Desde la “Catedral de la Paz”, hace un llamado a la ética y la conciencia: Ituarte Desoído, calumniado o atacado durante 35 años, el obispo Samuel Ruiz recurre al ayuno para librar a todos de la guerra

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, CHIS.- Hace 35 años, cuando llegó como obispo de esta diócesis, lo advirtió: “ahí viene la guerra”. Nadie le hizo caso. Ahora, Samuel Ruiz García, postrado frente a la Virgen de la Inmaculada Concepción, reza, ayuna, hace penitencia en favor de la paz.
“Que no haya más sangre, incomprensión ni intolerancia. Seguimos con usted, don Samuel: ¡ánimo!, que Dios lo bendiga”, le expresan fieles y solidarios que han llegado hasta aquí a sumarse a sus esfuerzos por la pacificación.
Preocupado por la guerra –con su hábito negro y rojo, capelo y cruz al pecho–, el obispo mantiene su ayuno “voluntario” y “radical” en la capilla del Sagrario de la “Catedral de la Paz”.
El ayuno religioso, al que se ha sumado gente de varias partes del mundo, se inició a las 20 horas del lunes 19 de diciembre, luego de que un operativo “relámpago” del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sorprendió a los federales y éstos respondieron con un gran despliegue militar.
En el mensaje en que dio a conocer su decisión, Samuel Ruiz García explicó que “la lectura de estos acontecimientos a la luz del más sencillo análisis, dentro del marco de explosividad que se vive en el estado, y sumados los preparativos bélicos que se registran, nos hace ver ya un deslizamiento de nuestra entidad y del país por el plano inclinado de una guerra y de una violencia irreversibles”.
Entre líneas, criticó la posición del gobierno de Ernesto Zedillo:
“Queremos que no se haga inevitable una guerra etnocida, a la vez que fraticida. Y la guerra no se evita únicamente con la proclamación de que optamos por el diálogo y la paz sino manifestamos la disposición para el intercambio y la escucha, más allá de las posiciones de fuerza. Se debe actuar desde las razones, sin que se les dé viabilidad histórica porque no se pudieron imponer por el camino de los hechos consumados.”
Y agregó:
“En pleno dominio de mis facultades y con entera libertad, decido recurrir a la penitencia y oración, iniciando un ayuno de carácter permanente, invitando a mis hermanos obispos, a sus iglesias y a todos los creyentes a sumarse a este acto penitencial para pedir a Dios que mueva a todos los actores implicados en este conflicto a buscar caminos de entendimiento, que conduzcan a pactar un bien cimentado cese al fuego a fin de que se llegue, de común acuerdo, al establecimiento de condiciones y contenidos que permitan la participación y la escucha mutua en próximos diálogos por la paz y reconciliación con justicia y dignidad.”
Explicó: “el ayuno lo queremos asumir en su significado radical: como penitencia y purificación; como protesta por el hambre obligada de nuestros hermanos; como oración a Dios para que purifique nuestros corazones; como instrumento de lucha contra el mal; como reclamo de justicia y encaminamiento hacia una sociedad fraterna; como un llamamiento para desencadenar al más amplio nivel una serie de acciones que apremien principalmente a los actores mayoritariamente responsables de generar justicia; como signo de que la paz no podrá alcanzarse jamás por caminos de violencia sino por aquella donación de sí que construye la justicia y hace históricas las exigencias de la fraternidad”.
Desde entonces, rodeado de fieles, el obispo cierra los ojos, cabecea, despierta y sigue con sus rezos. No obstante, siempre está atento a lo que pasa dentro y fuera de la Catedral y en la capilla del Sagrario, en un reclinatorio o una silla. Cinco personas fornidas de un grupo especial de la Procuraduría General de la República, que se confunden con reporteros de todo el mundo, cuidan de su seguridad.
“Tatic” (padre, papá, señor) Samuel, lo llaman los indios. “Comunista”, le dicen sus enemigos, principalmente ganaderos y de la clase empresarial, pero buena parte de la sociedad lo reconoce como “intermediario” en las negociaciones de paz.

