TEHUANTEPEC, OAX.- El obispo Arturo Lona Reyes apoya el ayuno que emprendió Samuel Ruiz, su amigo: “es por la causa, trata de que sea la conducta que siguió Jesús…”.
El papel pastoral, afirma el prelado, hay que llevarlo hasta sus últimas consecuencias: “ya Jesús, el Señor de la historia, nos dice en el Evangelio que los demonios solamente se expulsan a través del ayuno y la oración”.
Consecuente, el obispo Lona Reyes dice que se sumará al ayuno de Ruiz, “para estar con el pueblo pobre.
“El ejemplo, el testimonio de Samuel, me lanzó al mismo ruedo. No soy solidario solamente con él sino con el pueblo pobre, que busca, por todos los medios, la paz, el objetivo por el cual también me voy a lanzar.”
Dice que ayunará hasta que se solucione el conflicto chiapaneco, aunque anuncia que podría suspenderlo si recibe “una orden superior del Vaticano; (y) tendría que decirlo a la prensa”.
De su cuello cuelga una cruz de madera, que es el único distintivo religioso en su vestimenta. Arturo Lona preside la diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, que agrupa a ocho grupos étnicos en poco más de 25,000 kilómetros cuadrados.
Por la prensa se enteró de que Samuel Ruiz inició el ayuno que, supone, lo hizo porque se agotaron todos los caminos en Chiapas; “tal vez nos habíamos olvidado un poco de hacer cosas sobrenaturales…”.
En entrevista, llama a los mandos superiores del ejército a que se unan al obispo de San Cristóbal de las Casas; no hace la misma petición a los indígenas: “ya no sería justo… Ellos están ayunando desde hace muchos años.
“Ojalá los obispos todos, nuestros hermanos cardenales y el nuncio apostólico tomaran la actitud del ayuno. Imagínese no sólo el impacto que tendría sino el despertar de una simpatía porque la Iglesia no es ajena a los problemas sociales.”
En su austera oficina, Lona está consciente de que el ayuno de Samuel Ruiz y el suyo, que iniciará este lunes en un lugar indeterminado de la diócesis –”yo no quiero reportajes ni nada”–, pueden generar una reacción negativa del Vaticano, aunque puede condescender y apoyar la iniciativa.
Sin embargo, sobre esta última posibilidad, agrega: “tengo mis dudas; suelen llegarle noticias distorsionadas. El Vaticano debiera apoyar la actitud de un pastor que es solidario con su pueblo; claro que debemos estar abiertos a las razones de peso que pueda darnos”.
–¿Como cuáles?
–Por ejemplo, el Vaticano puede decir: “nadie es dueño de la vida; piensen que han practicado el quinto mandamiento (no matarás)”.
Señala que un ayuno, teniendo en cuenta ese mandamiento –”imagínese lo que supone una decisión así”–, se hace por una causa noble y después de haber agotado todos los medios posibles para evitarlo.
“Yo no me siento como un hombre aislado sino que siento alrededor de mí que me empujan los antepasados. Estamos conscientes de que muchas veces el Señor nos pide, pero él nos dará su fortaleza. No debemos verlo como un suicidio, porque hay una causa noble inspirada en la fe y en la esperanza.”
Sobre su ayuno, apunta: “sé que puede irme como en feria, soy muy enfermizo, ahora tengo gota. Sé que si tomo esta decisión mis papás se van a alarmar, a preocupar, pero he medido y balanceado las cosas y me voy a lanzar al ruedo también”.
EL “SIGUEME” DE JESUS
Lona acepta dar una interpretación profunda de lo que, para la religiosidad, significa el ayuno de un prelado, hecho que no tiene antecedentes en México y quizá ni en el mundo.
“Dios –explica– nos ha dado una lección bastante elocuente, aunque entiendo dolorosa para Samuel, lanzándose al ruedo para defender a su pueblo. Pero tratamos de ser consecuentes con la conducta que siguió Jesús; el `sígueme’ de Jesús tiene consecuencias que llegan hasta el conflicto e, inclusive, hasta dar la vida. La de Samuel es una respuesta bastante clara y elocuente del papel pastoral, sin que tenga propósitos de sensacionalismo. El Señor Jesús, movido por el Espíritu Santo, se retiró al desierto 40 días con sus noches, y es lo que yo quiero hacer.”
–¿Por qué decidió acompañarlo?
–Me sumo por la sencilla razón, aunque muy profunda, de que quiero ser consciente de que en momentos fuertes el obispo debe estar a la cabeza del problema. El buen pastor da la vida por sus ovejas y se lanza a llevarlas por delante y con el reto de dar la vida por su rebaño, con arroyos de agua fresca y pastizales puros. Es una causa justa. ¿Qué causa más llena de justicia que ésta: luchar por la vida?
“Un papel distinto sería que, en este momento, fuésemos atrás de nuestra gente. Así me convertiría no en pastor sino en arriero.
“Soy consciente también de que hoy el mundo pobre está sufriendo las consecuencias del pecado (la injusticia, la envidia, el rencor, el odio, el engaño). Hoy hay más sufrimiento que antes, porque hay más pecado personal y pecado social. Hay que hacer conciencia de que todos hemos puesto las manos en el Cristo crucificado, y el Cristo crucificado es hoy el indígena, el campesino, el obrero sin trabajo.
“Lo que más me preocupa es la insensibilidad de los que pueden colaborar por la paz y no lo hacen; eso es lo más doloroso para mí.”
–¿Incluye a las autoridades?
