El aumento a los mínimos, anulado: Fidel; negociamos un documento y sacaron otro bajo la manga: Hernández Juárez

La expectativa de una política social que eleve el nivel de vida de los mexicanos, y sobre todo quienes menos tienen, según ofreció Ernesto Zedillo en el discurso de su toma de posesión, se disolvió rápidamente con las medidas económicas aprobadas por Zedillo mismo la semana pasada. Por ejemplo, el aumento de 7% a los salarios mínimos que entrará en vigor el 1 de enero ya fue nulificado.
Y aunque los sectores representados en el Pacto para el Bienestar, la Estabilidad y el Crecimiento afirmaron que los precios de los productos, así como las tarifas de los servicios que presta el gobierno, se mantendrán congelados durante 60 días, la reetiquetación comenzó el jueves 22, según denunciaron algunos líderes obreros.
Mientras en la residencia oficial de Los Pinos se reunían el martes los integrantes del Pacto para decidir la ampliación de la banda de flotación del peso frente al dólar, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos informó que éstos subirían 7% el 1 de enero.
Se dijo que esa cantidad se había calculado tomando en cuenta que para 1995 se esperaba una inflación de 4%. Sin embargo, como reconoció el dirigente cetemista Fidel Velázquez, ese incremento quedó anulado el mismo martes 20 con la devaluación del peso.
Un día después, el optimismo del secretario del Trabajo, Santiago Oñate Laborde, no fue suficiente para tranquilizar a los líderes obreros, y menos a la clase laboral. Según el funcionario, lo sucedido con el peso no cancelaba el incremento en los salarios mínimos, porque no había una relación directa entre ambos factores, pues el poder de compra se determina principalmente “por la manera en que la inflación es controlada”.
Explicó que su confianza en las medidas se basaba en que los instrumentos empleados durante siete años para contener la inflación, contenidos en el Pacto habían dado resultado y por ello continuarían utilizándose. Según él, todo estaba calculado.
Por la tarde, las cosas fueron diferentes. Los representantes obreros, con los de los otros sectores, fueron citados para que asistieran a una nueva reunión urgente de los integrantes del Pacto. Después de cinco horas de “negociación”, llegaron a una serie de “acuerdos”, que el secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, dio a conocer. El principal: dejar la cotización del dólar al libre juego de la oferta y la demanda.
Como esa medida afecta mucho las empresas privadas, se les ofrecieron compensaciones: se les suministrará gas y combustóleo en condiciones de competitividad internacional; se subastarán los derechos para instalar y operar terminales y puertos, así como aeropuertos, y se promoverán modificaciones del régimen de seguridad social para incrementar el ahorro privado, entre otras.
Los dirigentes obreros decidieron secundar el documento siempre y cuando lo firmara Fidel Velázquez, quien no se encontraba en la reunión. Unos cuantos minutos tardó Oñate Laborde en llevar personalmente el texto a la casa de Velázquez Sánchez para que lo firmara y obtener en seguida el respaldo del resto de los dirigentes sindicales.
Al día siguiente, cuando algunos secretarios generales de sindicatos leyeron bien el documento o lo hicieron por primera vez, aparentemente se arrepintieron.
Tal es el caso de Francisco Hernández Juárez, dirigente del Sindicato de Trabajadores Telefonistas, quien explicó: “en un principio fuimos llamados a la Secretaría del Trabajo para decirnos que, por un asunto que tiene que ver con Chiapas, se ponía en peligro todo un trabajo que parecía haber sido armado con mucho cuidado. Se nos aseguró que con esa primera medida –la ampliación de la banda de flotación– se mantendría el control de la economía”.
Señaló que les aseguraron que Fidel Velázquez estaba de acuerdo y que, además, se incluiría una cláusula que permitiría que en un plazo de seis meses se revisara la evolución de los acontecimientos.
Pero el miércoles 21, añadió, “empecé a ver que los acontecimientos eran distintos. Se trataba en la práctica de una devaluación que no iba a regresar; que, al contrario, podría ir más alta. La medida fue insuficiente, y los acontecimientos así lo corroboraron”.
Según Hernández Juárez, informó a los integrantes del sindicato, reunidos en una asamblea extraordinaria, las razones por las cuales había apoyado la estrategia expuesta por los secretarios de Hacienda y del Trabajo.
Detalló que dicha estrategia sustentaba, entre otras cosas, que “nuestro país está por encima de los chantajes a que nos está sometiendo Marcos, y por encima de los especuladores”.
Pero, concluyó, “no es correcto que nos tengan ahí una noche y parte de la otra, que estemos discutiendo toda la estrategia, y resulte que, a la hora de dar a conocer el documento, nos sacan uno bajo la manga”.