Ha habido duplicidades entre el INBA y el consejo, pero se han ido corrigiendo, afirma Gerardo Estrada y anuncia homenajes a González Camarena y Corzas en el palacio

Al subrayar la necesidad pasada y futura del Instituto Nacional de Bellas Artes en la vida cultural del país, si no como la única estrella que fue, pero sí una entre varias –y en la de las bellas artes la más importante–, su director, Gerardo Estrada, señaló que la desaparición de ese organismo nunca ha sido considerada; y de su supuesta subordinación al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dijo que en el ajuste que se ha venido realizando para desburocratizar Bellas Artes y para que el Consejo asuma sus funciones de coordinador de instituciones, “es natural que se hayan dado duplicidades”, pero las justificó en cuanto “los organismos, como los seres vivos, se van creando con las experiencias”.
En su despacho de la Unidad Artística y Cultural del Bosque de Chapultepec, una enorme y calurosa oficina con gran ventanal único hacia el oriente, se preguntó a Estrada si en este ajuste se ha sentido lastimado o alguien en el instituto, y respondió:
“No, el director del INBA, para nada, al contrario. Sí creo que algunos sectores del instituto han tenido resistencia al cambio, digámoslo así, de estas nuevas formas de organización y creo que ha habido malos entendidos, en ese sentido, pero nunca han estado en tela de juicio la existencia del instituto ni sus funciones. Ha estado en tela de juicio su manera de operar. Ha habido momentos complicados porque no es fácil. Ante todas las instituciones del gobierno federal en general hubo una etapa de desconfianza de la gente hacia las autoridades, un clima de escepticismo respecto de las propuestas, de las promesas.”
Frente a las críticas sobre el burocratismo del INBA, Estrada reconoció que hay áreas que debía abandonar, otras donde no debía entrar (como en el apoyo a creadores, que ahora tiene el FONCA, o la administración de la cultura popular, o el manejo de estaciones de radio y televisión, como Radio Educación y Canal 22) y algunas más reajustar. Pero enfatizó que el INBA se ha desburocratizado muchísimo.
Bellas Artes, informó, gasta en el aparato administrativo 40% de su presupuesto. De todos sus trabajadores, sólo 600 están en esa área estrictamente administrativa, es decir, no arriba de 20% del personal de Bellas Artes, en vías de reducirse más.
El INBA, declaró, sí tiene injerencia en el Centro Nacional de las Artes, y expuso que con el tiempo se irán aclarando esas dudas.
Además, dio a conocer el presupuesto para 1995: 300 millones de nuevos pesos, y la realización de dos homenajes en el Palacio de Bellas Artes, las exposiciones de Jorge González Camarena y Francisco Corzas.
Luego de repasar su tránsito de las instituciones universitarias de cultura a las gubernamentales, que en el pasado era objeto de cuestionamiento por una visión reducida de la autonomía universitaria y del dogmatismo marxista –”creo que el mundo de la cultura no es uno universitario u otro del gobierno, me tocó esa transición en la cual el mundo cultural pudo ser uno solo”–, Estrada señaló cuál fue para él el significado de aceptar la dirección del INBA, en un momento, se le precisó, en que el INBA estaba empezando a ser desplazado de la rectoría cultural de México. Dijo:
“Hace 30 años la única revista cultural de México era la Revista de la Universidad, actualmente hay diez o doce, entre ellas cinco de nivel internacional. Yo no lo veo como un momento de crisis en el sentido de pérdida, sino de crecimiento, de desarrollo y de tener una nueva perspectiva. Es un país que en 30 años ha cambiado radicalmente, tanto por el número de habitantes como por la calidad de vida y sobre todo por la oferta y la demanda culturales. Yo creo que la creación del Consejo implicó un reconocimiento muy importante al papel de la cultura en México, fue una medida excepcional en el sentido de plantearse la necesidad de organizar y revalorar el papel que las instituciones culturales del país podían tener.
–Sin embargo, sí se puede hablar de una época dorada de Bellas Artes donde los directores como Carlos Chávez tenían un papel protagónico muy importante que el INBA dejó de tener.
