“No hay mas que digerir las derrotas, dice Quintero, el portero mas goleado

QUERETARO, QRO.- Sin tierra en el cuerpo, pese a que asegura haber sido sepultado el domingo 11 cuando Zague, Biyik, Kalusha y compañía le hicieron la peor goleada de su vida, Héctor Quintero acude a la “filosofía deportiva”, basada en la revancha, para resucitar.
A sus 30 años, el portero titular de la selección mexicana en el mundial juvenil de 1985, niega que su carrera esté acabada después de los ocho goles que le metió el América, con lo que llegó a un total de 37 goles admitidos en quince partidos, para ser el arquero más goleado del torneo.
Aunque ya no quiere recordar ese día, Quintero reconoce sus errores, acepta que su mala actuación fue determinante, pero señala que ni aun tratándose del portero, la baja de moral de un solo jugador puede causar la derrota de un equipo.
La historia de Quintero es la de muchos futbolistas que no han sido capaces de sacar provecho en forma consistente a sus cualidades. Su 1.88 metros, sus 86 kilos, su seguridad en los balones por alto y su presencia, llamaron la atención desde el inicio de su carrera.
Con 19 años, en el Tecomán de Segunda División, se convirtió en el portero más espectacular de esa liga y pronto, tras su paso como seleccionado juvenil y después de superar un año de suspensión por agredir a un árbitro en el mundial, llegó a la Primera División, con los Tecos de la UAG, con los que jugó dos temporadas como titular, hasta que lo desplazó Carlos Briones.
Luego fue al Monterrey, donde tuvo un buen inicio, pero perdió la titularidad ante Tirso Carpizo. Posteriormente pasó al Veracruz, pero allí, con excepción de quince partidos, las dos temporadas que estuvo se vio relegado a la banca ante la regularidad de Adolfo Ríos.
Esta temporada fue contratado por el Tampico-Madero y ha actuado como titular toda la temporada, y pese a la gran cantidad de goles en contra, se había destacado como uno de los héroes del equipo al salvar infinidad de situaciones de gol. Hasta que llegó el América.
Más resignado que entusiasta, Quintero acepta la entrevista la noche del martes 13:
“He tomado las cosas con tranquilidad. Un partido no te puede decir si andas muy bien o muy mal. El parámetro es toda la temporada.”
–Hasta antes del juego con el América parecía que actuaba mejor cuando tenía varios goles en contra…
–A nadie le gusta que le hagan algo para poder reaccionar. Aunque sea inconsciente, al que le pase eso es porque mentalmente no está bien preparado. Lo que sí te puedo decir es que cuando tienes una actuación mala, moralmente te vienes abajo, pero eso es muy normal y lo sufre todo el equipo. Contra el América ocurrió todo tan rápido que ni tiempo hubo de digerir o de hablar.
–¿Reconoce que sus fallas fueron determinantes?
–Sí, yo estoy muy consciente de que tuve una mala actuación, tuve algunos errores, pero creo que esta baja de moral de la que estoy hablando se manifiesta en general, un solo jugador con la moral abajo no le puede causar la derrota de un equipo.
–¿Aunque se trate del portero?
–Cuando tienes once jugadores adentro, no, no creo.
Tranquilo, recuerda:
“A mí me tocó ser definitivo en el tercer gol de ellos, con el que se rompía el empate a dos, y hasta la fecha no puedo descifrar cómo me pasó esa jugada. Esa bola la bajé con la mano y cuando botó, y mucha gente no lo va a creer, pegó en un bordo del pasto y se metió. Aparte, nadie se dio cuenta de que el balón no entró totalmente. Sí entró, pero no totalmente, antes alguien lo despejó.”
–¿Qué se siente?
–En el momento quisieras que te tragara la tierra, sientes lo peor. Sentía mi moral tres metros bajo tierra. Me estaba pasando algo que nunca había sentido. Hay gente que sólo quiere ver la goleada como consecuencia de mi mala actuación, pero esta visión es producto de un análisis muy parcial de lo que es el futbol. Toda jugada trae una secuencia, por eso todos somos responsables.
–¿Y en los vestidores?
–Pura tristeza, es algo que tardas en digerir, se te queda muy metida. Pero no queda otra cosa que digerirla. Se perdió un partido, no el ascenso o el campeonato o la vida.