Perdió México el juicio contra González Calderoni No será extraditado el superpolicía de Salinas que “investigaba a los políticos”

MCALLEN, TEXAS.- Ante la Corte Federal de este distrito, el gobierno mexicano volvió a perder: igual que en los juicios de César Fentanes y José Cruz Contreras –con acusaciones débiles y no probadas–, el juez Peter E. Ormsby dictó la libertad absoluta de Guillermo González Calderoni y, por tanto, negó su extradición.
Los argumentos acusatorios que presentó el gobierno de México ante la fiscalía, a consideración del juez, carecen de valor porque, bajo protesta de decir verdad, varios testigos afirmaron haber declarado en contra de González Calderoni debido a que fueron presionados por Jorge Carpizo (Proceso 944).
El juez Ormsby negó la extradición de González Calderoni el miércoles 21, después de una hora 15 minutos de sesión.
El fiscal Michael McCormick pretendió convencer al juez de que el acusado debería de ser extraditado a México, porque “hay constancia de que existe el delito de tortura y abuso de autoridad por el que se le juzga”.
Ante la insistencia de McCormick, el juez Ormsby expresó que con base en los elementos aportados por el gobierno mexicano, el delito sí existe, pero no hay pruebas de que quien lo cometió haya sido González Calderoni, “porque quienes dice el gobierno de México que fueron torturados, aquí no acusan a González Calderoni. Eso es lo que el gobierno mexicano debe investigar, para saber quién es la persona que cometió esos delitos”.
Concluida la sesión, familiares y amigos de González Calderoni, unos con lágrimas en los ojos, lo felicitaron.
A la salida, César Fentanes, que desde junio de 1993 hasta septiembre de 1994 enfrentó dos juicios de extradición por fraude y evasión fiscal en la misma Corte Federal, y declarado libre por “falta de pruebas aportadas por el gobierno mexicano”, dijo a Proceso:
“El gobierno de México no da una. Con este ya son tres juicios de extradición que pierde aquí. Y cómo quiere ganarlos si las averiguaciones y las acusaciones son siempre puras mentiras.”
El otro juicio de extradición al que Fentanes se refería es el de José Cruz Contreras, quien en 1989 fue acusado por el gobierno mexicano de haber abastecido de armas a Joaquín Hernández Galicia, La Quina.
En los pasillos de la Corte, Jaime González Carrancá, representante de la Procuraduría General de la República (PGR) en San Antonio, Texas, se negó a responder cualquier pregunta.
González Calderoni dijo sentirse “muy contento” con el fallo.
–¿Qué va hacer ahora?
–No sé todavía qué voy ha hacer. Estoy contento. Se hizo justicia.
–¿Piensa volver a México?
–No, no, no. Qué voy a volver a México…