–Bueno, es que cambió el país. El Bellas Artes de Carlos Chávez asume parte de la estrella que trae el propio Carlos Chávez. Pero en segundo lugar, era la única institución cultural del país. Estamos hablando de 1950. En cambio en este momento existen diez o doce en el país, del mismo nivel, como el ejemplo de las revistas. Ciertamente hay actividades que sólo Bellas Artes realiza de manera permanente y constante, como la ópera. Hay una compañía de ópera en Monterrey pero no tiene la misma permanencia. Pero de todas maneras para la vida literaria, los talleres, que eran muy importantes en la Ciudad de México, hoy existen en todo el país. Entonces Bellas Artes no puede jugar hoy el mismo papel que hace 40 y tantos años. Tiene que reasumirse y repensarse y contemplarse como una institución que tiene más un carácter de rectora y normativa pero con el sentido de un modelo, de excelencia, de calidad, de rigor, ¿no? No podemos seguir centralizando la vida cultural en una institución cuyo papel federal, o en un federalismo moderno, tendría que ser distinto. Esto que ya no está sucediendo en otras partes del mundo como modelo centralista, como Francia, donde también el Ministerio de Cultura comenzó a deshacerse de las casas de cultura.
–Ahora que se plantea la necesidad de ubicar y definir el marco jurídico del Consejo de Cultura, que al parecer no está bien definido, señala Rafael Tovar que el INBA tiene que acotar sus funciones. ¿Qué no están acotadas ya por la ley?
–Efectivamente ya están acotadas por la ley, pero a lo que se refiere el señor Tovar es a que hay algunas funciones que ya no podría cumplir el INBA. Yo no lo veo en menoscabo de Bellas Artes, sino como parte de un proceso de modernización del país. Si no tendríamos que arrastrar una de las críticas que más se ha hecho al INBA, que es ese enorme aparato burocrático que se ha disminuido muchísimo, pero que hay que disminuir todavía más.
–En este ámbito de la desburocratización, ¿qué problema enfrenta Bellas Artes con su sindicato?
–Obviamente cambio de ámbitos. Hay personas desplazadas, la tecnología siempre desplaza. Hubo disminución de personal con el programa de retiro voluntario. Ha habido una negociación fuerte con el sindicato. Como muchas actividades no son permanentes sino temporales, eso es mal visto por la organización sindical. Pero hemos llegado a diálogos, a entendimiento. Hemos logrado estabilidad en el trabajo. No ha sido fácil, por supuesto.
–Que el INBA no necesitaba un CNCA, se dice.
–Es equivocado. La vida cultural no sólo son las bellas artes, y se necesita un mecanismo bien estructurado, como puede ser el Consejo, que coordine esas actividades. Yo vengo de la radio y sé que no sería compatible que el INBA tuviera sus estaciones de radio. Es otro mundo. Se necesita otro organismo. La idea del Consejo es buena. No es burocratizar, se entiende que el Consejo tiene una función coordinadora.
–Esta función al parecer –da la impresión de que está en la sensibilidad de mucha gente muy destacada y crítica, no a nivel de rumor– invade áreas que son propias de Bellas Artes. ¿Cómo lo ha sentido usted?
–Es natural que en un momento de reordenamiento surjan estas cuestiones, que aparezcan incluso duplicidades. Pero no hay que olvidar que las instituciones se crean también como los seres humanos, a base de experiencias, que se van acotando poco a poco los terrenos. Muchas veces fue necesaria una intervención desde afuera para que Bellas Artes pudiera sentir que algo estaba mal, había necesidad de empujar. Si no hubiera habido la presión del Consejo, a lo mejor internamente no se hubiera dado. El hecho de que Rafael Tovar haya sido director de Bellas Artes le permite conocer esto y obviamente tiene preocupación sobre el instituto. Ha habido un mayor ajuste en esta relación. Ha habido duplicidades en algún momento, efectivamente, no de ahora, sino desde la fundación del Consejo, pero que se han ido corrigiendo. Se trataba de llenar huecos, cosa que a lo mejor Bellas Artes no estaba haciendo, y otras que estoy convencido de que debió dejar de hacer, como eso de los apoyos a los creadores.
–Dentro de esta delimitación de funciones entre INBA y Consejo, pareciera que el Centro Nacional de las Artes no tiene nada que ver con el INBA, porque fue inaugurado por el presidente del CNCA y él ha declarado que las actividades artísticas de actualización en el Centro, por lo menos, no corresponden a Bellas Artes.
–No es un sentido de pertenencia. Las escuelas que están ahí son del INBA y evidentemente una inversión tan cuantiosa como el Centro implica una nueva forma de organización de sus actividades que está ahorita trabajándose, que tiene que ver con esta reestructuración general del área cultural de la que ha hablado el licenciado Tovar, y creo que en su momento se van a aclarar todas estas dudas. Yo creo que la dinámica de los espectáculos que tienen los teatros y las actividades de extensión académica requieren una organización autónoma, autogestionaria; de hecho en el propio instituto estamos caminando mucho hacia estas fórmulas. Parte de la política de modernización del instituto es darle un mayor nivel de autogestión a cada una de sus áreas. Al Palacio de Bellas Artes se le creó una gerencia, sus propios mecanismos, que se coordinan con las otras actividades, pero hay mayor autonomía.
