LA HABANA.- La crisis económica de Cuba “tocó fondo”, y para el naciente año de 1995 “iniciará su despegue”.
Así –abiertamente, con optimismo apenas contenido– lo afirman los responsables de la economía del gobierno cubano.
El propio Fidel Castro fue explícito: “ya nosotros paramos la caída… Ya hoy empezamos ligeramente a recuperarnos… Las medidas que se han ido tomando –con calma, ecuanimidad, sentido común y orden– ya empiezan a producir sus primeros frutos y nos estimulan a seguir por el camino que llevamos”.
El líder de la Revolución Cubana pidió, empero, tener calma. “Hay que ser pacientes, no hacernos ilusiones de ninguna clase”, dijo ante científicos y técnicos cubanos reunidos en La Habana el 16 de diciembre pasado.
Carlos Lage, responsable de la política económica del régimen, también afirmó: “el decremento y el deterioro económicos se han detenido por fin”.
Y subrayó: “sólo el socialismo nos permitió resistir, primero, y poder emprender ahora una segunda etapa, con medidas que son irreversibles”.
José Luis Rodríguez, ministro de Finanzas, señaló a principios de diciembre que hubo “crecimiento físico en 18 de las 21 ramas industriales”.
Los sectores que más destacaron fueron los del níquel, industria farmacéutica, tabaco, construcción y turismo. Este último pasó a ser, sin duda, la rama económica que generó más ingresos brutos a la isla: 850 millones de dólares.
El 20 de diciembre –al proponer la Ley de Presupuesto del Estado para 1995–, Rodríguez informó de resultados espectaculares en el saneamiento de las finanzas internas: 72% de reducción del déficit público; disminución en 32% del subsidio para compensar las pérdidas de las empresas estatales, y crecimiento de 25% en los ingresos del Estado por impuestos y tarifas y servicios.
Las estimaciones y los datos del gobierno cubano fueron avalados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en su informe correspondiente a 1994. Cuba, según dicha comisión, detuvo su deterioro fuerte y “muestra indicios de recuperación en algunos sectores”.
Señala el informe: “después de la profunda contracción productiva registrada entre 1991 y 1993 (de 40% en esos tres años), pareciera que la economía cubana ha tocado fondo en 1994, con estancamiento en aquel bajo nivel y con un producto que en rigor arrojó un crecimiento nulo”.
La prensa cubana reflejó el ánimo oficial: “el anuncio de avances sustanciales en el saneamiento de las finanzas internas y un posible fin del descenso en la economía de la isla parecen ser el mejor regalo para los cubanos después de otro difícil año”, dijo la agencia Prensa Latina.
Y más: los cubanos tendrán en 1995 “un aumento en los beneficios de seguridad social, educación y salud”.
El optimismo del gobierno cubano puede, sin embargo, frustrarse. No están garantizados los ingresos de divisas de que depende la economía para comprar combustible, alimentos e insumos industriales.
Su agricultura –pese a la creación de la Unidad de Producción Cooperada (especie de cooperativa) y un mercado agropecuario regido parcialmente por la ley de la oferta y la demanda– no garantizará la autosuficiencia alimentaria. Se estima que destinará alrededor de una cuarta parte de sus ingresos en dólares a la importación de alimentos.
El gobierno estadunidense sigue sin autorizar las remesas que cubanos residentes en Estados Unidos enviaban a sus familiares en la isla y que –de acuerdo con analistas– supone entradas por unos 500 millones de dólares. Dicha medida la decretó el presidente William Clinton el 20 de agosto, al desatarse la llamada Crisis de los Balseros y, pese a que se detuvo el éxodo masivo, el gobierno de Washington rehúsa discutirla en las rondas de negociaciones sobre migración que mantienen ambos países.
Pero lo más delicado es que, para este año que comienza, la isla enfrenta una previsible debacle en su principal rubro económico: la zafra azucarera.
La empresa británica ED & Fman –especializada en el mercado azucarero– estimó en octubre que la cosecha cubana de azúcar sería de 3.5 millones de toneladas para 1995. En la isla, los técnicos del ramo calculan que llegará sólo a 3 millones.
