Una de las últimas entregas del año 1994 de la University of Chicago Press ha sido el grueso volumen (519 páginas más 97 reproducciones en blanco y negro distribuidas en tres cuadernillos) Dimensions of the Americas. Art and social Change in Latin America and the United States, del cual es autora Shifra Goldman, la bien conocida historiadora de arte. Se trata en verdad de una antología elaborada por la propia Goldman, en la que ha reunido 33 artículos escritos por ella entre 1973 y 1992, aparecidos en su momento en periódicos, revistas, catálogos y otras publicaciones. El más antiguo trata de los tres murales pintados por David Alfaro Siqueiros en Los Angeles en 1932. El más reciente es un análisis muy crítico de los contenidos de la exhibición Esplendores de Treinta Siglos, Three Thousand Years of Mexican Art. Ambos aparecieron por vez primera en la revista Art journal, en los números 33 y 51, respectivamente.
Goldman decidió agrupar su material en seis grandes capítulos: uno sobre arte público, In the public eye; otro sobre gráfica, Multiples; una más sobre la producción artística de las mujeres, Women speaking; el dedicado a la relación del arte con la política, el poder y el mercado, Facing big business and the State; el referido al arte latinoamericano en Estados Unidos, Latin american art in the United States, y por último el que reúne sus meditaciones siempre polémicas, informadas y analíticas sobre la identidad, Nationalism and ethnic identity.
En la Introducción, que ocupa 83 páginas, Shifra Goldman se reafirma de manera explícita como una historiadora social del arte que durante dos décadas se ha empeñado por llenar el lamentable vacío que sobre el arte latinoamericano existía en Estados Unidos hasta fechas bastante recientes.
Con medios propios emprendió la tarea de recorrer diversos países del continente, visitando exposiciones, talleres, museos; entrevistando a teóricos, artistas, historiadores y críticos. Su acumulación de materiales documentales incluyó fotografías tomadas por ella misma cuando no había dónde adquirirlas. Coleccionó manifiestos, declaraciones diversas de grupos que habían existido o que estaban emergiendo, tanto en México como en Chile, Argentina, Brasil, Costa Rica, Perú, Uruguay, Cuba, Puerto Rico, El Salvador y otros, sin olvidar el surgimiento del arte chicano, del cual ella fue testigo y una de las primeras propagadoras, con un enfoque siempre progresista y cada vez más amplio y con mayor sustento teórico.
Aunque el arte mexicano serpea a lo largo de todo el libro, es en el cuarto capítulo (Facing big business and the State) donde los factores sociales y económicos adquieren mayor intensidad polémica, al desentrañar Goldman hasta qué punto las estrategias respecto al petróleo y al Tratado de Libre Comercio han sido sustentos fundamentales en los proyectos para divulgar en Estados Unidos el arte mexicano de todos los tiempos, tanto en los años setenta como en los noventa.
La Introducción revela el amplio espectro de intereses y conocimientos en que Goldman se desplaza para historiar y juzgar el arte latinoamericano. Como no es una intelectual de cubículo, elitista o prejuiciada, fija su posición en pro de un arte socialmente resonante con pasión, con argumentos, con imaginación y conciencia. A diferencia de ciertos críticos obcecada o deshonestamente individualistas, Goldman explica pormenorizadamente quiénes y por qué razones la han influido. Larga es la lista y se desglosa con generosidad espiritual.
Al revelar sus actuales preocupaciones teóricas, Goldman se muestra atenta a los variados enfoques en torno de la “diversidad multicultural” surgidos tanto en los medios académicos como en los grupos artísticos desde fines de la década pasada. Desglosa y resume lo expresado en tal sentido por tres escritores latinoamericanos que radican en Estados Unidos: la puertorriqueña Mari Carmen Ramírez, el mexicano Guillermo Gómez-Peña (artista de performance y frontera) y el estadunidense de ascendencia salvadoreña George Yúdice. Este último, nacido en Nueva York, es quien asume la diversidad cultural estrechamente ligada al efectivo ejercicio de los derechos humanos, tantas veces agredidos por las acciones imperialistas de Estados Unidos, las cuales terminan afectando las específicas diversidades de los pueblos del continente.
Los problemas del arte en la posmodernidad son planteados por Goldman con una gran vitalidad desde situaciones reales y concretas, tal como se han desarrollado y se desarrollan en las áreas dominadas y dominantes dentro y fuera de Estados Unidos.