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Nacido en Guanajuato hace 70 años, Samuel Ruiz se consagró como obispo en 1960 en estas tierras del sureste mexicano. Por su labor en defensa de los indios lo equiparan con Fray Bartolomé de las Casas, primer obispo de esta diócesis. Dicen que es digno sucesor de él.
“Nunca ha sido rígido. Siempre ha estado en favor de la verdad, la vida, la libertad. Si se revisan los 35 años de don Samuel en Chiapas, el centro de su palabra ha sido la dignidad de los pobres y el rechazo a la esclavitud.
“Lo absurdo, estúpido, es acusarlo de ser el causante de los problemas que él ha estado denunciando desde antes, aunque no le han hecho caso. El pueblo ha estado reclamando esa ceguera y sordera que es histórica. Racismo también es.
“Esto provocó convulsiones que degeneraron en una injusticia tal, que hizo que un grupo se levantara en armas. Pero las causas de hoy son las mismas de hace 35 años, y mucho más. No hay novedad. En su camino de la denuncia ha sido muy congruente el obispo”, asegura el padre dominico Gonzalo Ituarte, el personaje más cercano a Samuel Ruiz desde hace casi 20 años.
Sin que desde su llegada haya dejado de denunciar la explotación de los indios, a Samuel Ruiz García se debe –con la colaboración de los sacerdotes Javier Vargas y Mardonio Morales, entre otros– la realización del Congreso Indígena de 1974, en el cual, en época del gobernador Manuel Velasco Suárez, se delinearon las demandas que ahora enarbola el EZLN.
Muchas veces caminando –por eso se le conoce también como El Caminante–, otras a caballo, en jeep, helicóptero o avioneta, Samuel Ruiz ha sido testigo permanente de los sufrimientos de los pueblos autóctonos. En la actualidad, aparte de idiomas extranjeros, conoce el tzeltal, tzotzil, tojolobal y otras lenguas indígenas.
“La reforma agraria existe en México. Es una de las mejores que hay en el mundo. Pero la ejecución de sus leyes ha estado siempre impedida por trámites burocráticos, corrupción administrativa e interferencia de otros intereses”, sostiene don Samuel.
Fuerte de carácter, sus denuncias sobre la represión a que son sometidos los indígenas del estado le han valido campañas de desprestigio de los ricos que ahora lo ligan al movimiento guerrillero que estalló el 1 de enero de 1994.
Pero los ataques al religioso ya habían aumentado cuando, en 1988, asumió la Presidencia de la República Carlos Salinas de Gortari; el entonces gobernador de Chiapas, Patrocinio González Garrido utilizaba mano dura contra el obispo: éste acababa de formar el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas para frenar la creciente represión en la entidad.
Pronto se acusó a Samuel Ruiz de incitar a los indígenas a la toma de tierras, al grado de que, el 18 de septiembre de 1991, se detuvo al sacerdote Joel Padrón bajo los cargos de despojo, daños, robo, amenazas, provocación, apología del delito, asociación para delinquir, pandillerismo, conspiración y portación de armas de guerra. Todo por asumir las causas indígenas de los campesinos de Simojovel.
A Samuel Ruiz se le volvió a identificar entonces como uno de los ideólogos principales de la teología de la liberación, por lo cual se pidió incluso al delegado apostólico Jerónimo Prigione tramitar su cambio de la diócesis.
Pese a todo, “el obispo de los pobres” logró salvar la situación. El 11 agosto de 1993, durante el viaje del papa Juan Pablo II a México, Samuel Ruiz denunció la realidad de Chiapas y advirtió sobre la inminencia de la guerra.
Portavoz de los indígenas, dijo al papa en la ciudad de Mérida: “no tenemos tierra dónde trabajar para sacar nuestro alimento. Tenemos que rentar tierra, y ahí se va nuestra ganancia. Las solicitudes de tierra que hacemos se quedan sin respuesta, y es muy cara para comprarla; mientras que hay algunos que tienen mucha y no la trabajan, o la usan en la ganadería, que abarca mucha…”.
