“En mi novela Una de dos conjugo forma y fondo de una manera justa. Siento que en ella, y a diferencia de mis otros libros, importa más el cómo que el qué”, afirma Daniel Sada de su más reciente obra de ficción publicada por la editorial Alfaguara.
El escritor, originario de Mexicali, Baja California, nacido en 1953, fue incluido en la colección Alfaguara Hispánica al lado de Bárbara Jacobs, Carmen Boullosa y Héctor Aguilar Camín. Estos narradores forman parte de una promoción editorial que intenta dar a conocer a los autores mexicanos en España y a los hispanos en México. En esa misma colección también sobresalen las obras de Carlos Fuentes, Homero Aridjis, Juan Villoro e Ignacio Solares.
El primero de ellos los presentó ante el público español el 22 de noviembre pasado en el Palacio de Linares, hoy Casa de América, en Madrid. Fuentes repartió elogios y buenos augurios a sus colegas y compatriotas que intentan llamar la atención de los lectores españoles. Carmen Boullosa prueba suerte con la novela Duerme; Bárbara Jacobs, con Vida con mi amigo, narración de tintes intimistas; Daniel Sada, con la novela corta Una de dos, y Héctor Aguilar Camín, con la reedición bajo el sello Alfaguara de La guerra de Galio.
Luego de viajar por diversas ciudades españolas e intercambiar puntos de vista con escritores, críticos y lectores, Daniel Sada ve desalentador el panorama para los escritores mexicanos:
“Un importante grupo de críticos y escritores consideran que las novelas de sesgo político como La guerra de Galio es una literatura que llega tarde a España, pues este tipo de narraciones estuvieron en boga allá por los setenta. En cuanto al libro de Carmen Boullosa, Duerme, compite desventajosamente con los libros de José María Merino, erudito en las culturas azteca y maya, y Carlos Fuentes, que le antecedieron en el tema de la fusión o encuentro de dos mundos.”
Según Sada, “las historias sobre el nuevo mundo poco importan a los lectores hispanos”. Además, el escritor percibió que “la literatura que aborda el tema de la pareja esta muy probada, por eso libros como Vida con mi amigo la tienen muy difícil en cuanto al acceso del lector medio”.
Sobre el destino de su libro Una de dos, el narrador del desierto mexicano sostiene que su destino en tierras españolas, al igual que las obras de sus compañeros de oficio, es incierto: “lo que se escribe allá y los gustos de los lectores son muy diferentes”.
Sardónico señala que lo único que le llamó la atención fue la curiosa definición acuñada por Carlos Fuentes respecto de su literatura: “la prosa de Sada es una mezcla del lenguaje cantinflesco con el de Góngora”.
UNA DE DOS
Precisamente una de las características del trabajo literario de Sada es su amor por las formas métricas, así como la riqueza y los hallazgos léxicos de la tradición vernácula de los pueblos norteños de México.
Así lo explica el narrador: “desde que inicié la escritura de mi novela decidí no ser demasiado enfático con el lenguaje. Uno de los cambios en relación con mis anteriores libros consistió en utilizar frases cortas, diálogos y, sobre todo, ceñirme exclusivamente a la historia, sin divagaciones de ningún tipo. La intención es meter al lector de inmediato en la anécdota. Por primera vez escribo un libro en que el lenguaje no estorba. Siempre se imponía el cómo y el lector tenía que descubrir la historia entre los sortilegios del lenguaje”.
Cultivador y amante del relato corto, Sada aclara que en la redacción de Una de dos siguió el modelo de Aura de Carlos Fuentes; Bartleby, de Herman Melville, y Los crímenes de la calle Morgue, de Poe:
“La gran posibilidad de la novela corta es que el lector la puede hacer suya, convertirla en una historia personal, releerla varias veces, encontrar sutilezas y la hilaza que en una primera lectura no se descubren. Parto de un supuesto que aplico para el arte del relato corto: un buen cuento es aquel que se lee de una sentada y nunca se olvida.”
Entusiasmado, agrega:
“Lo que pretendí con Una de dos fue escribir una historia que no se olvidara.”
–En sus relatos, ¿los personajes viven en un estado de excepción?