En cualquier caso sería la peor cosecha azucarera en los 35 años de revolución. Tradicionalmente Cuba producía unos 8 millones de toneladas. Era el tercer productor mundial y el primer exportador. Este sector le generaba 80% de sus ingresos.
A partir de 1992, la producción azucarera cayó en picada: de 7 millones de toneladas, pasó a 4.2 en 1993 y a sólo 4 en 1994, cuando apenas recibió 720 millones de dólares por este concepto (42% de los ingresos).
El semanario Trabajadores presentó el 19 de diciembre un panorama desolador para la zafra de 1995: “habrá menos recursos, con los cañaverales diezmados, con los trabajadores mal vestidos y mal calzados, con difíciles condiciones de vida y de trabajo”.
Nelson Torres, ministro del Azúcar, reconoció que la falta de “medios materiales” será la dificultad principal por enfrentar: faltan neumáticos y refacciones de tractores, oxígeno, combustible, herbicidas, fertilizantes… todo.
El gobierno cubano inició incluso negociaciones con casas comercializadoras para recomprar azúcar en el mercado mundial y así cumplir sus compromisos asumidos por la venta adelantada del producto.
Es tal la preocupación que el gobierno de Castro tomó una decisión otrora impensable: abrió este sector estratégico a la inversión extranjera, y toda su infraestructura (considerada como una de las más grandes en América Latina) es objeto de negociación.
Más aún, “las primeras negociaciones para la inversión foránea en el sector podrían concluir exitosamente a finales de enero o principios de febrero”, declaró el 26 de diciembre Octavio Castilla, viceministro cubano de Inversión Extranjera y Cooperación Económica.
Las empresas interesadas son árabes e inglesas, comentó el viceministro Castilla. Los centros azucareros con más posibilidades de inversión son los situados en las provincias de La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba, debido a su cercanía a puertos de embarque.
La infraestructura azucarera en Cuba consta de 156 centrales, una fábrica dextrana, cinco fábricas de tableros, 11 de levadura, 13 destileras, 17 refinerías, cuatro empresas papeleras y ocho instalaciones portuarias para embarque de azúcar a granel. Casi 60% de la tierra cultivable se dedica a la siembra de caña.
Fidel Castro reconoció que la industria azucarera necesita financiamiento exterior para recuperar sus niveles de producción. “Hoy dependemos de la caña… no podemos renunciar a ella”, dijo.
ELOGIOS AL CAPITAL
Ante la previsible caída de la producción azucarera, el gobierno de la isla intensifica su apertura al capital extranjero y la liberación de su economía.
Para el presente año, las autoridades de la isla deberán decidir sobre 200 proyectos de inversión extranjera que actualmente se negocian. Estos se sumarían a las 173 asociaciones conjuntas que ya existen y cuya inversión directa supera 1,500 millones de pesos.
Son firmas de 38 países. Pero, según revelaron funcionarios de la isla, hay también 90 compañías estadunidenses interesadas en invertir cuando se levante el embargo económico.
Para regular y dar mayor seguridad al capital extranjero, el gobierno de Castro prepara una nueva ley de inversiones que será discutida por el Parlamento este año. “La nueva legislación será más amplia, flexible, más fácil de entender, y no introducirá nuevos impuestos”, dijo el viceministro de Comercio Exterior, Octavio Castilla.
La apertura incluye prácticamente todo: transporte, industria, turismo, agricultura, servicios, azúcar, minerales, hidrocarburos y hasta bienes raíces e inmuebles.
Es tal la necesidad de capital fresco, que Fidel no duda en defender las empresas extranjeras que invierten en Cuba. Durante la sesión del Parlamento efectuada el 21 de diciembre, Pedro Ross, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), mostró preocupación por la situación laboral de los mineros contratados por firmas de otros países. Fidel Castro contestó tajante: “si algo positivo tiene la presencia en el país de los capitalistas, es que nos obligan a buscar la eficiencia y a superarnos en cuanto a tecnología”.
Y más: “hemos sido despilfarradores e indisciplinados. Si a nuestro socialismo le hubiéramos acompañado la eficiencia que hoy buscamos, no sé adónde habríamos llegado”.