Samuel Ruiz transmitió al papa las quejas de los indios: “Casi no se permite nuestra opinión por parte de las autoridades. Somos humillados y engañados. En las elecciones somos obligados a votar por el partido oficial: el Revolucionario Institucional. Cuando elegimos a nuestra autoridad, a los de arriba no les gusta y ponen la suya… A las autoridades no les gusta que nos organicemos y quieren desaparecer a las personas que se ponen al frente de un grupo. Hay represión en el campo y en la ciudad. Nos meten a la policía y al ejército y nos investigan. Hay una corrupción general en las autoridades. La justicia está al servicio del dinero y de la ideología política dominante”.
El documento era una advertencia de lo que podría ocurrir.

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Como intermediario en el conflicto bélico de este año, el obispo Samuel Ruiz García ha tenido que lamentar la intransigencia de ambas partes.
“Seguramente quienes se oponen a que haya un México nuevo, moderno pero justo y digno para todos los mexicanos harán cuanto esté de su parte para que los esfuerzos de paz y justicia, que ahora impulsamos, sean infructuosos.
“Tal vez ellos ignoran que es a Dios a quien resisten, porque el proyecto de los pobres es, a final de cuentas, el proyecto de Dios. Por eso habrá que permanecer alerta para denunciar las maquinaciones del maligno. Pero también habrá que estar preparados para preparar, con dignidad y valor cristiano, el costo de dolor y sufrimiento que seguramente la construcción de la paz traerá sobre nosotros.
“No se olvide que a la resurrección se llega pasando por la pasión y cruz en el calvario. Los seguidores de Jesús no buscamos el martirio, pero si llega, lo aceptamos como exigencia externa del amor al hermano”, dijo en su última exhortación de Cuaresma, cuando los diálogos por la paz estaban a punto de fracasar.
Casi nueve meses después, acabada la tregua, el obispo comprobó sus palabras. Ahora, en la “Catedral de la Paz”, vive con su ayuno una forma de martirio.

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Gonzalo Ituarte: “el ayuno cristiano es una tradición que tiene su origen en el Antiguo Testamento y, en general, en todas las religiones siempre ha sido una expresión de purificación, súplica, compromiso con la realidad y con el sufrimiento del pueblo.
“En todos los momentos difíciles, la Iglesia acude al ayuno como Cristo lo hizo 40 días y noches en el desierto. Los cristianos, inspirados en él, hacemos oración en una solidaridad con la comunidad, con su sufrimiento.
“Entonces, es un acto desde la fe, que interpela a la conciencia de todos, e implica un sufrimiento, un desgaste, donde uno tiene que mostrar que nuestra confianza fundamental está puesta en Dios, que confiamos en él para que todos los que vivimos asumamos nuestra responsabilidad, porque la paz no puede ser fruto de unos cuantos sino de todo el país.
“La dimensión del ayuno es llamar a darnos cuenta de que el problema de la guerra no es sólo político, social y económico sino que llega a la conciencia. Es un problema ético.
“Don Samuel y quienes lo acompañamos, gente de todo el mundo, estamos llamando tanto al gobierno federal como al EZLN a que replanteen sus posturas y busquen ambos un camino que lleven a una tregua.
“El ayuno no es un atentando contra la vida; ciertamente, si se prolonga mucho, va aumentando el riesgo, pero la finalidad no es destruir la vida sino llamar a la conciencia de todos para que luchemos definitivamente por la vida.”
El ayuno del obispo Samuel Ruiz García y de los que con él se han solidarizado, no es el último recurso, dice, para abogar por la paz.
Pero, sostiene, es un arma mucho más poderosa que los plantones o movilizaciones, incluso. Es un recurso político que “ha levantado una solidaridad en todo el mundo”.
El objetivo es que cesen las movilizaciones militares de ambos lados, se pacte una tregua permanente y se solucione mediante el diálogo, “porque nadie quiere la guerra”.
Sin embargo, al amanecer del viernes 23 el ejército mexicano había entrado ya en territorios dominados por el EZLN, y las tropas de ambas partes reducían la distancia que las separaba.