NUEVA YORK.- Consentido de la prensa estadunidense luego de la firma del Tratado de Libre Comercio, y de los banqueros y empresarios, Jaime Serra Puche se convirtió en el malo de la película un año después, con apenas 29 días en su nuevo puesto, en el escenario de la aquí llamada “crisis de Navidad” que desencadenó la devaluación del peso.
En los grandes diarios norteamericanos, e incluso en los canadienses, abundaron las notas en que el ahora exsecretario de Hacienda fue culpado de manejar mal la crisis económica mexicana. Además, Serra Puche fue acusado de seguir una política de comunicación que contribuyó al caos; medio en broma, corresponsales extranjeros en México dijeron que es mejor comunicador el subcomandante Marcos. The Globe and Mail, editado en Toronto, manejó la versión de que en su encuentro con inversionistas en esta ciudad, el 22 de diciembre, Serra Puche “suplicó” la intervención del banco central de Estados Unidos.
Siempre sonriente, Serra Puche había sido elogiado hasta el cansancio en los tres años que duraron las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Instituciones académicas y de investigación le prodigaban reconocimientos e invitaciones para que hablara de la política comercial mexicana.
Carla Hills, su contraparte durante la primera parte de las negociaciones del TLC, llegó a sostener que conocía “pocas personas tan talentosas e inteligentes” como Serra Puche.
En Washington era el rey. Convenció al presidente Salinas de abrir una oficina paralela a la Embajada para controlar todo lo relacionado con el TLC, pese a las obvias duplicaciones de tareas que esto significaba.
El enorme desembolso económico –más de 30 millones de dólares– que significó la contratación de cabilderos washingtonianos en el proceso de aprobación del TLC lo hizo popular entre abogados, periodistas y funcionarios públicos.
El dinero del gobierno, su inglés perfecto, su lenguaje técnico y su arrogancia con la prensa lo colocaron en las mejores casas y en los labios de los poderosos de Washington. Era, en palabras de Micky Kantor, uno de los hombres “que más duro ha trabajado para que el futuro de Norteamérica sea de prosperidad”.
Pero ahora, en la medida que el peso cayó, la suerte de Serra Puche declinó y subieron de tono las críticas, no sólo en contra suya sino del conjunto del gobierno mexicano. En algunas notas y editoriales el presidente mexicano fue considerado “inexperimentado”.
La crisis mexicana es seguida puntualmente por los noticiarios televisivos. La cadena de noticias por cable CNN reporta cada hora el estado de las finanzas mexicanas. Hasta chistes se hacen a costa del peso en los programas de entretenimiento; en la emisión del miércoles de Tonight Show, el popular David Letterman dijo que “el peso cae más rápidamente que los pantalones de Ted Kennedy en una fiesta de año nuevo”.
Curiosamente, es un diario no especializado, The New York Times, el que ha destacado más la nueva crisis mexicana, en tanto que un periódico financiero como The Wall Street Journal ha remitido el tema a páginas interiores.
La inclusión de Serra Puche en el gabinete zedillista fue originalmente bien recibida por los inversionistas extranjeros y por los medios; es una “señal de estabilidad”, dijo The New York Times el 1 de diciembre. Tres semanas después, este diario recogió versiones de inversionistas que clamaban contra Serra Puche, por efectuar una devaluación cuya posibilidad había negado unos días antes. Luego de que fue anunciado el primer ajuste, los inversionistas se quejaron de que Serra Puche y otros funcionarios mayores los habían engañado o, por lo menos, ignorado.
El 23 de diciembre, los dos principales diarios de esta ciudad recogieron versiones de la reunión de Serra Puche con banqueros y analistas, efectuada aquí el día previo. Según The New York Times, la reunión resultó fallida para el funcionario mexicano; “no lo encontré convincente”, dijo John F. Purcell, director gerente de investigación sobre mercados emergentes de la firma Salomon Brothers. “Creo –agregó– que les va a tomar mucho tiempo, probablemente el período de gobierno completo, para volver a ganar la confianza de los inversionistas”. Purcell reveló además que los asistentes habían expresado “una tremenda hostilidad y un sentimiento de traición”.
A la largo de esa reunión, aseguró The Wall Street Journal, Serra Puche ofreció disculpas por la forma en que el gobierno había manejado la situación. Este diario recogió además comentarios de banqueros y analistas en el sentido de que extrañaban los tiempos de Pedro Aspe Armella, quien solía llamarlos por teléfono incluso en la madrugada en momentos de turbulencia financiera, y en los que prácticamente pedían que el exsecretario de Hacienda de Salinas de Gortari volviera al gabinete.
El diario canadiense The Globe and Mail se ocupó también de los altibajos del peso… y de Serra Puche. Hace apenas unos días, afirmó el articulista Peter Cook el 23 de diciembre, se decía sobre México que un año de asesinatos, revueltas y elecciones no habían privado al país del rumbo político y económico estables que estaban en curso; el 16 de diciembre, recordó, Serra Puche dijo en rueda de prensa que la nueva administración mantendría la confianza de los inversionistas extranjeros, que han colocado 75,000 millones de dólares en México.