Advirtió, incluso, que si en cualquier fábrica u hotel sobra personal y no hay una racionalización, difícilmente alguna firma extranjera invertirá en Cuba.
Las preocupaciones del secretario de la CTC las comparten otros funcionarios y dirigentes cubanos. En corto reconocen que el proceso de racionalización de la economía implica un agudo desempleo. Este, comentan, será apenas atenuado con la autorización para trabajar por cuenta propia o para vender productos sin intermediación estatal.
Los cubanos esperan que, de un momento a otro, el gobierno de Castro autorice los miles de negocios privados que ahora son clandestinos: restaurantes, taxis, gimnasios, salas de belleza, talleres domésticos, etcétera.
Ya hubo, al menos, un anuncio. Durante una reunión con la Comisión de Atención a los Servicios del Parlamento, el ministro del Trabajo y de Seguridad Social, Francisco Linares Calvo, abogó por fortalecer el trabajo por cuenta propia, por permitir los negocios hoy clandestinos (sobre todo los de comida, popularmente conocidos como “paladares”) y por hacer extensiva esta opción a los profesionales, quienes están impedidos legalmente para laborar por su cuenta. (Un médico o un maestro, por ejemplo, tienen prohibido ofrecer sus servicios de manera particular o montar negocios privados.)
El ministro Linares Calvo argumentó que esto “contribuye a paliar el desempleo que deberá de afrontar el país en 1995, cuando se implante el doloroso pero necesario decreto Ley-Seis, encargado de racionalizar plazas existentes, de aplicación progresiva y justa, pero siempre traumática”.
NUEVOS PESOS CUBANOS
A la “despenalización” del uso del dólar, la autorización del trabajo por cuenta propia y la creación de cooperativas agrícolas en 1993 siguieron durante 1994 medidas para sanear las finanzas internas (cobros de algunas gratuidades, elevación de precios en bienes no básicos, cobros de servicios públicos, etcétera); la creación de los mercados agropecuarios, artesanales e industriales, y, para 1995, algunos analistas esperan la inversión extranjera en servicios directos a la población, la autorización de la propiedad en bienes inmuebles, la inversión privada en pequeña escala y hasta un mercado de valores, con bolsa y todo.
Por lo pronto, el gobierno de Castro autorizó la circulación de una nueva moneda cubana: el peso convertible.
Se trata de un medio de pago que, en principio, entrará en el mercado de divisas y, gradualmente, desplazará de la circulación el dólar. Con ello, el gobierno cubano intenta tener control sobre la circulación monetaria, gravemente afectada por el mercado negro.
“Es una medida transitoria que intenta ganar orden y credibilidad en el sistema monetario de Cuba”, declaró José Luis Rodríguez, ministro de Finanzas de la isla.
“Su carácter es inicial y tiende a normalizar la circulación monetaria en el país”, detalló Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento de Cuba.
El ministro Rodríguez y el diputado Martínez fueron consultados por Proceso durante un receso de los trabajos del Parlamento que aprobó el martes 20 de diciembre la Ley de Presupuesto del Estado para 1995.
Ambos explicaron que el nuevo peso convertible no sustituye por el momento el dólar; solamente reemplazará los “certificados”, popularmente conocidos como “chavitos”: se trata de un medio de pago canjeable por dólares que hasta agosto de 1993 usaban los extranjeros. Había certificados para técnicos, diplomáticos, estudiantes, empresarios y cubanos que regresaban del exterior. Al autorizarse el uso de dólares en septiembre de 1993, estos “certificados” dejaron de tener función.
Según Osvaldo Martínez, la emisión de diversos certificados “complicaba las operaciones de cambio”. Ahora, el peso convertible intenta generar confianza en la población antes de ir sustituyendo la circulación de dólares.
Una nota publicada por el diario Granma señaló que el peso convertible cubano circulará en las tiendas y los restaurantes para turistas o para cubanos con dólares. No será obligatorio cambiarlo por divisas, pero sí prohibido canjearlo por pesos cubanos. Su paridad con el dólar será de uno por uno.
De acuerdo con el ministro de Finanzas, José Luis Rodríguez, 21% de la población cubana (alrededor de 2 millones de personas) tiene acceso a dólares. La mayoría está nerviosa: no tiene claro qué pasará con sus dólares al entrar en vigor el peso convertible.
