Ortodoxo y profético, don Samuel plantea un desafío moral a los poderosos: el doctor en teología Jesús Vergara

El ayuno iniciado por Samuel Ruiz García es un acto “profético”, congruente no sólo con la doctrina de la Iglesia y la teología sino “necesario”, según el papa Juan Pablo II mismo, afirma el doctor en teología y sacerdote jesuita Jesús Vergara.
Con su decisión, “don Samuel está anunciando la presencia de Dios entre nosotros, que nos está invitando a la oración, a la limosna y al ayuno, en tiempos de desbocamiento de la sociedad, del consumo como único valor, cuando México es un país que necesita someterse a una disciplina muy profunda para ver cómo va a ser. Es un signo de que Dios está hablando, está invitando al pueblo de México a que reflexione profundamente en su vida misma. Es el sentido profético que yo le veo a este acto del obispo de San Cristóbal”.
Y advierte: “los profetas generalmente mueren entre el atrio y el altar. El atrio es todo el mundo secular; el altar, el mundo religioso, el mundo sagrado, y desde ese mundo sagrado puede apedrearse a los profetas, se ha hecho”.
Autor de libros sobre teología y política, crítico del análisis marxista utilizado por la teología de la liberación y profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas y de la Universidad Iberoamericana, Jesús Vergara sostiene que el ayuno de Samuel Ruiz García como protesta pública es “ortodoxo” en su obediencia a Juan Pablo II, “ya que hace tres o cuatro años, no recuerdo la fecha exacta, dijo a los obispos mexicanos: la Iglesia católica debe incidir en el ámbito de la vida pública y no contentarse con atender la esfera privada de los fieles”.
Así, dice Vergara, la actividad política de Samuel Ruiz no sólo es permitida para un cura sino una exigencia de la jerarquía, “pero no la política de los partidos sino la política como la cosa pública, la actividad de la polis, de la sociedad”.
En este sentido, agrega, el ayuno de Samuel es también “un desafío ético a los poderosos, y a los actores en el conflicto. Y en tal contexto vuelve a ser profético el gesto de don Samuel, como el de Juan Bautista cuando dice a Herodes: `no toques a la mujer de tu hermano`, y lo desafía, y lo desafía éticamente, y tan éticamente lo desafía, que Herodes lo manda decapitar”.
Entrevistado un día después del anuncio del obispo de San Cristóbal de las Casas, Vergara menciona las “claras diferencias” entre una huelga de hambre y el ayuno iniciado por Ruiz García, que tiene “un claro carácter pastoral y evangélico”.
Vergara señala que la Biblia tiene varias menciones al ayuno, pero destaca la del Evangelio de San Mateo, en el Sermón del Monte. “Ahí está el sentido bíblico del ayuno en la forma más plena.
“En el Sermón del Monte se da una orientación fundamental a los tres valores de la vida cristiana: el ayuno, la limosna y la oración. Es San Ambrosio quien orienta en el sentido de que no pueden separarse las tres cosas. La oración es el Padre Nuestro, la oración por excelencia y la que enseña Jesucristo mismo.
“Luego viene la limosna, pero la limosna en el sentido bíblico no es la que se da de lo que sobra, para que no te estorben los que piden. La limosna es la que se da al hermano, que es la viuda, que es el huérfano, el extranjero, el que no tiene derechos. La limosna es también un instrumento para conocer la justicia, porque uno se da cuenta de la importancia profunda que tiene la solidaridad con el hermano. Si la oración a Dios se hace independientemente de la limosna, puede dispararse a una oración irreal, ideal e incluso hipócrita.
“Y finalmente está el ayuno. El ayuno es como establecer el orden. Este orden tan misterioso de qué es materia y qué es hermano y qué es espíritu y qué es Dios y cómo formamos uno solo.
“El ayuno que importa no es aquél que se exageró en las ascéticas medievales simplemente para disciplinar un cuerpo, como quien disciplina una bestia, un animal. El ayuno cristiano es para establecer el orden, la justicia. El ayuno tiene un sentido de solidaridad, de ruptura del egoísmo, de ruptura del dominio de las pasiones. En este ayuno cristiano, pasado un tiempito en que son los momentos de purificación del cuerpo, se viene una tranquilidad, una paz, una lucidez de mente notable.
“Esto, en el ayuno de don Samuel, es muy importante. Que el ayuno nos invite a nosotros a desemborracharnos de estas bebidas y drogas que nos dominan en nuestra sociedad. Hay que ver con claridad lo que nos está pasando, y la purificación corporal del ayuno ayuda. Es una invitación a toda la sociedad a una purificación que nos permita ver con claridad. El ayuno con oración y limosna te da lucidez y desprendimiento.”
–Si para los cristianos, en especial para los católicos, el cuerpo es sagrado, ¿cómo se justifica atentar contra él?
