QUERETARO, QRO.- La temporada pasada llegó a México para el Santos-Laguna, con un gran cartel: nada más y nada menos que el de campeón goleador de su país durante las últimas tres temporadas.
Sin otra opción por delante, fue improvisado por su compatriota Pedro García en una posición que no era la suya, y pese a resultar subcampeón con su equipo, el chileno Rubén Martínez no gustó por completo a la afición ni a su técnico, no anotó los goles que se esperaban de él y fue cedido en préstamo al Tampico-Madero.
Aquello que parecía una nueva oportunidad para demostrar su valía, una posibilidad que lo llenó de esperanza, se convirtió pronto, “demasiado pronto”, en la peor experiencia de su carrera.
Martínez, exjugador del Colo-Colo, equipo con el que ganó casi todos los títulos mundiales a nivel de club, empezó a vivir situaciones que jamás había tenido en su carrera. No las toleró y aún le están haciendo pagar caro el precio de su rebeldía.
“Lo mío se inició mal, pues después de firmar contrato, de haber llegado a un acuerdo satisfactorio, empezaron las irregularidades, no sólo en lo administrativo sino en un montón de situaciones que por supuesto me fueron mermando y me fueron ubicando en una posición de desagrado. La diferencia la marqué yo porque las hice ver inmediatamente”, dice.
Poseedor de un gran toque con la pierna izquierda y de una habilidad notable para plantarse en la zona de gol, el jugador chileno empezó el torneo de titular, fallando y anotando, como acostumbran hacerlo los de su posición. Pero cuando llegó la hora de cobrar su primera quincena y la segunda y la tercera y la cuarta y la quinta, nada. Y cuando quiso cobrar lo que se había pactado por su traspaso, tampoco nada, hasta la fecha.
Tuvieron que pasar dos meses y medio para que pudiera cobrar su primera quincena y otros tres meses para que llegara su familia, pues el propietario no daba el dinero para los pasajes, como se había comprometido. Tampoco Antonio Peláez pagaba la renta de la casa de Martínez y su esposa. La dueña se presentaba todos los días a cobrar. Harto de estas presiones, decidió que su familia regresara a Chile.
Molesto por la falta de seriedad de Antonio Peláez, dueño del equipo, habló con su entrenador José Camacho, le explicó que no podía concentrarse de lleno en lo futbolístico con un trato así. Camacho lo entendió y lo apoyó. Habló con sus compañeros y éstos también le manifestaron solidaridad, pues su problema –quizá sin tanto dramatismo– lo estaban padeciendo todos.
Desde entonces, apenas la fecha cinco del torneo, no fue tomado en cuenta en el primer equipo.
Bien asesorado por su representante, el uruguayo Washington Castro, y por un abogado, Rubén Martínez nunca abandonó su trabajo, siempre se presentó a los entrenamientos, donde incluso destacaba en las pruebas físicas.
Peláez le reclama que nunca haya querido negociar sin la presencia de su abogado. “Es un niño mal educado y caprichoso”, dijo al reportero.
Relata que Rubén Martínez participó en un partido de una liga amateur en Tampico y como prueba dice tener la cédula arbitral con las alineaciones. Cuenta también que cuando le platicó de esto al representante de Martínez, le pidió que no lo hiciera público.
El jugador explica:
En una de las tantas crisis por la falta de pagos oportunos, la totalidad del plantel decidió no presentarse a entrenar, aunque para evitar alguna sanción de la FMF acordaron presentarse momentos antes del partido. En una de esas ocasiones, Martínez y otros compañeros acudieron a la playa a entrenar por su cuenta y para hacer un poco de futbol aceptó la invitación de un grupo de amigos para jugar una “cascarita”.
“Es ridículo que ahora alegue eso, es un acto de cinismo extremo. Bajo las circunstancias, lo que yo hice fue un acto de profesionalismo.”
Cuando el equipo se cambió a Querétaro, la directiva se negó a pagarle el pasaje, por lo que lo hizo con sus propios recursos para que no se le acusara de abandono de trabajo.
Ya en el aeropuerto de la Ciudad de México, subió al autobús que los trasladó a su nueva sede, y Peláez, en un acto de conmiseración, le dio permiso de seguir con el equipo y le pagó hospedaje y alimentación.
El miércoles 14, sin embargo, se rompieron las relaciones. Peláez buscó un arreglo inaceptable para el jugador, pues apenas estaba dispuesto a pagarle “algo así como el diez por ciento” de lo que le debe. Al día siguiente, le comunicaron a Martínez que estaba dado de baja y que ya no le pagarían nada.
El jugador de 29 años, técnico en administración de empresas, regresará a Chile, de donde asegura no hubiera salido nunca si se pagara bien, pero jura que antes luchará con todo para que sus derechos no sean pisoteados.








