QUERETARO, QRO.- Apesadumbrado, José Camacho, entrenador del Tampico-Madero, equipo que a media temporada fue obligado a cambiar de sede y de nombre –ahora es TM-Gallos Blancos–, afirma: “Somos el equipo del momento”.
Y sin duda lo son: el domingo 11 habían sido goleados 8-2 por el América, precisamente en su primer partido en su nueva sede: el estadio “La Corregidora” de esta ciudad. Y en todo caso, la goleada es lo de menos: El TM-Gallos Blancos es el candidato número uno al descenso, pues está en el último lugar en la tabla de porcentajes.
En la habitación de su hotel, su casa durante las últimas tres semanas, con las maletas permanentemente hechas, Camacho se queja:
“Sólo vivimos el presente, y por éste hay que entender el minuto que pasa, ni siquiera las horas, ya no digamos los días. No sabemos qué es lo que va a pasar. La incertidumbre es total.”
Antonio Peláez, aparentemente todavía propietario del equipo, explica el porqué tuvo que sacar al equipo del estadio Tamaulipas de Ciudad Madero. Dice que el estadio es propiedad de la sección uno del sindicato de trabajadores petroleros, organismo que se los prestaba en un comodato gratuito.
Sin embargo, de la noche a la mañana, el tesorero Gustavo González exigió el pago de una renta mensual de 50,000 nuevos pesos, los derechos de televisión, el manejo de la publicidad estática y el control sobre la venta de bebidas y alimentos.
Peláez, quien tiene ya “varios millones de dólares” de pérdidas por la poca asistencia de aficionados, consultó con la rama de la Primera División de la Federación Mexicana de Futbol, la cual le recomendó trasladarse a esta ciudad, donde el ganadero y agricultor tamaulipeco se asoció con la Promotora de Queretanos, agrupación constituida este año para manejar a los Gallos Blancos, que tienen equipos en Primera A, Segunda y Tercera divisiones.
La Promotora, dirigida en el renglón futbolístico por Armando Ramos, se comprometió a pagar las deudas hasta el monto máximo del valor estimado de la franquicia, entre siete y diez millones de nuevos pesos.
De mantenerse el equipo en Primera División, la Promotora conservará la franquicia; en caso contrario, Peláez permanecería con el equipo, pero tendría que pagar lo que le están prestando.
LA SOLEDAD DE LA DERROTA
Al margen de esta negociación, jugadores y entrenador permanecen en una incertidumbre plena, que dura ya cuatro semanas. Todos los jugadores, y algunos de sus familiares, en total 39 personas, se encuentran hospedados en el hotel Real de Minas, viviendo la soledad que acompaña a las derrotas.
Nadie se les acerca. La prensa local los ha ignorado por completo, entrenan sin espectadores, en las canchas del Tecnológico de Monterrey. La desatención es total. El martes 13, por ejemplo, tenían previsto entrenar en la mejor cancha del ITESM, pero les fue negada debido a que allí practicaba un grupo de niños. Tuvieron que hacerlo en la cancha olímpica, sin porterías y con varias áreas cerradas por la replantación de pasto.
Al día siguiente por la mañana tenían previsto desarrollar un entrenamiento en el mismo lugar, pero el minibús encargado de transportarlos nunca llegó, por lo que tuvieron que improvisar su práctica en las canchas de tenis del hotel.
COMO GITANOS
De por sí serio, a José Camacho se le ve, en el campo de entrenamiento, en el comedor y en los pasillos del hotel, apesadumbrado. Entrenador de futbol desde 1982, asume su actual situación con un orgullo callado que, dice, tiene como límite la dignidad.
Sentado en uno de los bordes de la cama de su habitación, triste, relata:
“Enfrentamos una situación inesperada que trae consigo un gran descontrol, tanto en lo familiar, como en lo futbolístico. En Tampico no sabíamos cuando era día 15 y cuando era día 30, más bien permanecíamos pendientes del próximo partido para que nos pudieran dar algo de dinero. Había mucha desesperación, los jugadores ya no estaban motivados.”
Reconoce que el traslado a Querétaro significó “una luz”, pues ahora “cuando menos estamos al corriente de las quincenas y eso es importante”.
