Señor director:
Deseo aclarar algunas afirmaciones aparecidas en la nota que hace referencia a la existencia de asesores argentinos antiguerrilla en México, de Alberto Aguirre M. (número 945, página 20).
1.- En esa nota se atribuye al Premio Nobel de la Paz 1980, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, algunas afirmaciones que son totalmente inexactas:
a) Montoneros nunca fue un grupo paramilitar ni contó con el apoyo de la dictadura militar asesina y explotadora que sojuzgó a nuestra patria. Montoneros que era (¿todavía será?) una organización político-militar surgida del seno del pueblo, con una política nacionalista revolucionaria –peronista de izquierda– y llevó a cabo la lucha armada en territorio argentino desde 1970 hasta…. ¿quién dijo 1982?
b) Se nos recuerda por nuestra consecuencia, por nuestra valentía y por nuestros enormes errores políticos, que nos llevaron al aislamiento y luego al casi aniquilamiento físico, pero no por ser responsables de “secuestros, muertes y torturas que dejaron en total 30,000 desaparecidos”.
Esta última afirmación es una inmoralidad que no admite justificación alguna. Nosotros fuimos parte de esos asesinados, torturados y desaparecidos: mi hermano, el hermano de mi compañero más querido, la compañera de mi amigo, centenas de trabajadores y miles de inocentes. Si esto lo dijo Pérez Esquivel, deberá ser confrontado por los sobrevivientes de esa lucha en Argentina, por las madres y abuelas de Plaza de Mayo y por los propios compañeros de lucha del Premio Nobel.
De la citada nota surgen otros dos temas que considero imprescindible aclarar:
c) Montoneros siempre fue respetuoso de la solidaridad del pueblo y gobierno mexicano, de su soberanía y de las disposiciones referentes a la actividad política en suelo mexicano.
Nunca “los Montoneros” intervenimos en la política mexicana; nunca la actitud o los errores de una o varias personas fue “política montonera en México”.
Estas afirmaciones sin sustento pretenden vincular de manera artera a nuestra guerrilla urbana en Argentina con lacerantes problemas actuales de México, derribando y ensombreciendo el panorama político nacional.
d) Por último, señor director, quiero destacar la vinculación confusa –y hasta donde conozco, mentirosa– de Abal Medina con Montoneros.
No voy a defender a mi amigo Juan Manuel Abal Medina, ya que él siempre tuvo la valentía de actuar políticamente y defenderse solo, pero sí quiero afirmar que en más de 24 años nunca estuve enterado de que hubiera sido acusado por ningún montonero por “haberse quedado con los fondos de la organización, calculados en 60 millones de dólares”.
Por otra parte, Juan Manuel no fue indultado en 1982 por Raúl Alfonsín –ya que ni siquiera era Presidente argentino en ese año– y tampoco entregó lista alguna de compañeros para obtener su libertad. Siempre permaneció en la embajada de México en Buenos Aires junto al expresidente y exembajador Héctor Cámpora.
En síntesis, desde mi perspectiva como viejo Montonero, Juan Manuel no formó parte de Montoneros, no nos robó dinero ni nos traicionó. El que afirme todo esto, que lo demuestre.
Esta carta es expresión de mi lealtad con la lucha de miles de argentinas y argentinos que actuamos en Argentina hace ya algunos años. Pero además pone el acento en que quienes decidimos construir una vida en paz en el seno del pueblo mexicano, hemos inculcado a nuestros hijos –nacidos allá y acá– nuestra gratitud al pueblo que nos recibió generosamente.
Atentamente
José Pelayo
Calle Nacional S/N
Santa María Ahuacatitlán, Morelos
Respuesta de la redacción
La información aludida, en efecto, adolece de los graves errores que las cartas señalan. No hay de por medio otra causa que la de una serie de descuidos tanto en la redacción como en la edición de la nota. Pedimos disculpas a quienes justamente reclaman por estas fallas y a los lectores en general.








