Música Contemporánea o un ciclo de Grandes Orquestas Mundiales. En danza se presentó el proyecto “Escuelas portuguesas y europeas”, con la presencia del Conservatorio de París. También hubo música popular con jazz de Ornette Coleman. Al inicio el problema planteado fue cómo enfrentar la gran cantidad de eventos en una ciudad definida por algunos intelectuales portugueses como “devastada culturalmente”, que carecía de condiciones apropiadas y espacios para espectáculos y exposiciones.
Entonces fue cuando surgió la idea de restaurar y crear lugares para el arte. Las exposiciones fueron el argumento decisivo para poner orden en los museos de la capital. Fue renovado el Museo de Arte Antiguo, y se iniciaron obras de restauración en el Coliseo y el Museo do Chiado.
Hubo exposiciones dedicadas al fado y la escultura de Angola en el Museo de Etnología (donde por fin entra una temporada regular el famoso azulejo portugués), la Bienal de Jóvenes Creadores de Europa y del Mediterráneo en la Cordoaria Nacional, y también se organizó una colectiva de 21 artistas titulada Después de mañana en el Centro Cultural Belém y Ocho siglos de evangelización en la iglesia de San Vicente.
No solamente los espacios cerrados se beneficiaron de Lisboa 94 sino también los barrios. Se restauró la llamada Séptima Colina, un conjunto urbano de 2,000 metros que incluye cinco calles con casas, siete plazas, iglesias, palacios, teatros y centros sociales. La propuesta de Lisboa 94 fue recuperar colores antiguos y tiñeron de colores las fachadas y crearon un paseo romántico que atraviesa la ciudad por el Barrio Alto, desde la estación de Sodre hasta la plaza de Rato.
El objetivo de “divulgar, informar, valorizar, intervenir y animar” se cumplió, según los organizadores de Lisboa 94:
“Una de las preocupaciones principales es que Lisboa 94 no sea un año de fuegos artificiales, por eso se inició la recuperación del patrimonio nacional, de teatros y museos”, afirma en entrevista con Proceso Ramón Font, miembro del comité organizador de Lisboa 94.

ENCUENTRO DE CULTURAS

Al lado de la Plaza do Rossio, Font asegura que “Lisboa 94 no parara” y la recuperación del patrimonio nacional seguirá.
–Sin embargo, hay críticos como José Saramago que afirman que lo importante no es lo que sucedió en 1994 sino lo que dejará de suceder en 1995.
–Afortunadamente hay críticos, las unanimidades son tan peligrosas como abominables; por tanto, Saramago es una referencia fundamental, no sólo de la cultura portuguesa sino internacional, y todo lo que diga hay que hacerle mucho caso y atender sus sugerencias. Es bueno que esta capitalidad europea no desaparezca, que tenga una continuación, por eso habría que dejar las críticas para dentro de un año para ver si a finales de 1995 Lisboa habrá tenido un bajón sensible o bien se ha mantenido la capitalidad europea.
Ramón Font explica por qué se eligió Lisboa como capital cultural europea: “es una ciudad donde siempre se han cruzado todas las culturas, pero ahora estamos en un momento histórico en el cual la reincorporación de Portugal a su espacio natural europeo es importante”.
Expone que Lisboa 94 no ha sido sólo escaparate de la cultura portuguesa sino también de aquellas partes del mundo donde Portugal tiene una presencia cultural fuerte, como América Latina, Africa y Asia.
Font informó que la inversión de Lisboa 94 ascendió a 8 mil millones de escudos, pero advirtió: “que todo mundo tenga claro que no se organizó una operación de un año. Aquí no se han celebrado fastos, todo ha sido moderado, la preocupación principal fue invertir en la recuperación del patrimonio y la dinamización de la cultura”.
La restauración de los barrios históricos contempla 70 fachadas con la rehabilitación de jardines y estatuas. Pero hay inmuebles que casi están en ruinas y fueron cubiertos con grandes fotografías de desnudos de Mario Cabrita Gil, lo cual provocó cierta polémica.
La propuesta de Lisboa 94 y su desarrollo se logró gracias al consenso entre el centro-derecha de Cavaco Silva y el ayuntamiento socialista-comunista de Lisboa de Jorge Sampaio, quien incluso ha dicho que existe una “reconciliación” entre las fuerzas políticas.
Para Rámon Font, lo que está claro es el beneficio que representó este evento con vistas al futuro: “Lisboa ha dado un gran salto, la ciudad tiene ya otro aspecto, otra cara. En fin, la capital de Portugal está claramente mejor”.

