Con la certeza de que “si en este sexenio no se actúa de manera clara y eficiente para mejorar la exhibición y distribución, el cine mexicano se acaba y punto”, el productor y distribuidor Jorge Sánchez acaba de contribuir –con una docena de socios, entre ellos José Woldenberg y Alberto Ruy Sánchez y la colaboración de Alejandra Moreno Toscano, del FONDDF– a ofrecer opciones distintas a las de las grandes distribuidoras estadunidenses: la creación de Cinemanía, que fue inaugurada el pasado miércoles 15 en el centro comercial Plaza Loreto, en la antigua fábrica de papel Peña Pobre.
Cinemanía consta de tres salas para cincuenta personas donde se exhibirán clásicos del cine, cine independiente norteamericano, cine latinoamericano y mucho cine europeo que no llega; tendrá un bar –concesión del Bar Milán, proyecto que con Ediciones Milagro ha editado ya varios guiones cinematográficos– y una librería donde se venderán videos, libros de fotos, teatro, danza y cine, así como carteles y soundtracks (música de películas).
Después de lo que Jorge Sánchez llama “la agonía prolongada de veinte años” de los cineclubes, proyectos como Cinemanía representan una tabla de salvación en el menú de los espectadores, que ha visto aún más mermada su oferta de cine desde que la distribuidora estatal COTSA desapareció –durante el régimen salinista– y la nueva ley Cinematográfica estableció mecanismos para disminuir el tiempo obligatorio en pantalla del cine mexicano.
“Es parte de la esquizofrenia nacional. Antes, por ley, cada cine debía cumplir con 50% de tiempo obligatorio en pantalla para la exhibición del cine mexicano, cosa que de cualquier forma no se hacía porque los exhibidores se amparaban, alegando que esa ley era anticonstitucional y atentaba contra la libertad de comercio. Con ciertas modificaciones este apartado se vuelve a incluir en la nueva ley de Cinematografía, ahora bajando el tiempo a 30% y después a 10%, en fin. Y es parte de la esquizofrenia incluir este apartado en la ley porque nunca se ha cumplido con el 50, ni con el 30, ni con ningún mecanismo que realmente respete la producción nacional”, asegura Sánchez.
Para el productor de gran parte de las cintas recientes del cine mexicano –entre ellas Lola, Danzón y Cabeza de Vaca–, “si no se cumple cuando menos que el productor pueda recuperar el 50 por ciento de su inversión en territorio nacional, el cine mexicano se irá a pique, a pesar de que se continúe con la política gubernamental de coinversión con proyectos independientes, y por más que se apoye la producción”.
Jorge Sánchez considera que la exhibición y la distribución son el talón de Aquiles del cine mexicano, y señala que “en otros países estos problemas se han resuelto de manera inteligente. En Europa, por ejemplo, se creó la EFDO (European Film Distribution Office, del programa Media, de la Comunidad Económica Europea, para impulsar la distribución y exhibición de su cine. Así, cuando una película europea es adquirida por tres países diferentes, EFDO los apoya para el estreno y para hacer el mismo marketing”.
“Ellos –explica– cuentan con un andamiaje legislativo y hasta fiscal. En Francia, por ejemplo, 49 por ciento de los largometrajes en televisión debe ser de procedencia europea y no tener más de tres años de haber sido producidos, lo que obliga a la televisión a entrar en nuevas fórmulas de coproducción”.
Jorge Sánchez lleva una vida en la búsqueda de espacios alternativos para el cine. El se autonombra “exhibidor y exhibicionista”: a principios de los años setenta creó en Veracruz el Cineclub Trashumante, que hacía exhibiciones en poblaciones cercanas a Xalapa, en las parroquias, en las paredes, los sindicatos, las escuelas, etc., y dirigió dos años el cineclub de la Universidad de Xalapa. En México dirigió durante 15 años la distribuidora Zafra – que llegó a tener más de 600 títulos de cine independiente y de calidad– y más tarde formó los videocentros alternativos Macondo Cine-Video. Este miércoles el listón inaugural de Cinemanía fue cortado por el fotógrafo Gabriel Figueroa Flores, acompañado de Paul Leduc, Arturo Ripstein, Paz Alicia Garcíadiego, María Novaro, Pedro Armendáriz Jr., Astrid Haddad, Juan Padrón, Daniel Giménez Cacho y Gabriela Roel, entre otros personajes del cine nacional.
Así, después de un año de estar en proyecto, Cinemanía se estrena con El camino de la vida, de Akira Kurosawa, El lado oscuro del corazón, del argentino Eliseo Subiela, La ciudad de la tristeza, de Hou Hsian-Hsien y, para niños, Vampiros en La Habana. Su programación será enviada por correo a los cinéfilos que la soliciten y publicada en los principales diarios. Su precio, de 10 pesos por la mañana y 15 en las tardes, ya que las funciones inician a las 11 de la mañana. Cada película será exhibida únicamente una semana.
Cinemanía establece en su primer programa que “no todo lo que brilla es Hollywood. En el mundo existen corrientes de nuevo cine, desconocidas en México, que surgen con fuerza tanto en Oriente como en América Latina o Europa.
“Por esto, en los primeros dos meses, en las tres salas de Cinemanía “podrá verse la vida de los barrios bajos de Manhattan en Arde París (estreno en México) así como las entretelas del comercio sexual en los barrios elegantes de Nueva York, en Swoon (también por primera vez en nuestro país). Emma y Bobbe, dos entrañables personajes del director húngaro Itzván Szabó protagonizan la cinta Dulce Emma, alternando con otro gran personaje, Margarito Duarte, empleado de un pequeño pueblo colombiano y testigo de un milagro en Roma. El cine de Oriente también está representado en La Ciudad de oro (estreno en México y acreedora al León de Oro de Venecia) y en el ciclo dedicado al maestro de cine, el japonés Akira Kurosawa.”
Por otro lado, asegura Sánchez, Cinemanía se propone ser también un espacio para los nuevos videastas: “Vamos a tener una política especial de programación de video y cortometrajes de la nueva generación, antes de que la brecha generacional y hasta de formato se vuelva un abismo. Esto es muy importante para mí”.
Finalmente, Cinemanía propone como regalos navideños colecciones de video, como El espejo enterrado, de Carlos Fuentes; la serie Amores difíciles, sobre historias de Gabriel García Márquez, y videos de cine independiente, incluyendo Vampiros en La Habana, de Juan Padrón, estupenda cinta de dibujos animados sobre un científico vampiro que trabaja en La Habana en 1933, tratando de encontrar una fórmula que permita a los vampiros vivir a la luz del día.








