El sector privado culpa de la crisis al EZLN y pide mano dura; los analistas hacen responsable al gobierno de Salinas y al actual

Aunque oficialmente el levantamiento armado de Chiapas fue una de las causas principales de la crisis económica que se desató la semana pasada, algunos representantes del sector privado y analistas económicos la atribuyen a fallas del gobierno anterior y del actual. Otros recargan toda la culpa en el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y recomiendan al presidente Zedillo que tome medidas drásticas.
La Confederación Patronal de la República Mexicana pidió, el jueves 22, que el realismo económico se sobreponga a situaciones políticas, ya que retrasar medidas necesarias –el ajuste cambiario– sólo genera mayores costos, “como hoy lo estamos viendo”.
Mientras, el boletín Infosel-Financiero, de la casa de bolsa Interacciones (de Carlos Hank Rohn), aseguró que las amenazas del resurgimiento de la violencia y el nulo progreso de las negociaciones en Chiapas continuaban afectando los mercados financieros: “uno de los temas más importantes es el fracaso del presidente Zedillo en demostrar que tiene capacidad política para controlar una situación cada vez más turbulenta… resulta desalentador ver su falta de capacidad para tomar acciones dramáticas que demuestren su habilidad política”.
También el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Luis Germán Cárcoba García, culpó de todo al EZLN y demandó una solución radical: “no podemos estar viviendo con un cáncer permanente sin ser extirpado en el país”.
Hugo Ortiz Dietz, doctor en economía por la Universidad de París y director de El Inversionista Mexicano –órgano privado de asesoría sobre negocios e inversiones–, aseguró, en cambio, que el pánico llega a la gente cuando hay desconfianza: “no se puede decir que Chiapas o la balanza comercial sean los culpables, pues si el nuevo gobierno entra con nuevas promesas y, en vez de cumplirlas, empieza a fallar, nace la desconfianza.
“Es como el noviazgo. Si uno no cree en el otro, se rompe la relación. Si el gobierno ofrece que habrá estabilidad y no devaluación, y a las tres semanas mueve esa banda y luego el Banco de México se sale del mercado, pues la gente se asusta, y los empleados y hasta el bolero de la esquina piensan en invertir en dólares porque a lo mejor obtiene una ganancia con el diferencial.”
Si las medidas tomadas resultan graves, dice, “las consecuencias son peores. ¿Cómo podrá sostenerse la meta de 4% de inflación? No se sostiene. Por tanto, no la van a cumplir. Al finalizar el sexenio la paridad estaba en 3.4 nuevos pesos y lo más probable es que cierre en cinco pesos; es decir, 62% más. Hay que pasar a las tiendas para ver cómo están reetiquetando. Todo lo que es importado está al doble. Hay que ver cuánto cuestan los autos. Eso es inflación. ¿Los salarios se van a quedar como están?”.
Dice que los trabajadores, que con el gobierno de Salinas de Gortari sumaron otros seis años de sacrificios para lograr un mejor nivel de vida, “ahora están peor que hace seis años. La expectativa de una vida mejor se las quitaron de un plumazo, en dos días”.
Erick Guerrero Rosas, economista, abogado y director del Centro Internacional de la Empresa Privada, anticipó los acontecimientos en el libro Devaluación: ¿el shock del 94? (Proceso 912). Ahora dice que, en efecto, la inestabilidad política alteró los mercados desde el 1 de enero de este año, pero que la devaluación del peso obedece a desequilibrios que ya se venían arrastrando en la economía de tiempo atrás.
“Si nosotros observamos qué síntomas había en el país antes de las devaluaciones de 1976 con Echeverría y 1982 con López Portillo, con sorpresa nos damos cuenta que desde finales de 1993 varios de esos síntomas volvieron a presentarse: aumento de las pérdidas comerciales, las deudas de las empresas en dólares, el tráfico fronterizo, elevadas tasas de interés, altibajos en las reservas de divisas y constantes rumores de devaluación. Estos síntomas eran focos rojos que estaban diciendo a las autoridades que nuestra moneda se estaba acercando a terreno peligroso, y que había que hacer algo para detener su caída.”
Considera que Salinas de Gortari legó el problema a Zedillo para salvar la imagen de su gobierno y la suya personal, deteriorada por los acontecimientos políticos de 1994.