LA RESIDENCIA DE MEXICO PUEDE DETERIORARSE

Tiene dos hectáreas de jardín, tres pisos y 500 metros cuadrados de construcción. Se trata de la casa de la embajada de México en esta ciudad, que por su difícil mantenimiento podría deteriorarse fácilmente.
El gobierno de México la compró en una ganga en 1976, y desde entonces los mitos la han perseguido. Unos dicen que perteneció al rey del estaño, el boliviano Atenor Patiño, y otros que se trata de un palacio…
“Ninguna de las dos versiones es cierta”, afirma tajantemente Elena Piatok, encargada de los Asuntos Culturales en la embajada, en entrevista con Proceso.
“Lo que pasa es que siempre se han creado mitos alrededor de esta embajada. Uno es el de que se trata de la embajada más fácil, otro que es un lugar barato, y el tercero que tiene la mejor casa. Y ninguna de las tres cosas es cierta.”
La casa, situada en las afueras de la ciudad, en el barrio de Monsanto, junto a un bosque, fue construida en 1760 y perteneció primero a un portugués y después a un ciudadano inglés. En 1976, durante la revolución de Portugal, el dueño de la finca un tal Machado Macedo la vendió al gobierno de México por 100,000 dólares.
“Era la época en que Portugal estaba convulsionado y habían tomado muchas casas, entonces Machado Macedo, presidente de la Asociación Médica, quería deshacerse de sus propiedades rápidamente y nos la vendió.”
En ese entonces la casa estaba situada en un lugar privilegiado, rodeada de bosque; pero con el paso del tiempo, la finca quedó en un cruce con problemas de tránsito y en medio de barrios de clase baja.
“En verdad es una casa muy bonita, pero con la urbanización quedó en medio del tránsito y está en una zona bastante peor a lo que era antes. Está en un lugar donde cerca hay un estadio de futbol.”
La casa tiene dos habitaciones en el tercer piso y tres en el segundo. Al lado, en lo que originalmente eran las cocheras, se han construido pequeñas habitaciones para ofrecerlas a los miembros del servicio exterior mexicano que llegan a la ciudad, a fin de que se instalen hasta que consigan vivienda.
El jardín es uno de sus atractivos, pero existe un área donde había una fuente que está totalmente deteriorada; además, la embajada rentó simbólicamente parte del jardín a la Cámara Municipal de Lisboa: “lo rentamos porque es un terreno en que no puede construirse; no se puede hacer nada con ese terreno.”
Advierte Elena Piatok:
“Hay que estar cuidando muchísimo la casa, se va el agua, la luz, las cañerías son viejísimas, hay goteras, la calefacción a veces no sirve. Es una casa vieja, a la que sólo con mucho amor y mucha dedicación se puede mantener”.
La residencia posee azulejos originales, una de las artesanías portuguesas más conocidas:
“Creo que la gente piensa que una casa que tiene un jardín muy grande debe ser un palacio, pero te aseguro que debe haber muchas más lujosas. Esta no es una casa lujosa, como la casa de la embajada en España, Francia o Italia, con frescos pintados en los techos y grandes candelabros.”
La diferencia de esta casa, según Piatok, es que se ha ido descubriendo su belleza en su misma sencillez:
“Por ejemplo, estaba alfombrada, era un tapete que no se había quitado en 30 años y de repente se descubre que debajo había una duela maravillosa. Entonces, son ésas las bellezas que se han ido encontrando. Se raspó la escalinata, que es de madera… eso es lo bonito de la casa, no es una residencia gigantesca, su belleza es precisamente su sencillez, su calidez, el trabajo muy personal de cada uno de los embajadores, y el jardín.”
En la finca han vivido más de siete embajadores, entre ellos Henrique González Casanova, José González Salazar, Carlos Tello, Carlos del Río y, ahora, Francisco Labastida Ochoa.
Piatok afirma que actualmente se necesitarían muchos millones para comprar una casa así, pues en 1976 se adquirió con un buen tipo de cambio:
“Esta es una casa muy acogedora y su memoria es muy viva, por eso no hay nada escrito sobre su historia. El trabajo de mantenimiento representa lo más importante, porque la casa podía muy fácilmente caer o decaer.”