A unos días de que el domingo 1 de enero asumiera el poder el nuevo presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, la psicosis de la catástrofe económica, nacida luego de la crisis mexicana por la devaluación del peso, estremeció todos los sectores de la economía brasileña.
Tan pronto se conoció la noticia de la devaluación del peso mexicano, el banco central de Brasil fue obligado a “quemar” en un solo día un millón 900,000 dólares de sus reservas para impedir una brusca devaluación del real –moneda que, curiosamente, vale más que el dólar, puesto que esta divisa se cotiza en 0.86 reales.
A partir de la devaluación mexicana, las bolsas de valores de Río y Sao Paulo acumularon pérdidas considerables. La primera perdió 15% y la segunda, 16.4%. Los profesionales del mercado se mantuvieron en los primeros días al tanto, minuto a minuto, de las noticias procedentes de México, y luego se vieron obligados a seguir también los acontecimientos de Argentina, igualmente sensible a la devaluación mexicana.
Los analistas financieros se declararon “un poco más calmos” cuando supieron que el ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo, había viajado a Nueva York para explicar a la banca local la situación de su país. Los créditos concedidos por Estados Unidos y Canadá a México y la noticia de una reacción positiva en las bolsas de México y de Argentina terminaron por tranquilizar los mercados brasileños.
Al final de la tarde del jueves 29 de diciembre, una vez superado el nerviosismo, cuando las bolsas de valores de Río y Sao Paulo cerraron sus actividades en alza –2.2% en la bolsa carioca y 3% en la paulista–, analistas financieros de Río afirmaban que lo que pasó en Brasil fue una serie de maniobras de especuladores que se aprovecharon del “efecto psicológico” provocado por las noticias llegadas de México y Buenos Aires. Mediante la propagación del temor, buscaban reforzar sus ganancias.
Economistas del anterior y del nuevo gobierno (en realidad, son esencialmente los mismos, pues todo el equipo del pasado fue montado por Fernando Henrique Cardoso cuando ocupó el Ministerio de Hacienda) trataron de tranquilizar aún más el mercado y la opinión pública recordando las diferencias entre México y Brasil. El nuevo ministro de Hacienda, Pedro Malan, llegó a declarar que Brasil “no tiene déficit ni Chiapas”. Resaltó, sin embargo, que los efectos de la crisis mexicana en Argentina sirven para recordar que “hoy, más que nunca, ningún país es una isla”.
Según el ministro, las diferencias entre México y Brasil deben servir para tranquilizar los medios financieros locales. “México –destacó Pedro Malan– estaba caminando hacia un déficit en su cuenta corriente en 1994 de más de 10% de su producto interno bruto, mientras que Brasil tuvo, hasta octubre, superávit. México tenía más de 70,000 millones de dólares de aplicaciones de corto plazo; nosotros no tenemos más de 15,000 millones. México tenía reservas en moneda fuerte de alrededor de 10,000 millones de dólares; nosotros tenemos más de 40,000 millones. Y nosotros no tenemos Chiapas. Nuestro contexto político es distinto”.
La inflación acumulada entre junio y diciembre en Brasil –es decir, desde la entrada del nuevo plan económico y de la nueva moneda– es de alrededor de 22%. En diciembre la inflación no superó la marca de 2%. Para un país que vivía con una inflación mensual superior a 45%, éste es un dato tranquilizador, propicio para Fernando Henrique Cardoso que preparara con fasto, como lo hizo, su asunción al poder.
Fernando Henrique Cardoso representa para algunos sectores cierta garantía de tranquilidad política y económica, pues mientras por una parte sostiene que “en política no se hace lo que se desea sino lo que se puede”, se ha vuelto ya célebre su aversión a meter la mano en la bolsa para sacar dinero y gastarlo en cosas absurdas.
No fue, sin embargo, muy austero al preparar su arribo a la Presidencia el domingo. “El Príncipe de los Sociólogos”, como era llamado por sus amigos, cuidó cada detalle de su asunción al poder, en un clima prácticamente imperial, digno de una coronación, donde se gastaron 3 millones de dólares.