“Es probable que la guerrilla y la inestabilidad política adelantaran la caída del peso, pero aun en un clima de relativa estabilidad política, la devaluación tarde o temprano se hubiera presentado… Lo lamentable es que el problema se tratara de ocultar durante tanto tiempo, y que no se actuara dejando desbordar el río.”
Juan Autrique, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana, refiere que lamentablemente el actual gobierno rompió con un sistema que permitía el ajuste de las tasas de interés y cambiarias, y manejar el uso de reservas. “Así se pudo devaluar en 11% durante 1994, sin aumentar la inflación. Ese sistema ya no existe, ya murió”.
A su juicio, se debió aumentar el deslizamiento del peso de .004 a .01 pesos; es decir, aumentar 2.5 veces el desliz, pero nunca devaluar. Se hubiera logrado el mismo efecto, en un período perentorio. “Decían que el peso estaba muy cerca del techo de flotación, pero igual ya se les fue. Lo hubieran llevado en el anterior sistema y no habría pasado nada”.
El panorama que prevé es dramático: con la devaluación bajarán las importaciones y se va a detener la economía. Las exportaciones no van a crecer, porque la inflación subirá. Las empresas van a perder. Los inversionistas extranjeros se asustaron con la devaluación; de hecho, saldrán con pérdida y entonces serán más escépticos para volver a traer capitales. No habrá crecimiento, porque se reducirá el poder adquisitivo. Las empresas van a tener enormes pérdidas cambiarias; las que cotizan en el mercado de extranjero de valores tendrán pérdidas multimillonarias; las que están endeudadas en moneda extranjera, también; las que importan materias primas y no exportan van a sufrir tanto que quizá quiebren.
En su opinión, la devaluación obedece más bien a que no han entrado nuevos capitales y la fuga de los que había.
De acuerdo con El Inversionista Mexicano, en el sexenio de Salinas de Gortari –hasta el 30 de junio de 1994– ingresaron en el país 397,386 millones de dólares, en tanto que la salida llegó 388,836 millones. El saldo a favor de México fue de 8,500 millones. Sin embargo, el monto de las reservas internacionales del Banco Central –al 30 de junio de 1994– habían disminuido 8,653 millones respecto del nivel que tenían al finalizar 1993.
La situación ya era peligrosa, según El Inversionista. Las reservas disminuyeron en la misma cantidad en que aumentó el déficit en la balanza de pagos: 8,653 millones de dólares. Es decir, no estaban entrando capitales en el país y el déficit se estaba financiando con las reservas.
El déficit comercial acumulado también ya era un problema. Hasta el 30 de junio se importaron 1.46 dólares por cada dólar exportado, habiéndose producido en cinco años y medio un hoyo de casi 70,000 millones de dólares. Esta cifra no está muy lejana, dice El Inversionista, de los 75,492 millones de deuda pública externa neta que se tenía al 31 de diciembre de 1989 y es prácticamente igual que el saldo de esa misma deuda (69,362 millones) al término de 1993.
Grupo Financiero Banacci advirtió, el 17 de noviembre, que México enfrentaba riesgos en su flujo de capitales. Mencionó dos riesgos y no figuraba Chiapas: la constante alza en las tasas de interés internacionales y el papel que juega Brasil en la renovada competencia mundial por fondos.
Un día después, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado advirtió que existía una crisis en la captación de inversión extranjera, que retrasaría la recuperación económica.
El 22 de noviembre, el Banco de México aumentó el rendimiento de los tesobonos, para evitar las presiones sobre el peso –es decir, ya desde entonces era fuerte la demanda de dólares–, e inyectó liquidez en el mercado, para compensar la salida de dólares.
El 9 de diciembre, Probursa señaló que el conflicto de Chiapas obstaculizaba la entrada de capitales. “La sociedad mexicana comienza a desesperarse”, comentó en un boletín.
Y el jueves 22, en un artículo publicado en la primera plana de El Economista, con el título de “¿Hasta cuándo”, Juan Estuardo Miller, “economista y filósofo”, de plano demandó “que se instaure en forma plena e inmediata el dominio de la ley y del orden que señala la Constitución de la República en todo el territorio nacional, incluido Chiapas. Esto debe hacerse a la brevedad posible y con la mayor efectividad y celeridad de que sea capaz el ejército mexicano. El tiempo para el diálogo con delincuentes nunca debió existir, pero en el mejor de los casos ya pasó”.