Ratificaciones y despojos

–Las tendencias inmovilistas de parte del gobierno en los medios de comunicación parecen acrecentarse con cada nombramiento. En los últimos ochos días destacan dos por las implicaciones tanto de continuismo como de ineficiencia que traen consigo:
–Jorge Medina Viedas fue nombrado titular de la agencia informativa del gobierno, Notimex. El funcionario fue durante el sexenio pasado titular de RTC. de donde salió para irse como jefe de prensa a Gobernación. En su paso por ambas instancias dejó tras de sí una estela de censuras y arbitrariedades. Participó en el proyecto de la nueva ley cinematográfica que anuló la protección al cine mexicano y también preparó la vía para que COTSA fuera vendida.
–Por su parte, Alejandro Montaño fue ratificado al frente de RTC. Al iniciar el sexenio fue nombrado director de Radio Educación. La comunidad de la estación lo recuerda por sus intentos de censurar todo aquello que, según su parecer, no conviniera a una emisora del Estado. Trabajadores de base como Emilio Ebergenyi, quien aceptó colaborar en su administración, renunció meses después ante la imposibilidad de llevar adelante un proyecto coherente. Desapareció el programa Sinapsis, de Mario Díazmercado, y este fue obligado a dejar la emisora. Cuando Montaño se fue, todos respiraron tranquilos. Pero llegó con sus mismas intransigencias al Instituto Mexicano de la Radio (Imer), grupo de radiodifusoras del gobierno dependientes de Gobernación. Ahí, se quejaron los trabajadores, intentó cerrar los espacios a la crítica, promovió programas que luego no pasaron al aire como la telenovela Cuatro mujeres y llevó a cabo una política de restricciones y cortes a la libertad de expresión, al mismo tiempo que protegía a funcionarios como Fernando Carmona Collins, gerente de Opus 94, acusado por la locutora María Guzmán de haber sacado al locutor en turno de la cabina con improperios y en estado de total ebriedad. Esas denuncias, como otras más, no quitaron el sueño a Montaño. Sin embargo, su máxima obra al frente del Imer fue desaparecer Radio Rin como emisora destinada al público infantil. Con esos ejemplares antecedentes llegó a RTC. Al frente de esa dependencia protagonizó un escándalo al enviar a Radiorama una carta que hizo pública el periódico Reforma el 12 de enero de este año, en la cual pedía “no transmitir testimoniales”, llamar a los zapatistas solamente “grupo armado” e informar únicamente a partir de los boletines oficiales. Como premio a los buenos servicios prestados al sistema se queda en su puesto.
Mientras tanto, el sabotaje continúa en contra de Televerdad. Ahora se trata de un robo. Igual que cuando a la cooperativa Canal 6 de julio le hurtaron tres veces su equipo. A media noche, cuando sólo están una o dos personas en la caseta de transmisión, un grupo presuntamente de judiciales llegó a despojar a la emisora de sus aparatos. Parece sin embargo que para acallarla tendrán que despojarla de algo más que transmisores y grabadoras: suprimirle a sus impulsores el deseo de hacerle un hueco a la radiodifusión privada sentando el precedente de una radio libre.
La televisión privada, lo mismo que la radio y muchos periódicos, se conservan en la línea de darle a su público gato por liebre. Una homogénea campaña se desató en torno a los orígenes de la devaluación del 20 de diciembre. Según su torcida interpretación, servida en bandeja oficial por el secretario de Hacienda, la baja del peso se debió a la ruptura del cerco militar sin disparar un solo tiro, que lograron las tropas zapatistas en Chiapas. Una noche antes para reportar el hecho, Jacobo Zabludovsky utilizó como fuente a una “señora que me habló desde una posada en Comitán” para asegurar que nada sucedía en aquel poblado y menos en los altos del estado sureño.