LA HABANA, CUBA.- Como regalos de año nuevo fueron para Cuba dos promisorios descubrimientos: un yacimiento de petróleo con reservas probables de 130 millones de barriles de crudo y una mina de oro de 200 metros de profundidad.
Los hallazgos confirman –según los expertos cubanos– que el subsuelo de la isla es tan rico en minerales e hidrocarburos, que –a mediano plazo– podrían situarse entre sus principales fuentes de recursos.
Sólo que, para explorar, explotar y comercializar dichas riquezas, la mayor de las Antillas necesita capital y tecnología extranjeros.
Urgida de recursos, Cuba ofrece contratos de prospección, exploración, explotación, industrialización y comercialización de los productos de su subsuelo. Se abre a todo tipo de posibilidades y de negocios: sociedad mixta, de riesgo compartido o de servicios.
Estudios geofísicos en mano, los funcionarios y especialistas cubanos aseguran que en su territorio y en su plataforma marina está el petróleo que salvará de la crisis energética la isla. Sostienen también que sus yacimientos minerales son tan ricos, que pronto se convertirán en un sector estratégico.
Ofrecen en los mercados mundiales y organizan licitaciones internacionales para poner a la venta bloques de su territorio, que ha sido fraccionado en 37 bloques mineros y 33 petroleros.
Tímidamente primero, con intensidad después, han respondido los inversionistas extranjeros en el ramo: unas 20 empresas estudian, o realizan ya, negociaciones conjuntas con el gobierno de Fidel Castro.
LA FIEBRE DEL ORO
El Parlamento de Cuba aprobó el 22 de diciembre una ley de minería que ofrece ventajas arancelarias, protección al capital y concesiones territoriales por 25 años para la explotación minera.
Durante la sesión del Parlamento, el ministro de la Industria Básica, Marcos Portal, dijo esperar que en este 1995 las concesiones mineras ofrecidas al capital foráneo aumenten de 30,000 a 40,000 kilómetros cuadrados.
Informó que la isla fue dividida en 37 regiones mineras y que ya están contratadas la mayoría: más de 30 bloques, por un total de 30,000 kilómetros cuadrados.
Las firmas extranjeras que participan eran, hasta mediados de 1994, diez canadienses, una francesa, una italiana y una australiana. Se negociaban además contratos con una empresa panameña y una venezolana.
Los minerales principales que se hallan en el subsuelo de la isla son: oro, plata, cobre, zinc, cobalto y níquel. Estos dos últimos resultan los más abundantes. Las reservas ascienden a de 800 millones de toneladas, 37% de las reservas mundiales.
En 1994, la industria del níquel –la más desarrollada– produjo 30,200 toneladas. Casi la totalidad se exportó, a 26 países. Los ingresos son calculados extraoficialmente en unos 500 millones de dólares e hicieron de esta industria la tercera generadora de divisas para la isla.
Con todo, la producción de níquel fue menor que las expectativas (se preveían unas 50,000 toneladas) y que la capacidad real de producción (más de 100,000 toneladas anuales). Por ello, los cubanos ofrecen tanto capacidades ociosas como territorios vírgenes para la exploración y explotación.
Aquí algunos ejemplos de negociaciones:
La empresa canadiense Sherrit Incorporated inició hace tres años una inversión por 1,200 millones de dólares para la explotación, industrialización y venta del níquel en los yacimientos de Moa, en la provincia de Holguín.
Es tal el crecimiento de esta firma, que ahora maneja tres sociedades e incluye un convenio para que una filial de la Sherrit opere 50% de la planta “Pedro Soto Alva”, en Moa; a cambio, la parte cubana controla la mitad de las acciones de una planta en Saskatchewan, Canadá.
La compañía Western Mining de Australia y la Commercial Caribbean Nickel, SA, de Cuba firmaron una carta de intención para explorar y explotar y, de encontrase níquel, procesar un yacimiento en Pinares de Mayarí, en el oriente del país. La operación se calcula en 500 millones de dólares.
Una asociación multinacional se creó en julio para explotar un yacimiento de cobre en Mantua. Las empresas son Scintres-Caribe (para investigación aerogeofísica); la Heath & Sherwood y la estatal Cubanex (para la perforación), y la Vald’or (para las investigaciones geofísicas).
GeoMinera, SA, inició la explotación de una mina de oro en el poblado de Santa Lucía, en la provincia occidental de Pinar del Río. Según las predicciones, la producción podrá ser de unos 500 kilogramos anuales del metal precioso, con 99% de pureza.
El 27 de diciembre, la empresa canadiense Yutel Geominera descubrió una mina de oro en una zona cercana a El Cobre, en Santiago de Cuba. La mina mide unos 200 metros de extensión e igual profundidad. Tiene un concentrado de un gramo por tonelada. Yutel Geominera realiza en Cuba inversiones a riesgo con un capital de 2.5 millones de dólares, en proyectos que van desde la central provincia de Villa Clara hasta la oriental Santiago de Cuba.
PETROLEO: SUERO PARA CUBA
El 23 de diciembre, en París, la empresa cubana Geofinanciera comunicó que su filial Geopetrol Yumuri descubrió dos reservas de petróleo en su primera perforación de un pozo en Puerto Escondido, a 68 kilómetros de La Habana.