–¿Se prevé alguna reacción de la población por esta medida?
–No creo. Existe una garantía por parte del gobierno de que se respetará a los tenedores de divisas. Ellos no están obligados a cambiar sus dólares por esta moneda. En la medida que se le vaya tomando confianza a este nuevo signo monetario, no debe producirse ningún problema.
OPTIMISMO FINANCIERO
La nueva medida monetaria se anunció el mismo día en que el Parlamento cubano aprobó la Ley del Presupuesto del Estado para 1995. Su objetivo principal radica en reducir el déficit fiscal a 1,000 millones de pesos; es decir, a una quinta parte del que hubo en 1993, año en que el desequilibrio fiscal alcanzó 5,000 millones.
El ministro José Luis Rodríguez rindió ahí un informe, en el cual destacó los logros alcanzados por el gobierno cubano en materia de “saneamiento financiero interno”.
En un tono calificado de “cauteloso optimismo”, informó de la reducción de 72% del déficit fiscal de 1993 a la fecha; del crecimiento de los ingresos del Estado en 25%, y del decremento de los subsidios por pérdidas a las empresas estatales en 40%.
Más aún, proyectó para 1995 una reducción del déficit presupuestal hasta en 1,000 millones, 69% menos que en 1994; una disminución de las subvenciones a los gobiernos de las provincias y de los municipios en 50%, y un recorte de 34% en los subsidios que otorga para financiar las pérdidas de las empresas estatales.
Durante su intervención, Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento, calificó de alentadores los resultados obtenidos por el manejo financiero del gobierno cubano.
Dijo: “los tiempos que vivimos no son de elogios fáciles, pero creemos que sería injusto no reconocer los resultados alentadores que –como reflejo de un buen comienzo en el saneamiento financiero– se han obtenido en el manejo del presupuesto durante 1994”.
Según el ministro Rodríguez, “si bien se ha notado un avance considerable en el saneamiento financiero interno, éste no se ha completado ni es irreversible”. Destacó que “no hemos logrado el objetivo final de estimular el trabajo que este proceso persigue”.
Insistió: “nuestra solución básica está en producir más y con mayor eficiencia, para lo cual la política financiera es un medio y no un fin en sí mismo”.
Durante su intervención en el Parlamento, Osvaldo Martínez hizo un análisis del proyecto de ley antes de pedir su aprobación. Aseguró que los resultados de las políticas para sanear las finanzas internas –aplicadas por el gobierno cubano a partir de mayo pasado– “excedieron las expectativas”.
Al pasar lista de los gastos sociales proyectados para este año, Osvaldo Martínez subrayó el aumento porcentual del presupuesto para educación (4.4%), salud (1.9%), vivienda (4.1%) y asistencia social (58.4%).
“Aquí se ponen de manifiesto los rasgos distintivos de nuestra forma socialista de reducir el déficit sin arrasar con los gastos sociales ni estrangular a la población”, afirmó.
Y agregó: “en Cuba –aun en las más difíciles condiciones imaginables– las prestaciones sociales se aseguran y el Estado no escapa por la puerta falsa de privatizar responsabilidades sociales básicas sino que las asume a plenitud”.
No obstante, el gobierno de Castro busca que el gasto de la seguridad social sea compartido también por los trabajadores. Pero no hay acuerdo de cuánto descontar al salario, de por sí menguado por la crisis, los nuevos impuestos y los aumentos en precios y tarifas. El salario de los cubanos es, en promedio, de 200 pesos mensuales, equivalentes en el mercado negro a cuatro dólares.
Y es que el efecto de los logros macroeconómicos del gobierno resulta escaso o nulo para la mayoría de los cubanos. Inusualmente, la agencia cubana Prensa Latina publicó una encuesta aplicada a 3,000 familias cubanas sobre el poder de compra de su salario. Implícitamente reconoció que en la Cuba socialista hay diferencias sociales: sectores de altos ingresos y de bajos ingresos. La mayoría de estos últimos dijo que no podía cubrir sus gastos con el salario que percibe.








