Aunque en su carta de renuncia a la Secretaría de Hacienda Jaime Serra Puche aceptó como equivocación suya el haber elegido una estrategia gradual para enfrentar el elevado desequilibrio de la cuenta corriente, no fue él quien propuso la ampliación de la banda de flotación del peso, lo cual dio lugar a una mayor especulación y posteriormente a la libre paridad y a la consiguiente inestabilidad económica: quien lo hizo fue el sector privado.
Así lo reconoció Germán González Quintero, presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), quien confirmó de esta manera la parte sustancial de lo que ocurrió el 19 de diciembre, durante la reunión del Pacto.
Ese día cambiaron los estilos, según fuentes cercanas a la negociación. En el sexenio anterior el secretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe Armella, llegaba a las reuniones del Pacto con la propuesta hecha y, sólo para guardar las formas, preguntaba rápidamente si alguien tenía una opinión.
Serra Puche no parecía tener el paquete armado y planteó a los asistentes: “hemos pensado en la posibilidad de devaluar el peso y dejar la paridad libre”.
Una parte de los representantes del sector privado se opuso. Entre sus argumentos: el Banco de México debía “aguantar” las presiones contra el peso y no premiar a los especuladores.
La preocupación que reflejaba el planteamiento del entonces secretario de Hacienda no era para menos: la demanda de dólares estaba sangrando las reservas y, aunque no se manejaron cifras, se estimó en ese momento que habían caído a 12,000 millones de dólares, después de andar en 17,500 millones en octubre.
Finalmente se halló una salida intermedia, a propuesta del sector privado. Ni paridad libre ni inmovilismo cambiario: un nuevo tope a la banda de flotación que implicaba la devaluación de 15%.
El sector obrero, que esperaba en otra sala, estuvo de acuerdo. Condicionó su aceptación a que aumentaran los salarios dentro de seis meses, si la paridad de la moneda no bajaba como lo prometía el secretario de Hacienda.
Pidió, además, que en la redacción del Pacto no se manejara en pesos la nueva paridad; es decir, que no se dijera que pasaba de 3.40 a 4.20 pesos sino que sólo iba a subir 53 centavos.
A su vez, Serra Puche insistió en que la redacción del nuevo Pacto aludiera, en repetidas ocasiones, a la culpabilidad del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. La propuesta fue rechazada por los empresarios; la reiteración podría resultar contraproducente.
Dice Germán González Quintero: “Serra Puche llevaba la propuesta del doctor Zedillo de sacar las manos del Banco de México y poner el peso a flotar, desde el principio. El sector privado propuso ampliar la banda y se aceptó. Son decisiones. En ese momento salió mal, como pudo haber salido bien. La justifico de esta manera: había el temor de que si se dejaba flotar la paridad desde el principio, podía tenerse un desquiciamiento financiero. Como de hecho está ocurriendo. No hay precio y se vuelve la locura. Se trató de que no hubiera inestabilidad y no se pudo”.
–Resultó peor la ampliación de la banda, porque generó mucha más desconfianza…
–El mercado reaccionó ilógicamente. Se abrió y se suponía que nadie iba a pagar más de lo que vale el dólar, y sí lo pagaron. Se abrió más todavía y lo siguieron pagando. Fue ilógico. La desesperación por comprar dólares fue inusitada. Si la medida hubiera dado resultados, todo mundo estaría aplaudiendo.
OTRA REUNION DE EMERGENCIA
La segunda reunión de emergencia del Pacto fue el miércoles 21 de diciembre. El líder de los comerciantes cuenta que Serra Puche les informó que no había resistido la banda, que se estaba desmantelando el Banco de México con la demanda de dólares, que habían dado una peinada terrible a las reservas en tres días. Había que retirar el Banco de México del mercado, sacar las manos y que flotara la paridad.
“Ese día Serra estaba más que preocupado. Desafortunadamente, el anuncio de esas dos medidas, primero la ampliación de la banda y luego la libre flotación, se percibió mal en Estados Unidos. No se entendió la intención de la primera medida. Como que se quedó corta la idea… Es impredecible el mercado.”
De manera cada vez más abierta, el sector privado responsabiliza al gobierno anterior de la devaluación del peso, por no aplicarla a tiempo. El gobierno mantuvo una paridad artificial. Los signos de peligro se presentaron desde junio, cuando dejaron de entrar capitales en el país y ya no se podía financiar el déficit comercial. Los empresarios aseguran que se lo dijeron varias veces al gobierno anterior y por escrito propusieron al candidato Zedillo la liberación de la paridad.