Todo eso cambió el 20 de diciembre, se quejó Cook, “cuando Serra Puche mismo disminuyó el piso cambiario oficial del peso frente al dólar estadunidense. Y cambió poderosamente cuando se permitió al peso caer más allá de su nuevo piso cambiario y cayó prontamente 20%; mexicanos comunes asediaron bancos y casas de cambio, y el propio Serra Puche hizo un viaje no planeado a Nueva York para suplicar la intervención del banco central de Estados Unidos”.
El articulista considera que el nuevo valor del peso puede resultar benéfico, pero señala:
“El problema, sin embargo, es que una crisis de corto plazo puede convertirse en una larga. El gobierno saliente de Carlos Salinas de Gortari pasó seis años reconstruyendo la confianza en el peso y diciendo a los inversionistas de su determinación para usar la moneda como un ancla para robustecer la política fiscal y monetaria. Ahora, esa política ha sido hecha a un lado, en cuestión de semanas, por un gobierno encabezado por su sucesor inexperimentado, Ernesto Zedillo.”
Cook prevé que la turbulencia amainará en pocos días. “Pero Zedillo ha empezado su presidencia con una devaluación, rompiendo por ello una tradición más bien innoble, según la cual los presidentes salientes devalúan para ser capaces de entregar a su sucesor el regalo de una moneda barata”.
Los medios dieron al gobierno mexicano un día de respiro, el 24 de diciembre, tras la recuperación del peso del día anterior. Pero en Navidad volvieron a la carga. The New York Times, en una nota de su corresponsal Tim Golden, advirtió el resurgimiento de problemas políticos en México a causa de la devaluación, entre ellos la inconformidad de la clase trabajadora por la contención salarial, y aseguró que pocos opositores están de acuerdo con funcionarios que culpan de la crisis a Salinas, Aspe Armella y al gobernador del banco central, Miguel Mancera Aguayo.
“Funcionarios” dijeron que uno de los exsubsecretarios de Aspe Armella, Guillermo Ortiz Martínez, y un asesor económico de Salinas, Fernando Clavijo, alegaron vigorosamente este año que las reservas en dólares del banco central era insuficientes para sostener el déficit en cuenta corriente. Aspe Armella se opuso tanto a la devaluación, dijo un funcionario, que se pensó que renunciaría si era ordenada. Pero “se considera que Zedillo también apoyó esa política en su momento”.
También The Wall Street Journal citó a “funcionarios” que culparon de la crisis al gobierno de Salinas de Gortari. “Los funcionarios dicen que algunas de las medidas de la administración anterior estaban basadas en preocupaciones políticas de corto plazo. Eso, combinado con una incomprensión de los cambiantes mercados financieros internacionales, donde las tasas de interés estaban creciendo, impidió que el gobierno anterior arreglara su problema monetario, dicen los funcionarios…”.
Esa nota comenta luego que Serra Puche anunció una rueda de prensa, para el 26 de diciembre por la mañana, pero la suspendió en el último minuto. “Serra pudo haber sido distraído porque su esposa está esperando un hijo (que nacerá) en cualquier momento”. El plantón de Serra Puche a los corresponsales extranjeros ameritó una larga nota de The Journal of Commerce, el 28 de diciembre, titulada “La debacle del peso revela fallas en la política de comunicación en México”. De entrada, el escrito señala que “una de las razones del caos de la semana pasada, con el peso perdiendo casi 30% de su valor frente al dólar, fue que Serra Puche careció de, o fracasó en instrumentar, un plan para comunicar la devaluación a los inversionistas y a los medios extranjeros”.
De acuerdo con el corresponsal Kevin G. Hall, “Serra Puche inmediatamente perdió el control del flujo de información. A diferencia de sus antecesores, él no envió personal a Wall Street para explicar; ni siquiera llamó a corresponsales escogidos cuyas publicaciones o cables son leídos por inversionistas que ahora se baten en retirada de México”.
Burlón, Hall recomendó la compra de equipo de fax módem –sistema de transmisión de documentos por computadora– para el área de prensa de la Secretaría de Hacienda. “Con 1995 a la vuelta de la esquina, la oficina de prensa de Serra Puche continúa faxeando manualmente la información –cuando hay– a la prensa extranjera. Hay tecnologías en el mercado que permiten faxear mucha información con el simple toque de un botón…”.
Remató: “incluso en los densos matorrales de la selva de Chiapas se ha sabido que el mañoso subcomandante Marcos se comunica con simpatizantes en la ciudad de México a través de tecnologías de satélite. El líder enmascarado… entiende la importancia de la buena comunicación”.








