La Secretaría de Comunicaciones y Transportes no era precisamente la cartera que buscaba Guillermo Ortiz Martínez sino la que tenía su jefe anterior, Pedro Aspe Armella, quien quedó fuera del gabinete por voluntad propia.
De todos modos, durante 29 días estuvo al frente de una dependencia controversial, por su relación con el control del tráfico de drogas a través de puertos, carreteras y espacio aéreo. A partir del 29 de diciembre, Ortiz Martínez es el nuevo titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en sustitución de Jaime Serra Puche.
Igual que el presidente Ernesto Zedillo, el nuevo titular de Hacienda forma parte del grupo de amigos de José María Córdoba Montoya, exjefe de gabinete de Carlos Salinas de Gortari. Capitalino de 46 años de edad, es egresado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cursó la maestría en economía en la Universidad de Stanford, donde también se doctoró en teoría monetaria, economía internacional y econometría, con la tesis Acumulación de capital y crecimiento económico, una perspectiva financiera de México.
En el sector público se inició como asistente de investigación en la Secretaría de la Presidencia, de 1971 a 1972. Luego llegó a ser gerente de la Dirección de Investigación Económica del Banco de México. De 1988 a 1994 fue subsecretario de Hacienda, donde tuvo a su cargo la reprivatización de la banca.
Este último proceso no estuvo exento de problemas. Fue polémica la forma en que se produjo la reprivatización de Bancomer, Banca Confía y Banco Unión, porque los procesos dejaban entrever que los concursos por las instituciones de crédito se dirimían por “dedazo” (Proceso 801). Cuando arreciaban las críticas contra Carlos Cabal Peniche por sus antecedentes de mal administrador y sus vínculos con políticos poderosos, Ortiz Martínez siempre salió al paso para defenderlo. En octubre se giró una orden de aprehensión contra el banquero yucateco-tabasqueño.
Ortiz Martínez tuvo un conflicto con Manuel Espinosa Yglesias, presidente de Bancomer hasta que José López Portillo estatizó la banca. No pudo recuperar la institución en el sexenio por culpa, dijo, del entonces subsecretario de Hacienda.
Espinosa Yglesias aseguró que le había tomado “al señor subsecretario de Hacienda cuatro horas” hablar con los consejeros de provincia de Bancomer para “convencerlos” de que no lo apoyaran en la readquisición del banco pues, según Ortiz Martínez, Espinosa Yglesias habría formado un monopolio bancario con los consejeros de provincia.
“El monopolio del que habla el señor Ortiz Martínez –dijo Espinosa Yglesias– no es diferente, en ese caso, al que tenían las casas de bolsa para entrar en cualquier subasta (de los bancos). Hay que recordar que éstas ganaron fuertes cantidades de dinero, y lo hicieron porque el gobierno les dio a ellas las mesas de dinero en lugar de a los bancos, que pertenecían al mismo y que tenía obligación de proteger.”
Luego expuso que las “cosas” que se dieron con la reprivatización bancaria en México “no ocurren en un país del primer mundo, al cual pretendemos pertenecer”.
E incluso habló del peligro que significaba haber hecho esas afirmaciones: “me han dicho que haber declarado todo esto me va a costar algo que recordaré hasta el fin de mis días”.
En calidad de subsecretario de Hacienda se empeñó en hacer carrera política. Aspiraba a tener el puesto de su jefe inmediato, el titular de la SHCP, Pedro Aspe Armella, con quien mantuvo una relación distante y a veces tensa. Ortiz Martínez no era gente de Pedro Aspe sino que le fue impuesto por presiones de Córdoba Montoya, según trascendió entre analistas económicos.
Así, por ejemplo, en Londres recientemente hablaba como futuro secretario de Hacienda del gobierno de Ernesto Zedillo. “El nuevo gobierno mexicano que asumirá el poder en diciembre deberá mejorar la infraestructura del país e introducir profundas reformas financieras, incluyendo una mayor supervisión de los bancos”, había dicho el subsecretario Guillermo Ortiz Martínez.
Durante la entrega de su oficina el 1 de diciembre, y luego de los discursos protocolarios, Aspe Armella se levantó y abrazó a Jaime Serra Puche, quien lo sustituía en el cargo. Vio a Carlos Ruiz Sacristán, su subsecretario en Hacienda, y le dijo: “mucho gusto, señor director”, aludiendo a su nombramiento como responsable de Petróleos Mexicanos. Aparentemente sorprendido al ver a Guillermo Ortiz Martínez, su otro subsecretario, recién nombrado titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, le dijo: “señor secretario, y yo aquí sentado…”.
En ceremonia privada, Serra Puche entregó la oficina al nuevo secretario de Hacienda el 29 de diciembre.








