Acusa Miriam Molina a las autoridades del INBA por no haberle dejado aplicar la normatividad en sus museos y hacer fallida su coordinación

La museógrafa Miriam Molina responde rápido al porqué de su remoción como titular de la Coordinación Nacional de Artes Plásticas: “tuve que remar a contra corriente en el Instituto Nacional de Bellas Artes”. Se queja de falta de apoyo e, inclusive, desdén por parte de las autoridades del INBA a su trabajo, a sus propuestas, específicamente del director general y el subdirector, Gerardo Estrada e Ignacio Toscano, respectivamente.
En su carta de renuncia, dirigida al presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), Rafael Tovar y de Teresa, la también directora del Museo del Palacio de Bellas Artes desliza su desavenencia con Estrada al argumentar que la dimisión conviene a sus propios “intereses y convicciones”.
Molina, quien se ufana de haber sido discípula del museógrafo Fernando Gamboa, fue nombrada coordinadora de Artes Plásticas por el entonces presidente del CNCA, Víctor Flores Olea, en enero de 1990. Dos años después se hizo cargo, al mismo tiempo, de la dirección del museo.
Al comenzar este nuevo sexenio, Miriam Molina esperaba ser ratificada en ambos cargos. Sin embargo, según su versión, la semana pasada la llamó a su oficina el director general del INBA, Gerardo Estrada.
–Va a haber cambios en tu área –le confirmó
–¿En las dos? ¿El museo y Artes Plásticas?
–En las dos.
–Te mando mi renuncia
Cuenta:
“De hecho, ya la traía en la bolsa, pero decidí mandársela directamente a Rafael Tovar, que fue quien me ratificó en los puestos, no el doctor Estrada.”
De su salida del INBA, considera que es resultado de haber tratado de ir “en contra de la corriente”. Explica: “cuando a mí me llamó Víctor Flores Olea, mi encargo era el de poner orden en los museos, básicamente. La idea era aplicar la normatividad correctamente a los recintos”.
La también exdirectora del museo Carrillo Gil propuso la formación de un organismo que regulara la actividad de los museos pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes, que habría estado integrado tanto por los directivos del INBA, como por los titulares de los recintos.
“Se trataba de crear un equilibrio para determinar el rumbo de la política cultural en Artes Plásticas. Coordinar la programación de exposiciones, definir homenajes, establecer exposiciones periódicas de grandes artistas, en fin, lo que buscaba era una especie de Colegio que llevara a cabo estas tareas de manera democrática, para evitar que fuera una sola persona quien tomara las decisiones”, dice.
Actualmente, continúa, todo se origina y decide en los propios museos, pasando por encima de la Coordinación Nacional de Artes Plásticas: “los directores de los museos acuerdan directamente con el director o el subdirector del INBA. A nosotros nos hicieron a un lado y nos tuvimos que limitar a la talacha, al papeleo administrativo de los mismos museos”.
La idea de la Coordinadora de Museos buscaba darle congruencia a la política cultural de Artes Plásticas, y eliminar los cotos de poder en los museos. Sin embargo, pese a los varios oficios que le envió a sus jefes sobre el tema, Molina se queja de no haber recibido respuestas satisfactorias. “Se hicieron muchos planes, pero nunca se llegó a concretar nada. Se habló inclusive de cómo se iba a estructurar esta Coordinación, hay muchos documentos, hubo reuniones con las directoras de los museos, hubo cambios en Bellas Artes y nada. Apenas ahora se volvió a retomar la idea, pero nunca hubo una reunión, y si la hubo, a nosotros, que supuestamente estamos a cargo de esa área, no nos invitaron”.
Otra de sus discrepancias con la dirección del INBA se dio cuando la Sociedad de Amigos del Palacio de Bellas Artes pretendió llevar a cabo una cena en la Sala Nacional del recinto. En esos días estaba montada una exposición del pintor Ricardo Martínez.
Relata: “me opuse terminantemente. Está bien que se requiera de financiamiento, pero no puede ser por encima de la dignidad de Bellas Artes. La Sociedad de Amigos quería realizar su cena a cambio de donar focos al palacio. Era un sacrilegio en contra de los artistas plásticos de México. Me opuse como directora del museo. Se cambió el proyecto y quedó sólo en coctel, a lo que también me opuse. Se desmontó la exposición de Ricardo Martínez, y Gerardo Estrada ordenó colgar algunos cuadros en las paredes de la Sala Nacional para que adornaran el coctel. Finalmente no se llevó a cabo”.
Miriam Molina atribuye a este enfrentamiento, en buena medida, su salida del INBA: “Ahora estoy asumiendo los resultados. Pero lo hice por convicción”. Ya en el desempleo, manifiesta su interés por formar una fundación cultural con el apoyo de la iniciativa privada.