Sin embargo, de todo esto no se acordó la iniciativa cuando le tributó un inusitado homenaje al presidente saliente, Carlos Salinas de Gortari, por haber transformado el país y “por habernos servido desde el más alto cargo de la nación”, expresó emotivo el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Luis Germán Cárcoba García, el 23 de noviembre.
“El tamaño del cambio es verdaderamente espectacular”, dijo.
En sexenios anteriores, a los empresarios y al pueblo en general agobiaban la deuda, la espiral inflacionaria, las devaluaciones o el desequilibrio social. “Hoy, nuestras condiciones son otras”.
Los empresarios le dieron un largo aplauso puestos de pie. Cárcoba García le entregó una charola de plata, donde venía inscrito un reconocimiento del gremio. “La memoria nacional lo tendrá como el gran reformador. Carlos Salinas de Gortari, mexicano universal”, decía, entre otros elogios.
Hoy, el presidente de la Concanaco asegura que el gobierno anterior cometió dos errores de importancia: no devaluar a tiempo el peso y convertir la atracción de capitales golondrinos en eje de la política económica. En el sexenio anterior, dijo, se cambió la dependencia del precio del petróleo por el ingreso de inversiones foráneas. “Fue un error depender del petróleo, como también lo es depender demasiado de las inversiones de bolsa”.
Explica:
“En la pasada administración, la seguridad económica se basó en la inversión en bolsa, que compensaba la balanza comercial. Pero la inversión de riesgo es mejor, porque produce crecimiento, empleo y trae tecnología; una vez que llega ya no se va. Las inversiones en bolsa siempre son amenazantes, ante cualquier cosa. Requerimos inversión, pero que la política nacional no se preocupe nada más por eso sino por apoyar las empresas mexicanas. Los que producimos aquí damos empleos. La compraventa de acciones no está sujeta a pagar impuestos, pero una empresa sí. Hay que atraer capitales, pero que le den igualdad de trato al nacional, sobre todo para que las empresas pequeñas y medianas puedan operar en la bolsa de valores.”
Asegura que desde que era secretario de Comercio, Serra Puche era un defensor de la inversión golondrina, pues consideraba que equilibraba el déficit de la balanza comercial. “Pero ese tipo de inversionistas son muy delicados ante cualquier síntoma que les parezca. Esta vez, se juntaron varios: pocas utilidades de las empresas en bolsa, problemas políticos, inseguridad, y se fueron… El doctor Serra creyó que nunca se irían los capitales. Tenía una inmensa seguridad en México y en los inversionistas. Pero hay que ver el marco mundial, que luego se nos olvida. En todo el mundo hay una competencia increíble por capitales. Brasil, por ejemplo, está dando 100% de utilidades en bolsa, en dólares y al año. México da muy por abajo de eso. Entonces, ¿en dónde invierten?, ¿aquí o allá?”.
Otro síntoma preocupante que no se tomó en cuenta en el sexenio anterior fue la sobrevaluación del peso. “Eso lo veíamos y siempre lo comentábamos. La sobrevaluación propiciaba más importaciones y menos exportaciones. Definitivamente, eso nos estaba afectando. Era la postura de la Concanaco y nunca convencimos al gobierno de lo contrario”.
–Pero también Serra se contradijo: aseguró que no se iba a devaluar y finalmente lo hizo.
–Por eso se sienten engañados los inversionistas. Pero son actores de lo mismo que critican. Es decir, se quejan de lo que provocaron al retirar sus dólares. La moneda no se devaluó y por eso retiraron el dinero sino que se devaluó porque lo retiraron. No es una devaluación que el gobierno haya decidido o decretado. De ninguna manera. Hubo síntomas, situaciones, que fueron induciendo a que los inversionistas decidieran que México no es bueno para invertir y se llevaron sus fondos.
Ahora, el sector privado en pleno propone que el nuevo programa económico que se anunciará esta semana contenga una definición sobre la reducción del gasto público, sobre un programa de reordenamiento financiero y sobre un esquema de apoyo decidido al desarrollo de las medianas, pequeñas y microempresas.
La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación consideró que el aumento de la producción y el empleo no puede aguardar más tiempo. “Sólo la mejoría en las condiciones de operación de las empresas y la recuperación del mercado interno nos permitirán remontar las difíciles circunstancias que afrontamos”.
Consideró que aun cuando en 1994 los indicadores macroeconómicos parecían confirmar la recuperación económica, a nivel de sectores y empresas se mantiene el comportamiento heterogéneo que ha caracterizado el desempeño de la producción fabril en los últimos años.