–Siempre busco las situaciones límite donde una decisión puede transformar el curso de una vida, y si no se opta por una u otra alternativa, las cosas siguen igual. Hay un cierto desencanto en mis personajes y, sin embargo, no hay queja permanente. Ellos saben que hay una desesperanza y un escepticismo. También ocurre que un accidente puede incidir en un estado de ánimo de por vida. En todas mis historias es así.
–¿Qué otras características observa en sus relatos?
–En las historias que narro invariablemente impera un dualismo. Vislumbro dos caminos, una bifurcación de vías. Cualquier persona intuye que si se decide por una determinada vía va a transformar todo su sistema de valores.
“Siempre tuve la inquietud de hacer manifiesta esta dualidad y hacerla encarnar en dos personas. Por eso decidí escribir una novela sobre unas gemelas. Algo que llama mi atención es la posibilidad del doble. Hay una vieja superstición pueblerina de que todos tenemos un doble en algún confín del mundo. Entre millones de existencias resulta que hay alguien que es justamente como uno. Entonces cabría la pregunta: ¿qué le pasaría a mi vida si yo conociera a mi réplica? Tendría él las mismas ilusiones, defectos, virtudes y vicios. Si me lo topara, seguramente, cambiaría mi vida y tendría mayor conciencia de mi destino. Cuando hay un gemelo que vive y sufre lo mismo que el otro, la vida se vuelve real y apabullante. Entre ellos el conflicto de la identidad es perpetuo.
“Quizá nadie lo había advertido pero el tema de la dualidad, de los gemelos y el doble ha sido abordado en una docena de películas mexicanas, por ejemplo, en Los tres huastecos, estelarizada por Pedro Infante, y en una de Cantinflas, entre otras.”
–¿En sus relatos los personajes están empeñados en una lucha desesperada contra el atavismo?
–En efecto, en ellos trato de resumir la psicología del mexicano. Creo que la mayoría de mis compatriotas detestan su origen. No quieren aceptar lo que son. No importa que sean ricos o pobres, de rasgos indígenas o españoles, altos o chaparros: prevalece invariablemente el conflicto de la identidad. De ahí el deseo fervoroso por el poder, pues se supone que él nos da identidad.
“No es cierto que el mexicano haya roto con los tabúes. Al contrario, los solapa y los trata de ignorar. Estos están presentes en todos los ordenes de la vida. Por eso seguimos votando por el Partido Revolucionario Institucional, pues es mejor bueno por conocido que malo por conocer. Esta realidad la reflejo en mis relatos dando vida a personajes que desean cambiar pero al final se impone el tabú. El cambio es lo desconocido y puede ser un engaño multidimensional. En otros términos, existe el deseo por un destino diferente, pero prevalece la duda.”
–¿En eso consiste el drama del hombre contemporáneo?
–No. El hombre moderno no es trágico, es tragicómico, pues tiene la ilusión de que va a cambiar algo, y eso es demasiado grotesco y cómico.
–¿Podría hablarnos de su obsesión por el lenguaje?
–Una de mis preocupaciones como escritor es crear mundos cerrados. En el lenguaje y el entorno. El lenguaje que utilizo en mis relatos es un terreno acotado. Hay un glosario limitado pues no me puedo dar el lujo de recurrir a palabras como metempsicosis o axiomático.
“No, definitivamente no. Al escribir tengo que escoger el vocabulario más adecuado para contar las historias que pasan por mi mente. Por otra parte, siento que explorar en el lenguaje vernáculo es tan difícil como hacerlo en la metafísica. El léxico popular es un enorme caldero lleno de misterios por resolver”.
–¿Cómo ve a los escritores contemporáneos?
–Hay una vertiente de escritores eruditos, de falsos eruditos, que quieren meter el mundo en una novela. Se ufanan de manejar muchas referencias, pero la realidad es que no conocen nada, más que de oídas. Muy superficialmente. Yo le pediría a los escritores que conocieran sus temas a fondo. No es ético hablar con autoridad de lo que uno ignora. Busco en los libros de mis contemporáneos sabiduría, no erudición.