–A todos los niveles, tanto eclesiásticos como de autoridades y de servicio social. Creo que también es prudente pedir un ayuno a los militares. En el ejército muchos son campesinos e indígenas y saben orar; que no se olviden del arma de la fe, que es la que nos lleva a Dios para que tenga compasión de nosotros.
–El ayuno ¿es legítimo?
–Es legítimo y además obligatorio. ¿No es prueba de amor dar la vida por los que se aman? Jesús, en el último día del juicio final (Mateo, capítulo 25), dice: “tuve hambre y me diste de comer; tuve sed, me diste de beber”. Sobre esto debe ser el juicio final y personal de cada uno.
“Pastoralmente, no sólo está justificado sino que es un reto al compromiso que tenemos ante un pueblo que Jesús nos encomendó.”
–¿El ayuno de Samuel Ruiz es la unificación de lo pastoral con la política?
–Aristóteles dice que todo hombre es un animal político. Nuestra actitud es política, estamos con el pueblo, aunque sin entrar a una política de partidos.
Lona sostiene que el ayuno se emprende “para llegar a Dios como cristianos”, al tiempo que, desde un punto de vista ascético, rechaza que sea un chantaje fundado en un “te doy para que me des”.
Argumenta: “el que ama da sin esperar nada. ¿Usted cree que Dios, que es amor, nos entregó a su hijo porque íbamos a corresponderle? Lo que hace Samuel es trabajo profético. Lo hace para desagraviar a Dios, porque hemos desfigurado –y todos tenemos la culpa– al Cristo de hoy, al Cristo indígena. Es una cuestión de despertar la conciencia de todos y lanzarnos a apagar el fuego de la calle. Ese es el objetivo por el cual me voy a echar a la corrida de otros.
“Debemos desagraviar a Dios para que él conmueva y nos ayude a una conversión auténtica del corazón, del corazón de todos aquellos que están obstaculizando el trabajo cada vez más conjunto por la paz.”
–¿No equivale el ayuno a doblegar al enemigo con moralidad?
–No. El hombre es uno y no se divide en lo moral, en lo social y en lo religioso; el hombre es uno. ¿Por qué no actuamos como Gandhi, con paz activa? ¿Por qué no ser líderes tipo Martin Luther King? ¿Por qué no tomar toda esa mística de entrega total de Cristo?
“No es fácil inclinarse por el ayuno. La vida es la vida, yo no quiero morir; a Jesús, como hombre que fue, ¿usted cree que no le dio miedo morir? Decían los que condenaron a Jesús: `es necesario que muera uno, y no que todo el pueblo perezca…’. Pero, por lo pronto, no llores antes de que te peguen.”
UN HOMBRE DE ORACION
Arturo Lona conoció a don Samuel Ruiz hace poco más de 20 años, en San Cristóbal de las Casas. Aunque dice que no es un Samuelito –”soy cristiano”–, reconoce que ha aprendido mucho de él, sobre todo de su trabajo pastoral y de su permanente acompañamiento al pueblo pobre.
Dice que la mayor virtud del obispo en ayuno es su tenacidad y perseverancia, “que otros confunden con terquedad. Samuel es un hombre de oración, porque un profeta que no ora, pues no es profeta; es, también, un hombre de liturgia y que ora con su pueblo.
“Hemos sido muy solidarios uno de otro, acompañando a nuestro pueblo sufriente, golpeado, para entrar al mundo de los indígenas, que está muy diezmado…”
El miércoles 21, Lona envió a don Samuel una carta para expresarle su solidaridad con el ayuno, que había comenzado dos días antes.
Dice: Que la gracia del Señor de la vida esté en su corazón y en sus comunidades y haga fructificar sus esfuerzos y trabajos por el Reino.
Por medio de la presente, como pastor de este pueblo pobre de Tehuantepec, me sumo al acto penitencial que usted ha iniciado, pidiendo a Dios que mueva a todos los actores implicados en este conflicto a buscar caminos de entendimiento que conduzcan a pactar un bien cimentado cese al fuego, a fin de que se llegue, de común acuerdo, al establecimiento de condiciones y contenidos que permitan la participación y la escucha mutua en próximos diálogos por la paz y reconciliación con justicia y dignidad.
Me uno a usted en este ayuno haciendo propio, y de la Diócesis de Tehuantepec:
–Este acto como penitencia y purificación.
–Como protesta por el hambre obligada de nuestros hermanos.
–Como oración a Dios para que purifique nuestros corazones.
–Como instrumento de lucha contra el mal.
–Como reclamo de justicia y encaminamiento hacia una sociedad fraterna.
–Como un llamamiento para desencadenar al más amplio nivel una serie de acciones que apremien principalmente a los mayoritariamente responsables de generar la justicia.
–Como recordatorio de la causa de justicia.
–Como signo de que la paz no podrá alcanzarse jamás por caminos de violencia sino por aquella donación de sí que construye la justicia y hace históricas las exigencias de fraternidad.
–Como un signo de solidaridad fraterna entre nuestros pueblos.
Que María, madre amorosa, escuche nuestros lamentos, vea nuestras enfermedades, nos consuele en nuestras aflicciones, nos una en la esperanza de que, como madre del verdadero Dios por quien se vive, interceda por nosotros.
Con un abrazo de esperanza de paz con justicia en Cristo, Arturo Lona Reyes, Obispo de Tehuantepec, Oaxaca.
Lona confía: “ojalá y Dios me dé fortaleza en mi ayuno. Tengo mucha fe. Vamos a poner a orar a los niños en escuelas católicas y no católicas. La oración de los niños es muy efectiva…”.








