Señor director:
En el número 945 de Proceso, se incluye una nota de Alberto Aguirre M., que contiene diversas consideraciones y referencias sobre mi país de origen, la República Argentina, que pueden confundir a sus lectores, por lo que respetuosamente le solicito la publicación de la presente:
Es difícil acumular en una sola página tal número de mentiras y afirmaciones descabelladas. Entre otras cosas se dice que Abal Medina fue un militar de carrera y exdirigente de Los Montoneros; que esta fue una organización que realizó actividades antiguerrilla en Argentina entre 1975 y 1982; que Montoneros fue uno de los grupos paramilitares que actuó con mayor fuerza en Argentina, con el apoyo de la dictadura militar, entre 1975 y 1982; que se les recuerda por los secuestros, muertes y torturas que dejaron en total 30,000 desaparecidos, y que al terminar la dictadura militar, pasaron a formar parte de lo que en Argentina se conoce como “mano dura desocupada”.
Que Abal Medina lleva varios años en México, donde llegó después de 1982, cuando salió de Argentina al recibir el indulto del gobierno de Raúl Alfonsín, y que a cambio entregó una lista de los militantes de la organización al gobierno argentino; que está acusado de haberse quedado con los fondos de la organización, calculados en 60 millones de dólares; y que fue un asesor “cercanísimo” del exsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios.
Nada de lo anterior tiene un solo dato correcto: Juan Manuel Abal Medina no es, obviamente, militar, sino abogado, profesor universitario y un político muy conocido; no fue dirigente de Los Montoneros, sino Secretario General del Movimiento Peronista; Los Montoneros no eran una organización antiguerrillera, sino precisamente la más importante organización político-militar del peronismo en los 70; Abal Medina no fue indultado por Alfonsín, sino que recibió salvoconducto de la dictadura militar para salir del país, luego de un asilo diplomático de más de seis años en la embajada de México en Buenos Aires, en 1982; jamás fue acusado de entregar ninguna lista, ni de quedarse con ningún dinero de una organización a la que ni siquiera perteneció.
El periodista Aguirre pudo haberle ahorrado a Proceso la vergüenza de publicar semejante disparate, con la mínima diligencia exigible a un profesional de consultar los archivos de la propia revista, que en múltiples ocasiones se ha ocupado de la política argentina, de Los Montoneros y, en especial de Abal Medina, cuyo caso de asilo diplomático, el más largo en la historia de esa institución, motivó incluso la publicación del libro Una cárcel mexicana en Buenos Aires, de Editorial Proceso.
No necesito abundar sobre Juan Manuel Abal Medina, porque su trayectoria política libre, hasta la publicación de esta artera nota, de un solo cargo desdoroso aún de sus enemigos, no lo requiere. Menos me atrevería a abundar sobre la figura de Don Fernando Gutiérrez Barrios, que salvó mi vida facilitando mi viaje a México, y al cual todos los latinoamericanos demócratas le estamos eternamente agradecidos por la generosa hospitalidad que brindó siempre a los perseguidos políticos. Sólo mencionaré la amistad que lo unió a dos grandes argentinos ya desaparecidos: el expresidente Héctor Cámpora y el gran ideólogo peronista Rodolfo Puigrós. Que el doctor Abal Medina haya trabajado al lado de don Fernando, no tres años como dice el libelo, sino durante toda su estancia en México de casi doce años, constituye un orgullo para sus compañeros y, en general, para todos sus compatriotas.
Señor director: Le ruego perdone la vehemencia y extensión de estas líneas, pero la nota en cuestión tocó fibras muy sentidas de los argentinos. Además de las innumerables llamadas telefónicas que hemos recibido, los cables dan cuenta del “malestar en los círculos políticos e intelectuales por la acusación contra Juan Manuel Abal Medina” y de que “en el Servicio Paz y Justicia, que preside el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se calificó como una ‘infamia’ una información de la revista mexicana Proceso”. Por otra parte, un despacho de prensa de Buenos Aires informa también que las Madres de Plaza de Mayo declararon que “es inconcebible que una revista seria haya permitido que se teja una historia semejante, que enloda la memoria de tantas víctimas”.
Atentamente
José Alberto Silva
Tabasco No. 177- 4
Col. Roma.








