A una huelga de hambre sólo se llega a través de una “decisión muy personal, íntima. En mi caso, fue una respuesta a un reclamo interno de mi propia conciencia. Estaba consciente de que tal vez no alcanzaría la cabalidad de sus objetivos, pero al fin y al cabo creí necesario cumplir con ese imperativo moral”, explica Luis H. Alvarez, protagonista de una huelga de hambre de 40 días en 1986, en protesta por el fraude electoral en Chihuahua.
“Qué bueno que don Samuel Ruiz haya tomado esta decisión, porque sin duda él tiene un peso específico moral muy significativo. Ojalá y su gesto contribuya, en verdad, para que todos tomemos conciencia de que no podemos seguir perdiendo el tiempo, que las horas son valiosas, que está en suerte –muy probablemente– el futuro de la nación”, dice el ahora senador por Chihuahua.
En julio de 1986, Luis H. Alvarez era alcalde de la ciudad de Chihuahua. El desarrollo de las campañas políticas por la gubernatura del estado hacía prever un fraude electoral para favorecer al priísta Fernando Baeza. Alvarez pidió licencia al ayuntamiento y el 1 de julio se puso en huelga de hambre, en el quiosco del Parque Lerdo de esa capital, “en defensa del voto” y “hasta que se garantice el respeto de la voluntad ciudadana”. A su protesta se sumaron el empresario Francisco Villarreal y el doctor Víctor Manuel Oropeza, quienes se declararon en huelga de hambre en Ciudad Juárez.
Después del proceso electoral, la mayoría de los chihuahuenses –no sólo los panistas– no creyeron en el resultado oficial de las elecciones que dieron el triunfo a Baeza en contra del candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Francisco Barrio. Las protestas se incrementaron, siempre teniendo como símbolo el campamento en el que Alvarez mantenía su ayuno, quien anunció que sería hasta sus últimas consecuencias.
“Fue una decisión que no tuve que consultar con nadie. En el momento que tomé mi determinación, lo hice pensando en que mis responsabilidades como alcalde de Chihuahua implicaban velar por el respeto a la dignidad de los chihuahuenses, dignidad que yo sentía atropellada”, recuerda, entrevistado en medio del tráfago de la sesión del martes 20 en la Cámara de Senadores.
El también expresidente nacional del PAN sostiene que el ayuno público es recurso válido en la lucha política y social, pero se niega a calificarlo como valiente. Sí es válido, dice, porque si bien constituye una medida radical, también “es un decisión que no afecta a terceros, que más bien sirve al propósito de hacer un llamado fuerte a toda la comunidad, por encima de las diferencias que existen en todo conglomerado social. Es una decisión que se aparta de las conductas violentas”. Agrega: “no creo que sea una determinación valiente lo que es un imperativo ético, moral”.
En aquel entonces, todos los días Alvarez recibía mensajes de afecto y apoyo, y también críticas por su ayuno público. Las protestas poselectorales de los chihuahuenses se incrementaban. La jerarquía católica de Chihuahua, encabezada por el arzobispo Adalberto Almeida Merino, decidió caminar al lado de sus fieles y anunció que serían suspendidos los cultos el domingo 20 de julio, en una determinación que “está plenamente justificada a la luz del Evangelio”. Pero intervino el gobierno federal, a través del secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, y el entonces delegado apostólico, Jerónimo Prigione, para con la presión directa del Vaticano obligar al clero del estado a oficiar las misas de aquel domingo.
La huelga de hambre de Alvarez seguía, y las protestas también. Comenzaron entonces las solicitudes, públicas y privadas, de conocidos y desconocidos, del gobierno y de correligionarios, de intelectuales, líderes políticos y sociales para que el alcalde con licencia levantara su huelga de hambre. También, desde el mundo eclesiástico y desde el mundo priísta, se habló de “suicidio”.
Alvarez recuerda:
“Una vez tomada la decisión y preparado anímicamente, debo decir, con toda honestidad, que para mí el ayuno no representó ningún sacrificio. No sé, tal vez operen ahí ciertos factores que quizás no pueda describir. Lo cierto es que yo sentí contar con el apoyo de mucha gente de buena voluntad, que hizo suyo el reclamo. Ojalá y la comunidad nacional toda se mueva en torno de este gesto del obispo Ruiz.”
–Los acontecimientos, su desarrollo, el saber que su acción está teniendo éxito o no, ¿afectan el estado anímico del ayunante?
–Yo entré a mi huelga de hambre muy consciente de que, muy probablemente, no se iban a conseguir todos los objetivos, en la medida en que parte de ellos tenían que ver con la actitud observada por el gobierno central. Sabía bien que era muy difícil que el poder modificara una conducta atávica, pero sí estaba esperanzado en que la comunidad también pudiera expresarse y manifestarse, y creo que eso sí se consiguió.
–Hay personas que piensan que medidas de este tipo son sólo espectaculares; a usted mismo lo acusaron…
–Sí, cómo no, y es muy entendible que así se piense, pero cada quién con su conciencia.
–Esas opiniones, ¿mellan el ánimo?
–No. Son elementos que están presentes y hay que verlos en sus propias circunstancias y perspectivas.
Alvarez ataja al reportero en cuanto escucha la palabra suicidio. “No quiero responder a ese tipo de especulaciones”. Ante la insistencia, dice: “en mi caso, francamente no lo pensé en esos términos”.
Cuarenta días después de iniciada, Alvarez levantó su huelga de hambre. Ha aceptado y acepta que las solicitudes, “todas de buena fe”, de muchos personas, pero sobre todo las de sus más cercanos, pesaron en esa decisión final.
“Creo ya haber comentado que lo que me llevó a levantar mi ayuno fue la idea de que se pudiera generar violencia, no fácilmente controlable, si el deceso se hubiera dado y, precisamente, mi propósito era evitar esa violencia. Sí, éste fue un argumento que pesó significativamente en mi decisión final, pero agregaría yo: a la fecha no estoy cierto de si mi decisión de poner fin al ayuno fue acertada o no. Con esa duda tendré que vivir el resto de mis días.”
Ahora integrante de la comisión legislativa para el diálogo y la negociación en Chiapas, propuesta por el presidente de la República y rechazada por el subcomandante Marcos, Alvarez espera “que esta decisión de don Samuel contribuya a que las partes involucradas en el serio conflicto de Chiapas tomen conciencia de la necesidad de explorar nuevas caminos que permitan la reanudación de un diálogo franco, abierto; que conduzcan a soluciones viables que puedan satisfacer reclamos –en la medida en que éstos sean justos– de los demandantes. Sentimos que en estos momentos nadie debe regatear cualquier aportación que sea conducente a la consecución de estos objetivos; al fin y al cabo están de por medio la paz, la tranquilidad, la salud misma del país”.
Y añade:
“Creo que la personalidad, los valores que don Samuel representa habrán de ser considerados, y creo que serán un elemento significativo. Dios quiera y, en verdad, su decisión mueva muchos corazones y muchas voluntades. Creo que luchar por la felicidad de un pueblo merece que se haga cualquier tipo de sacrificio.”