–Me refiero al hecho que llamó la atención en el medio cultural que no se le diera reconocimiento al INBA en la inauguración, entre comillas, del Centro, puesto que no está terminado.
–Yo creo que se daba por implícito que Bellas Artes estaba ahí, con su trabajo, con sus escuelas. Finalmente las escuelas están moldeadas bajo el esquema del INBA.
–En lo que se hace el CNA con toda su estructura, ¿Bellas Artes no tiene injerencia?
–Sí, los planes y programas de estudio y todo esto se han trabajado aquí en largas reuniones a través de la subdirección de Educación Artística. Martín Díaz ha tenido un papel importantísimo en esto, en colaboración con los consejos técnicos. Todo esto se ha hecho en Bellas Artes.
–Sin embargo, esto que Tovar llama la actualización, no la educación artística, estos diplomados, seminarios, ¿ahí no tiene nada que ver Bellas Artes?
–No, sí tiene que ver. En la implementación se creó una oficina particular, pero si uno analiza ya los programas completos, hay muchos profesores de las escuelas del INBA que están dando esos cursos, hay algunos que fueron incluso iniciativas de los propios profesores de las escuelas, como el caso del Conservatorio. La vinculación está en los hechos, en la práctica.
–Esto viene a cuento porque de nuevo da la impresión de que el Consejo sería la instancia modernizadora de la cultura en México y el INBA un vestigio del pasado. Dice Rafael Tovar literalmente en una entrevista a Angélica Abelleyra (La Jornada, 14 de diciembre): “La existencia del CNCA corresponde a las necesidades de 1994, el INBA fue en 1946”. Sin afán de enfrentarlo a usted con el presidente del CNCA, más adelante añade: “Si queremos burocratizar todo, perfecto, regresemos a los grandes aparatos administrativos. En estas condiciones no trabajo. Esa es una discusión estéril a la luz de la administración moderna. No hay más chocado con las necesidades del país que estarse gastando el dinero en sueldos y no en proyectos culturales”. Da la idea de que esto contradice la idea de usted de desburocratización de Bellas Artes.
–No, al contrario. Yo creo que a lo que se refiere Tovar es a lo que me refería yo hace rato. Bellas Artes fue concebido junto con Antropología en un país en donde todas las decisiones culturales estaban centralizadas. Yo coincido con Rafael: El Consejo significa la modernización de todo esto, pero obviamente yo no interpreto las palabras de Tovar como excluyentes de las instituciones. Al contrario, creo que este modelo permite que ellas presionen sobre sí mismas para autocriticarse y autorregenerarse en lo que corresponde. Creo que sí se había llegado a la burocratización, a un afán de cobertura que nunca pudimos lograr, y que es necesario que se invierta esa relación de gastos de la que yo hablaba. Hay coincidencia. Se requería esta visión macro. Bellas Artes también había dejado de estar en la cultura de búsqueda, de vanguardia. Se había vuelto el refugio de la cultura tradicional. Este esquema ha permitido que Bellas Artes dedique recursos a cosas de novedad, como lo que estamos haciendo en Santa Teresa la Antigua, en donde el performance y estas nuevas modalidades tienen lugar, cuando eran expresiones que estaban fuera de Bellas Artes porque se consideraban aventureras. Y esto nos permite concentrarnos en este tipo de proyectos, que son más importantes. Yo creo que en la historia de la cultura, instituciones como la UNAM, el INAH, el INBA, tienen mucho que dar todavía, por la experiencia acumulada.
–Cuando el Consejo se crea tiene visos de ser Secretaría de Cultura y no se hizo. Tovar acaba de decir que por el momento tampoco se piensa en eso. En esta trayectoria inacabada, ¿el director de Bellas Artes no se quedó en un segundo plano?
–Repito, eso no lo resiento para nada. Las instituciones tienen la fuerza por sí mismas, la que les da su trabajo constante. Siento que al revés: Bellas Artes ha recuperado el prestigio y el lugar que tenía hace muchos años. Quizá no está en los años dorados, ya no es la única institución del país, pero sigue siendo una de las más importantes si no es que la más importante del país en términos de la difusión de las bellas artes. Y creo que con cualquier fórmula que se estableciera en el futuro para reorganizar o mejorar las instituciones culturales, tendría que considerar la presencia y la experiencia del INBA.