SAN FRANCISCO, CA.- Como prófugo, Manuel Muñoz Rocha tiene muy buena suerte o planea metódicamente cada paso que da, pues no ha dejado ni una sola pista que la Procuraduría General de la República (PGR) pueda seguir. Y la única vez que aparentemente se le vio, el 19 de octubre en San Antonio, Texas, no lo reconocieron dos agentes federales estadunidenses y tres policías de San Antonio.
Desde entonces, nada. Pero no por ello pierde sueño el agente mexicano encargado de coordinar, en Estados Unidos, la búsqueda del prófugo. “El buen policía es como el árabe: se sienta en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del enemigo”, dice Juan Miguel Ponce Edmundson.
En una discreta oficina en el Consulado de México en Los Angeles, el coordinador fronterizo y agregado regional de la PGR recibe todas las llamadas relacionadas con Muñoz Rocha y se coordina con agentes federales estadunidenses, quienes están cooperando con las autoridades mexicanas en la búsqueda.
Convaleciente de una operación, la barba crecida, Ponce Edmundson sabe cómo esperar: “hay que tener paciencia. Muñoz Rocha va a cometer un error. Nunca falla, siempre cometen algún error. Un día de estos le va a doler el estómago y va a tener que ir al hospital. Entonces tendrá que usar su tarjeta de crédito. O le van a dar ganas de llamar a su esposa o de hablar con sus hijos. Algo”.
Situaciones como estas le darían a la PGR la pista necesaria para encontrar a uno de los presuntos autores intelectuales del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Ponce Edmundson reconoce: “mientras no cometa un error, nuestros esfuerzos son como buscar una aguja en un pajar”.
Es más, dice, “no descartamos que esté en Estados Unidos, pero no podemos asegurar algo así. Existe una hipótesis de que podría estar en ese país, porque tiene amigos y parientes en el Valle de Texas, principalmente en Brownsville y McAllen, en lo que constituye una costumbre de la gente de Tamaulipas. Pero eso no significa que sí lo esté. No tengo ninguna información que me permita afirmar eso con un gran margen de seguridad”.
Por lo pronto, la estrategia de Ponce Edmundson consiste en dos líneas. La primera es dar seguimiento a las llamadas que están llegando a los consulados mexicanos, de personas que ofrecen pistas sobre el paradero de Muñoz Rocha.
Considera que la recompensa de un millón de dólares ofrecida por el gobierno mexicano por la captura del prófugo es “un gran aliado y un gran enemigo. Cualquiera nos va a llamar porque vieron a alguien `igualito'”.
Explica que la PGR ha hecho “un análisis profundo de los gustos y la personalidad de Muñoz Rocha”. Conoce sus gustos alimentarios, musicales y de colores preferidos en su ropa. “Los colores uno no los cambia, aunque uno quiera cambiarlos; el subconsciente siempre lo dirige a ciertos colores fundamentales”, indica.
Y agrega: “así, si alguien nos llama y nos dice que vieron a un hombre igualito a Muñoz Rocha, que usaba unos zapatos de charol rojos, o lo vieron cuando estaba escuchando música ranchera, ya sabremos si descartar o tomar en cuenta la llamada”.
Según el policía mexicano, Muñoz Rocha viste ropa estadunidense, “muy elegante”, y tiene “la apariencia de un gringo que se quedó en la era de Travolta”. Considera que su trabajo se hace aún más difícil debido a que muchos en Estados Unidos caben en ese molde.
Cuenta que una empleada del consulado de México en San Antonio, Texas, regresó a su oficina comentando que, mientras desayunaba en el Nordstrom Mall, había visto a alguien muy parecido a Muñoz Rocha. “El cónsul general nos lo informó, y me trasladé a San Antonio. En la tienda de ropa Sacks Fifth Avenue, estaba un estadunidense delgado, con bigote y pelo entrecano. Se lo mostré a la empleada y me dijo: `¡sí es este, es este. Es igualito!’. Pero desde luego, no era él. Si Muñoz Rocha ha estado en San Antonio, este tipo de incidentes espantan a la paloma”.
La segunda línea de investigación es la activa. Dependencias policiales federales y municipales estadunidenses están en alerta, particularmente a lo largo de la frontera. Pero la aprehensión de Muñoz Rocha se podría producir en cualquier parte de Estados Unidos, pues la PGR ha solicitado, a través de la embajada estadunidense en México, la detención provisional, en este país, de Muñoz Rocha con fines de extradición. Para ello, la Procuraduría General de la República ofreció como punto de identificación las huellas digitales que el prófugo dejó registradas cuando solicitó su visa turística al Departamento de Estado.
Esto significa, explica Ponce Edmundson, que “si un policía en el estado de Montana, aunque sea uno de esos que creen que la capital de México es Río de Janeiro, detiene a Muñoz Rocha porque se pasó un alto, va a encontrar en la computadora policial la orden de que se le detenga”.
Ponce está coordinando esfuerzos entre las autoridades mexicanas y el Buró Federal de Investigaciones (FBI), Aduana de Estados Unidos, U.S. Marshall (que custodia a los presos y persigue a los prófugos) y los Servicios de Inmigración y Naturalización. La Interpol, a la que pertenecen 140 países, también está en alerta.
Por lo pronto, Ponce Edmundson considera que Muñoz Rocha debe “estar muy asustado. Posiblemente esté escondido en algún rancho. Pero ya saldrá. Todos siempre cometen algún error”.








