Edición facsimilar de la revista Frente a Frente

Tras un empeño de varios años de Arnoldo Martínez Verdugo, el Centro de Estudios de Movimiento Obrero y Socialista, A. C. (CEMOS) acaba de publicar la edición facsimilar de los 16 números de la revista Frente a Frente, órgano de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), aparecidos irregularmente entre 1934 y 1938. Cambiante de un número a otro fue la composición de los comités que la editaron. Esa inestabilidad es sintomática del tira y afloja entre tendencias que giraban entre exacerbados o atenuados obrerismos, sovietismos, antigobiernismos, antifascismos, anticapitalismos, antibelicismos.
El primer número de Frente a Frente, de noviembre de 1934, reproducía en la portada una caricatura de Leopoldo Méndez contra la IV Internacional representada por la calavera de Diego Rivera, contra el Partido Nacional Revolucionario (PNR) encarnado en la calavera de Carlos Riva Palacio y contra la fastuosa inauguración del Palacio de Bellas Artes (el salario mínimo era entonces de $1.50 y los precios de las localidades oscilaron entre $65.- y $8.-). El programa inaugural incluyó Llamadas proletarias, obra sinfónica de Carlos Chávez dirigida por él mismo.
El último número, sin fecha impresa, pero que se supone de enero de 1938, reproduce un fotomontaje de Lola Alvarez Bravo simbólico del desequilibrio del capitalismo (los altos edificios se inclinan al punto de chocar y caer) y de la importancia de una acción proletaria fuerte para detener al nazismo, representado por la cruz gamada.
En la “Síntesis de los Principios Declarativos de la LEAR”, publicada en el primer número, se decía: la LEAR  es una organización de Frente Unico al servicio de la clase trabajadora contra el actual régimen capitalista y sus funestas consecuencias de crisis y degeneración con sus secuelas de fascismo, imperialismo y guerra. El requisito indispensable para ser miembro activo de la LEAR es reconocer la lucha de clases y tener el decidido propósito de impulsarla por medio de la más vigorosa y amplia campaña intelectual en favor de las grandes masas obreras y campesinas. Había que reunir a todas las fuerza intelectuales verdaderamente revolucionarias para oponerlas a las instituciones y corrientes corruptoras de las artes y ciencias burguesas. La LEAR denunciaría y desenmascararía implacablemente a los que con careta colorada pretendían penetrar, o estaban ya, dentro de las filas proletarias para traicionarlas, fingiendo defenderlas. Solamente cuando los obreros y campesinos conquisten su emancipación económica y política, la cultura en México estará plenamente al servicio de las fuerzas productoras, hoy oprimidas y subyugadas por una cuadrilla de zánganos hipócritas y rufianes reaccionarios.
Frente a Frente tuvo una primera época con tres números en cuya edición participaron M. Nava, David Alfaro Siqueiros, Leopoldo Méndez, Juan de la Cabada, Luis Arenal, M. Lobato Ochoa, José María Benítez, Salvador Aviña Vera, Rab-Kor (¿habrá sido Rosendo Gómez Lorenzo?) y Enrique González Aparicio. En la segunda época se definen dos períodos; en el primero, inicialmente anticallista y después procardenista, actuaron Fernando Gamboa, Nicolás Pizarro Suárez, Juan de la Cabada, Carlos Mérida, Roberto Reyes Pérez, Carlos Orozco Romero, Raúl Martínez Ostos, Clara Porset, Mario Pavón Flores, Geoffroy Rivas, Luis Córdoba, Luis Chávez Orozco, Julio de la Fuente, Alberto Ruz, Frances Zalce, Ramón Arroyo, Raimundo Mancisidor, María Luisa Vera, Gabriel Fernández Ledesma, Juan R. Campuzano, Adalberto García de Mendoza, Enrique Beltrán y Sara Miranda. En el segundo y último período de la segunda época domina exclusivamente Raimundo Mancisidor, quien da continuidad al tema de España, introduce más la presencia de países latinoamericanos y se observa un progresivo aflojamiento en la sostenida denuncia contra el nazi-fascismo, así como una reconciliación con Vicente Lombardo Toledano y la CTM.
Una de las definiciones más precisas de la LEAR se encuentra en un escrito publicado por Luis Cardoza y Aragón en El Nacional el 8 de julio de 1936 (La LEAR y el cine nacional): “La LEAR mexicana está organizada dentro de los lineamientos de la AEAR francesa, de la Liga de Escritores y Artistas de Nueva York. Es un conglomerado extraordinariamente heterogéneo en sus componentes, reunidos todos ellos en un propósito alto, noble y claro. Y la LEAR  con un criterio más afinado, sin limitaciones extremadamente políticas, con mayor gusto y un poco de pensamiento verdaderamente dialéctico, habrá de ser la sociedad de artistas y escritores más viva y más útil de todas las que han existido en México. Frente a Frente, órgano de publicidad de la LEAR, mejora de número a número”.
En un amplio ensayo introductorio a la edición facsimilar, Francisco Reyes Palma recuerda los choques de carácter estético entre Cardoza y Aragón y los promotores de la LEAR, provocados sobre todo por la muestra de 60 artistas presentada por la LEAR en la Biblioteca del Congreso, exposición mediocre, falta de autocrítica, según Cardoza, la cual lo llevó a generalizar calificando a la LEAR  como “la única organización creada en México en contra del arte”. Si se revisa el tipo de arte que por entonces se reproducía en las páginas de Frente a Frente, no puede sino concluirse que Cardoza exageraba. En los cuatro primeros números de la segunda época, los de marzo de 1936 en adelante, se reproducían trabajos de José Clemente Orozco, Manuel Alvarez Bravo, el escultor Luis Ortiz Monasterio, José Chávez Morado, Pablo Picasso, Pablo O’Higgins, Antonio Pujol, Francisco de Goya, Leopoldo Méndez, Feliciano Peña, David Alfaro Siqueiros, Alfredo Zalce, Jesús Guerrero Galván, Everardo Ramírez, Gabriel Fernández Ledesma.
La discusión estética, es evidente, amparaba un choque ideológico, ligado seguramente a la confrontación LEAR- Lombardo, aunque no hay que descontar la prédica estrecha en torno al realismo comprometido que hacía Juan Marinello y gentes afines a él.
La edición facsimilar de Frente a Frente, junto con el documentado ensayo de Francisco Reyes Palma, vuelven a encender el interés y la polémica en torno a un período cuyo análisis todavía no está exento de apasionamientos y sectarismos, sin olvidar que no sólo la izquierda es sectaria.