–Nosotros, como cristianos y católicos, tenemos la obligación –y lo enfatizo– de cuidar y no atentar contra el cuerpo, que es sagrado, no atentar contra tu vida, no contagiarte de enfermedades por autodestrucción. El cristianismo es movimiento de vida. Hay que partir de ese punto. La vida es sagrada; lo que Dios me dio como cuerpo es definitivo y para toda la vida. En la fe cristiana, muero y el cuerpo sigue siendo mío en la resurrección.
“Esto no es lo mismo que los actos que se hacen con otro sentido, con otro objetivo, como el acto de morir por otra persona, de dar la vida por otro hermano. No lo haces por odio a tu cuerpo. No lo haces por odio a la vida sino que lo haces por amor a la vida. Y estás dispuesto a morir para que los otros vivan. Esa es la perspectiva cristiana, es el sentido de la Cruz: Jesús acepta la muerte para que otros vivan. Pero no es el amor de la muerte por la muerte; eso sería la neurosis, con muchas etiquetas.
“La perspectiva cristiana es un ayuno en el cual tú sufres, pero con el afán de conservar la vida, a no ser que, por un motivo específico, tú heroicamente das tu vida por el amor a los demás.”
–¿Esto justifica el sacrificio del cuerpo?
–Por amor a los demás, sí, en un ayuno que va con la heroicidad de vivir para los desprotegidos, y en una vida con Dios. Nosotros entendemos en este sentido el ayuno, como una forma de purificar nuestros pecados con la sociedad, para encontrar los mejores caminos. El ayuno es un compás de espera, una pausa, un tiempo de reflexión, para ver lo que debes hacer.
–¿Es un chantaje a la divinidad?
–No, no. Esa es una concepción no cristiana. El ayuno como penitencia es el padecer en el sentido de que tú padeces por tus pecados. Por tus faltas y por las faltas de otros, pero nunca de chantaje a la divinidad.
–¿Cómo conjuntar todo este sentido que es tan religioso, tan místico de alguna manera, con su evidente consecuencia política y con su uso como instrumento político?
–Desde luego que en el Celam de Puebla, y mucho antes, siempre la Iglesia católica ha vivido una tesis que nunca ha embonado con el liberalismo que vivimos. En su lucha contra la Iglesia, el liberalismo quiso echar fuera de la vida pública al mundo religioso; el liberalismo se abocó a la secularización. Desde entonces cualquier cosa que haga el mundo religioso fuera de lo privado es llamado política, lo cual resulta completamente falso. Lo privado se opone a la vida social, a la vida pública, y desde Puebla, pero con muchos documentos anteriores, la Iglesia señala que hay dos tipos de política: la de los partidos, que están orientados y parece que están fundados hacia la toma del poder, y la política de la actividad cívica, la política de la polis, la política del bien común, del ciudadano.
“Aquí don Samuel, evidentemente, deja el mundo privado, y se implanta en el mundo de la vida pública. Pero en eso es completamente ortodoxo; más: sigue un mandato del mismísimo Juan Pablo II que hace cuatro años o cinco años dijo a los obispos mexicanos: `la Iglesia católica debe incidir en el ámbito de la vida pública y no contentarse con atender a la esfera privada de los fieles’.
“Es inaceptable la tesis, digamos a ultranza, del liberalismo, de que la religión es igual a privado. No. La religión es privada y pública. Y cuando es cosa pública, incide en la vida cívica. Donde no debe meterse la Iglesia es en los partidos políticos y en la lucha por la toma del poder.”
–El contexto político en que se hace este ayuno, ¿no pone a don Samuel en favor de alguna de las partes?
–No creo que esté en favor de Marcos, a quien le dice claramente que busque ya la paz. Don Samuel está en favor de los indígenas, de los desposeídos de Chiapas, y se ha entregado a ellos hace muchos años.
–Pero en México eso tiene consecuencias políticas y de poder…
–Es evidente. Pero también tiene referencias bíblicas. Cuando llega Jesús, ¿con quién se encuentra? Con los fariseos y los escribas, y desde el Reino del Padre cuestiona la sacralización de la Iglesia judía en su momento.
–Decía Gandhi que el objetivo de sus ayunos era socavar las defensas morales de los poderosos.
–Precisamente, era un señalamiento moral.
–¿Usted ve este sentido en el ayuno del obispo Ruiz?
–Claro. Don Samuel está diciéndoles: resuelvan los problemas de fondo y vean los problemas de fondo éticos que están ahí, no se hagan tontos. El mensaje profético del obispo es que el problema de Chiapas, como el problema de México, es ético, profundamente ético.
–Si no hay chantaje a la divinidad, ¿sí hay chantaje a las autoridades?
–Bueno. La palabra quizás es un poco fuerte. Yo diría que es un desafío; está diciendo al otro, en su ayuno, que cambie. Que cambien moralmente, que cambien libremente, no con una pistola sino libremente. Esta es la labor de un profeta.