Los primeros estudios suponen –de acuerdo con el comunicado– la presencia de unos 130 millones de barriles de crudo en ese lugar, además de la existencia de otras seis reservas de menor espesor.
La noticia, celebrada en Cuba por los funcionarios del sector, parecen confirmar la existencia de grandes yacimientos de hidrocarburos.
En mayo último, en una plataforma marina llamada Offshore, cercana a las costas de Matanzas, las empresas canadienses CNW y Talismán descubrieron petróleo a 3,700 metros de profundidad. Estimaron una capacidad de producción de 3,750 barriles diarios.
Poco después, en una zona cercana, comenzó a perforar pozos la francesa Total, que lleva años en Cuba explorando el territorio.
Alentados por sus investigaciones y descubrimientos, los funcionarios cubanos del ramo se lanzaron a los mercados internacionales para ofrecer negocios de exploración en su subsuelo. Hicieron dos licitaciones internacionales: una en Calgari, Canadá, y otra en Londres.
Ofrecieron 33 bloques petroleros en mar y tierra. La fórmula más aceptada fue la del contrato a riesgo compartido: la compañía extranjera ofrece sus servicios de prospección, exploración y perforación. Si no encuentra petróleo, asume casi la totalidad de los gastos (excepto pago de personal cubano y algunos estudios geofísicos); pero si lo encuentra, tiene derecho a la propiedad de la mitad del crudo extraído, más el pago –en efectivo o en especie– de parte de los gastos de exploración.
Las investigaciones cubanas estiman un territorio de explotación de 120,000 kilómetros cuadrados. Hay un total, hasta el momento, de 20 yacimientos; entre ellos, el de Varadero, con reservas in situ de 1,100 millones de barriles.
De acuerdo con Enrique Zacca Peña, responsable de la exploración y el desarrollo petrolero en el país, se han perforado unos 1,600 pozos. Se calcula que éstos produzcan en “condiciones óptimas” alrededor de 2 millones de toneladas anuales. (La isla necesita para mover sin problemas su economía unos 12 millones de toneladas.)
Estos yacimientos, sin embargo, son una parte mínima de las potencialidades petroleras cubanas. Sobre todo cuando, según Zacca, sólo se ha explorado 10% del territorio cubano con perspectivas petroleras. No se ha explorado más, explica, por falta de recursos financieros y de tecnología.
El primer contrato petrolero se firmó en diciembre de 1990 entre la representante cubana, Cupet, SA, la firma francesa Total y la Compañía Europea de Petróleo.
Le sucedieron contratos con la empresa sueca Taurus, para operar en las zonas costeras del sur de Camagüey, y con la firma Canada Northwest Energy Ltd., para diversas zonas del territorio.
Hasta mediados de 1994 se habían negociado casi la totalidad de los bloques y habían entrado ya otras empresas: Talismán, de Canadá; OFD y Geopetrol de Francia, y Premier Petroleum y British Borneo, de Inglaterra.
Hasta 1989, Cuba importó a precios preferenciales 13 millones de toneladas de crudo de la extinta Unión Soviética. Al desintegrarse ésta y entrar la isla en crisis, tuvo que comprar a precios del mercado mundial. En 1992 pudo adquirir sólo 6 millones de toneladas, y los dos últimos años poco más de 4.
La producción local de Cuba fue en 1994 de 1.1 millones de toneladas. Sin embargo, el crudo resultó de mala calidad: demasiado pesado y con alto contenido de azufre. Eso le dificultó su empleo en la industria.
La crisis energética está en el centro de los problemas de Cuba. La totalidad de sus plantas que generan electricidad consume crudo, y la industria depende de sus derivados.
Son ya costumbre en Cuba los cortes de electricidad de hasta ocho horas diarias; los racionamientos de gasolina a diez litros mensuales por motor de cuatro cilindros; la inexistencia de gas doméstico, y las peleas por el transporte público.
Sin otras fuentes alternativas de energía, el gobierno de Castro tiene que comprar crudo y en ello se le va la mitad de sus exiguos recursos financieros.
–Si las compañías extranjeras iniciaron la perforación de pozos, ¿quiere decir que encontraron petróleo? –se pregunta al ingeniero Zacca Peña.
–En el mundo petrolero sólo se logra tener certeza absoluta de que hay crudo hasta que se perfora. Es entonces cuando se habla de descubrimiento. La compañía Total, por ejemplo, inició perforaciones porque encontró un “buen sistema petrolero”.
Explica: “encontró `rocas madres’ que, por su contenido orgánico, presión y temperatura, así por como sus condiciones de protección, tienen altas perspectivas de que contienen petróleo”. Estas “rocas madres” son idénticas a las de los pozos de Poza Rica y la sonda de Campeche en México, que actualmente y desde hace años están produciendo sin problema.
–¿En qué plazo se prevé tener ya suficiente petróleo propio?
–Esto tarda. El período que va del descubrimiento a la explotación puede variar entre cinco y diez años. Entonces podríamos esperar resultados a partir de los cinco años próximos.