Exentrenador del Río Verde de Tercera División, del Correcaminos de la Segunda B y del Atlético Potosino, en Primera y Segunda División, Camacho tenía más de un año en Tampico, donde ascendió a los Jaibos la temporada pasada. Sabedor de que el entrenador de futbol “es hijo de los resultados”, no se llevó a su familia, pero sí tenía ya un departamento más o menos bien montado que tuvo que abandonar.
“Todo ha sido problemático, desde la mudanza, aunque la mayoría no hemos podido traer todo lo que hubiéramos querido. Lógicamente quien está acostumbrado a vivir con su familia tiene problemas. Hay algunos jugadores que todavía no se adaptan, no saben qué hacer, si dejar a su familia en Tampico o traérsela”, cuenta el técnico de 44 años.
Aunque 70% de los jugadores está casado, Camacho afirma que los más afectados han resultado los más jóvenes, los solteros, los que son hijos de familia, como Víctor Moreno y Héctor del Angel Malibrán, que nunca habían salido de su tierra.
“Todo es caótico, con gran incertidumbre, vivimos al día; sin futuro, puro presente, al minuto, a la hora, cada entrenamiento. Venir a Querétaro era como asirse a una tabla de salvación, pero vienes acá y te das cuenta de que el paso es igual de difícil. Ya hay más tranquilidad, pero no la adecuada. Estamos como gitanos, con ropa metida en la maleta porque no sabemos qué va a pasar”, señala.
–Suena duro, pero parece que nada los salvará del descenso…
–No, en ese aspecto tenemos mucha oportunidad de luchar. Hoy platiqué con los muchachos y está claro que nuestro objetivo es hacer por lo menos 22 puntos. Necesitamos ayuda de mucha gente porque estamos viviendo una situación muy especial. La Promotora tiene otros equipos, no sabemos si ya estamos aceptados en ciento por ciento, si nos consideran arrimados o qué somos.
–¿Definió ya qué jugadores saldrán, quiénes vendrán de refuerzo?
–Es muy difícil decir eso en estos momentos, no me he sentado a la mesa con nadie para decidirlo. El primero que se puede ir, y a lo mejor que se quiere ir, es José Camacho. De repente cansa todo esto, usted vio lo que vivimos hoy, ni siquiera teníamos una cancha, pero eso sí a la hora de los partidos la gente y los medios exigen, sin ver lo que está atrás.
–¿Ya ha hablado con el dueño del equipo de esto?
–Sí, pero se ve que ahora hay otra gente, otros intereses.
–¿Qué sentimiento impera en usted?
–Varios, pero fundamentalmente el de frustración e impotencia, sobre todo al escuchar las críticas que le hacen a uno, a la distancia, sin conocer los hechos. Cuando veo que me están presionando de esta manera, pienso que lo más sano es irse, y aclaro que no es el señor Peláez.
Entrevistado el jueves 15 por la tarde, Armando Ramos, encargado de futbol en Promotora de Queretanos, acepta que Antonio Peláez ha tenido la delicadeza de incluirlo en sus decisiones y se encuentra abiertamente colaborando con él.
Peláez, en entrevista, habla de su experiencia en el futbol mexicano:
–¿Por qué se producen estas situaciones?
–Muchas veces uno hace números dulces con la ilusión de que todo va a salir bien, pero de pronto no hay la asistencia que se esperaba, y al mismo tiempo se produce una espiral inflacionaria en los salarios de los futbolistas, que rebasa de manera considerable los ingresos. Calculábamos tener una asistencia de más de 60% en cada juego, pero no llevábamos ni 10%. Contra el Neza, por ejemplo, fueron apenas 2,800 espectadores. Definitivamente, lo que nos sucedió es una cosa triste y desagradable, pero no teníamos otra salida.
Peláez se niega a precisar a cuánto ascienden sus deudas y sólo señala que son en varios rubros, no sólo el sueldo de los jugadores. También debe por concepto de la franquicia de Segunda División que compró hace tres años al Atlético Potosino, cartas de jugadores, contrataciones…
–¿Su experiencia demuestra que los clubes no pueden seguir funcionando así, que se deben abrir, que deben buscar accionistas aunque no sean familiares?
–Sí, actuar como particular en este momento es casi suicida. Somos un mal ejemplo a la larga.
Señala que nunca regresará al futbol, pues ya aprendió de él lo que tenía que aprender.
GRACIAS A DIOS
Del entrenamiento a la habitación. De la habitación al comedor. Del comedor a caminar por el hotel y sus alrededores. Luego a dormir. Así transcurre, alejada de festejos y autógrafos, la vida de los jugadores del TM Gallos Blancos.
