Los chupasangre

Anne Rice, la escritora de moda en los Estados Unidos gracias a sus bestsellers: Entrevista con el vampiro, Usurpadores de cuerpos y Lestat, el vampiro –Vampire chronicles– se estrena ahora como guionista adaptando el Libro Primero de sus crónicas en Entrevista con el vampiro (Interview with the vampire, EUA, 1994), de Neil Jordan, el más reciente éxito de taquilla en los Estados Unidos y que es estrenado en México en estas fechas de amor y de paz.
La adaptación a la pantalla grande de los tenebrosos criados en la mente de esta ama de casa que un día se dedicó a escribir sus crónicas vampíricas sobre un vampiro posmoderno que no le teme al ajo ni a los crucifijos, consigue una cinta de altibajos con momentos inquietantes, pero nunca sumergiéndose de lleno en las fuerzas oscuras que se debían mover para que el asunto fuese lo profundo y lo perturbador que merece.
Hubo, por supuesto, una serie de concesiones taquilleras, la más irreparable el hecho de asignar los papeles principales de los vampiros a dos niños bonitos y buenos de Hollywood, Tom Cruise, como el misterioso Lestat, y Brad Pitt en el papel de Louis de Ponte du Lac, a quienes el disfraz y la personalidad de vampiros les queda espantosamente grande, mientras que Armand, el vampiro con más personalidad, interpretado por el español Antonio Banderas, aparece muy poco tiempo y uno nunca logra la identificación con esos falsos seres nocturnos que, como buena parte de los neoyorquinos mismos, visten de negro y viven de noche.
A pesar de los esfuerzos del realizador irlandés Neil Jordan (director de la exitosa Juego de lágrimas) por lograr ambientaciones extrañas –en Nueva Orleans, San Francisco, París, y los Pinewood Studios en Gran Bretaña–, por sus movimientos de cámara subjetivamente vampíricos, la película no logra despegar del suelo por la nula fuerza dramática de los actores. Por otro lado, si la historia original tiene puntos tenebrosos en los cuales un guionista inteligente podría sostenerse, aquí parece que la autora Anne Rice considera al cine como la versión banal de la literatura e incluye secuencias hollywodescas como las peleas de cantina en el sótano de los vampiros, que contrastan con la tristeza hipnótica y erótica de sus libros.
Hay detalles en los que ella misma no respeta sus propias tesis, como aquella de que cuando un vampiro llora, sus lágrimas son de sangre. En la película, las lágrimas de Louise son tan transparentes como su propia presencia. No deja de haber elementos morbosos y visualmente exquisitos, como la creación y la muerte de Claudia, la amada niña vampiro (Kirsten Dunst) y su idílica e incestuosa relación con Louis.
En fin, Entrevista con el vampiro es un desperdicio de talentos creativos que creen que nada cuesta hacer una que otra concesión con los productores, pero que en realidad de gota en gota terminan dejándose chupar la sangre. Y nos despedimos deseando que 1995 sea un mal año para los vampiros y un año de paz con dignidad para los hombres de buena voluntad.