LA PERSECUCION

Ya en libertad, entrevistado en su casa, al oriente de McAllen, González Calderoni dice al reportero:
“Cuando Jorge Carpizo tomó posesión como procurador, yo ya sabía que querían aprehenderme, acusándome de las muertes de los Quijano Santoyo y de torturar a varias personas más. Logré evadirme porque uno de mis agentes, que había estado unos días antes en México, se percató de una guardia que había en el aeropuerto de Monterrey. Eran 30 agentes de la PGR comisionados ahí para detenerme.”
En ese tiempo, dice, estaba trabajando en Monterrey sobre la captura de Juan García Abrego. “De Monterrey me vine a Estados Unidos. No tenía nada que hacer en México. Sabía que si seguía me iban a agarrar para llevarme al penal de Almoloya o matarme”.
–¿Matarlo? ¿Por qué?
–Por ser uno de los hombres mejor informados de México. A mí se me encomendaron varios de los trabajos más difíciles del sexenio. Por ejemplo, parte del asunto de La Quina, a quien yo fui el primero en interrogar y recomendarle que firmara las declaraciones en su contra que ya estaban hechas. La detención de Miguel Angel Félix Gallardo fue otro de mis asuntos. Por estos trabajos, el presidente Carlos Salinas me dio, a través de la PGR, muy buenas gratificaciones y reconocimientos que están en mi expediente. Por lo de La Quina, recibí 1,000 millones de pesos. De los demás trabajos no recuerdo bien, pero eran sumas grandes. En mi expediente están los recibos.
“A mí se me daban las órdenes más delicadas, se me confiaba todo lo que concernía a la PGR que venía de parte de la Presidencia. No sólo hacía investigaciones sobre drogas, porque gran parte de mi trabajo tenía que ver con la política. Era yo quien me encargaba de investigar desde 1988 a los políticos. A uno de los que investigué fue a Lucas de la Garza; toda la información al respecto se la entregaba a Raúl Salinas de Gortari en 1988, cuando él era funcionario de Conasupo y su hermano era el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República.”
González Calderoni afirma que los grandes golpes que ha dado el gobierno a los capos del narcotráfico han sido casi todos por presiones de Estados Unidos.
“En el caso de Miguel Angel Félix Gallardo, se tuvo que actuar porque estaba a punto de revisarse la deuda externa, y no se quería llegar a la mesa de negociaciones cargando con el peso de quien, en ese momento, era el narcotraficante más buscado en México. Por órdenes del presidente, se me comisionó para que en tres meses agarrara a Félix Gallardo. Era muy poco tiempo, porque yo les pedía seis, pero lo logré en dos meses y 20 días.
“Sobre Juan García Abrego, yo fui quien empezó con las investigaciones. Cuando estuve a punto de agarrarlo, se vino la orden de aprehensión en mi contra. Si los gobiernos de México y Estados Unidos supieron que García Abrego estaba en Chicago en ese tiempo, fue porque yo se los dije. Antes, a petición del procurador Morales Lechuga, ya me había entrevistado con García Abrego para negociar lo de su captura, pero de repente todo cambió: ya no me pidieron que hablara con él, y sin esa orden yo no podía actuar porque estaría fallando a la institucionalidad.”
González Calderoni considera a la política mexicana “como un mugrero.
“Todo lo que sea política en México, es mugrero, es basura. Entre esa basura se mueven muchos intereses. Mi error fue ser policía sin una mancha en mi expediente, y no político.”
Piensa que Jorge Carpizo lo quiso “aplastar” por ser uno de los hombres más informados de México.
Pregunta al reportero:
“¿Te acuerdas de aquellas muertes, en 1988, cuando murió también el señor Ovando, colaborador de Cuauhtémoc Cárdenas? Bueno, pues esa es una historia muy larga que contar…”
Aclara:
“Yo no he matado a nadie. Aquí estoy. Me pintan como una fiera; si así fuera, no estuviera aquí platicando contigo ni te hubiera invitado a pasar a esta casa y tomarnos un café.
“Soy una persona con principios, que cree en Dios. Yo no empecé a comer con manteca cuando entré a la PGR. Vengo de gente honesta, de buenas familias. He sido bien educado en buenos colegios católicos. Y si hoy doy una entrevista a Proceso, mañana el gobierno va a buscar otros medios para que lo que yo diga pierda valor. Se dice que yo he dado entrevistas y que he dicho muchas cosas, pero eso no es cierto.”
–Según La Jornada, usted declaró que los teléfonos de Lucas de la Garza habían sido intervenidos y que todos los días le entregaba una copia de los diálogos a Raúl Salinas de Gortari.
–Bueno, eso sí es cierto. Pueden estar seguros de que así es. Es más, si alguien lo duda o el mismo Lucas de la Garza lo niega –porque lo desconoce– y quiere saber al detalle con quién hablaba, de qué y a qué horas, yo mismo le puedo entregar la información.
Para concluir, comenta:
“A mí me quieren responsabilizar de la muerte de los Quijano Santoyo, como también pretendieron involucrarme con el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. A la gente involucrada en esos casos yo ni siquiera la conozco. Estoy seguro de que, si hubiera estado en México, no sólo me habrían achacado la muerte de Ruiz Massieu, sino que inventarían otros cargos.”