Los que trajeron a sus esposas e hijos, se resignan a una convivencia que antes era ocasional. Todos extrañan la intimidad de sus hogares.
Héctor del Angel Malibrán, delantero de 23 años, ha sido la revelación del equipo, por su rapidez y facilidad para anotar.
Receloso, como el capitán Alejandro Domínguez que rechazó la entrevista, Del Angel advierte que sólo responderá si le agrada la pregunta.
–¿Su actual situación afecta el rendimiento?
–Ya dentro de la cancha todo se olvida; los problemas los tenemos durante la semana.
–Pero esto rebasa las exigencias de un profesional…
–Claro, el tener buen trato y estabilidad es fundamental para cualquier trabajador.
–¿Ya les están pagando?
–Sí, hasta ahorita, gracias a Dios, ya nos están pagando.
El defensa argentino Claudio Ubeda, traído por Héctor Miguel Zelada del Rosario Central, cuenta los problemas que ha tenido para cobrar lo pactado en el contrato:
“Ojalá el cambio sea para bien, pues venimos de una situación muy crítica en Tampico, ya que teníamos varios sueldos sin cobrar, no nos cumplían. Es bastante difícil hacer un cambio a media temporada; tenemos que vivir todos en un hotel y todavía la situación está indefinida. La gente nueva tiene que reconocer los convenios que tenemos firmados con el club anterior y todavía no tenemos reuniones personales con ellos. Ojalá antes de fin de año quede todo solucionado. En mi caso tengo varios documentos vencidos que desde hace dos o tres meses debería haber cobrado; uno siempre tiene la buena intención de diálogo y la paciencia para que se solucionen las cosas, pero yo nunca dejé de jugar y merezco que también cumplan mi contrato y voy a exigirlo.”
–¿Está de acuerdo en que esto rebasa lo que es ser profesional?
–Sí, porque uno está pensando siempre en que hay que ir a las oficinas a intentar cobrar, ahora con el cambio de ciudad uno está pensando dónde va a ir a vivir, buscar una nueva casa, estar en diálogo con la directiva para llegar a arreglos y un poco se va marginando de lo que es la parte deportiva. Nosotros deberíamos entrenar y jugar sin tener que estar pensando en los problemas económicos.
–¿Qué le dice su esposa de esto?
–Al principio es lindo estar en un hotel, pero luego se hace un poco cansado, uno quiere la tranquilidad de una casa. Las esposas no están acostumbradas al trato que nos dan los directivos, pero nosotros somos los que tenemos que asumir esa carga y tratar de que también la familia funcione bien.
Para el panameño René Mendieta vivir esta situación, a los 33 años, es verdaderamente complicado. Ignora cuál será su futuro, pues se habla de que vendrán refuerzos extranjeros y teme ser dado de baja en la fecha 19. De hecho, presiente ya algo, pues desde hace algunas semanas, tras un altercado con el dueño, dejó de ser tomado en cuenta por el entrenador.
Le preocupa particularmente su situación familiar, pues su esposa y dos hijos permanecen en Tampico a la espera de las gestiones que haga, sobre todo el trámite para que sus hijos, de primero de secundaria y sexto de primaria, obtengan un cambio de escuela.
El chileno Jorge “Coque” Contreras, uno de los mejores jugadores de su país en toda la historia, cree que los problemas del equipo nacieron por la poca visión que tuvo el propietario para planear las cosas.
Dueño de un currículum en el que sobresalen los seis años que actuó para el Deportivo Las Palmas, del futbol español, además de su estancia en la Universidad de Chile y el Colo-Colo, Contreras, en las postrimerías de su carrera, quiso poner un final feliz aceptando fichar para el Tampico-Madero. No sabía en la que se iba a meter, reconoce.
“Hay incertidumbre, estamos como en un alambre, la situación no se aclara, es complicada. Mucha gente comenta que no deberíamos estar en la Primera División porque no tenemos el nivel, pero hay muchas cosas que han pasado que ni se las imaginan y que vale la pena que se destaquen.”
–¿Te arrepientes de haber venido a México?
–No, en realidad, lo que sí me incomoda es estar tan inseguro, que no se vislumbren soluciones a tu situación, que no se diga lo que va a pasar. Estás en el desequilibrio y no sabes a qué atenerte.








