La guerra o la paz, a decidir

México acaba el año y el sexenio caminando al borde del precipicio que separa la paz de la guerra. Chiapas, Tabasco y Veracruz son estados sacudidos por malestares añejos, sembrados de odios y discordias a través de los siglos. Negociaciones van y negociaciones vienen, lo único que trasciende es la ofensa y el engaño; la prepotencia y la soberbia se impondrán otra vez nos dicen los ladinos que no   ojo de la sangre sino de la argucia, la maña y la mala fe sempiterna del que domina.
Chiapas no es la única zona de negociaciones tramposas donde van comisionados del gobierno que no llevan más encomienda que la de dilatar, detener, posponer, también Tabasco recibe trato doloso y Veracruz. Los agraciados en su derecho a elegir mediante el voto caminan desde Tabasco y desde el sur de Veracruz y se asientan en el Zócalo a esperar los buenos oficios de sus compañeros. Nos piden seamos representantes ante las nuevas autoridades. Un descendiente de Moctezuma, Esteban, nos recibe por la tarde del día uno de diciembre ya investido ojo con la dignidad del puesto recién asumido, muy distante del joven que días antes nos expresara anhelos democratizadores. Nada pueden hacer en elecciones estatales por respeto a las soberanías de las entidades comprometidas en el pacto federal. Hay autoridades electorales sancionadas por todos los partidos. Los apretados resultados que impugnan nuestros compañeros son los que arrojaron los comicios limpios, transparentes. Un voto de diferencia debe respetarse. La inequidad en los medios, el uso del poder municipal, estatal y federal, detectado ampliamente debe presentarse como prueba ante las autoridades electorales. No es trascendente que éstas sean dependientes del ejecutivo estatal. Ya vendrá una reforma política definitiva. Trato semejante reciben, observo, los compañeros de Tabasco. Y de Chiapas.
Se comisiona a un funcionario menor para atender nuestras quejas. Interpondrán sus buenos oficios para que las autoridades veracruzanas actúen con prontitud y nos ofrecen comunicarse de inmediato con nosotros. Damos números telefónicos, nos proporcionan los suyos. Esperamos. Ni un llamado. Llamamos nosotros. Teléfono fuera del área de servicio, responde una grabación al pretender comunicarnos con un número telefónico de los llamados celulares. Al intentar con otro número, el teléfono llama y llama sin respuesta. Otra reunión, otro día. Mismas promesas. Nada. Tercera reunión. Nada tampoco. Esta vez se anuncia el fracaso. No hay compromiso alguno, se nos dice. Los compañeros veracruzanos regresan tras once días de plantón en el Zócalo sin otra respuesta que el silencio. La indignación en el sureste crece. Los caciques veracruzanos están de plácemes. El gobierno sigue de su parte, como siempre. ¿Por qué no?
En Tabasco se toman instalaciones petroleras. Las fuerzas policiacas intervienen con violencia y hasta el momento de escribir estas notas, según la prensa, hay 81 detenidos en Villahermosa. López Obrador se hace responsable de las movilizaciones pero el gobierno sabe que apresando a sus gentes y respetándolo a él, lastima al movimiento. Puede acusar a los dirigentes medios de todos los delitos que se le ocurran y a los dirigentes del PRD de enviar a sus cuadros a una lucha estéril para que sean privados de su libertad cuando no de sus vidas. La táctica es vieja. Es la táctica de los gobiernos represores. Golpear a los de abajo, desprestigiar a las cabezas.
Chiapas es el punto clave del conflicto ahora. Ahí puede estallar el movimiento armado. Ahí no podrán las fuerzas represivas hacer lo que les hicieron a los compañeros tabasqueños desarmados porque se toparán con soldados insurgentes equipados y capacitados para repeler la agresión. En Chiapas saben los dirigentes de la represión que si atacan serán atacados, que si matan muchos de los suyos serán muertos.
Por ello la táctica en Chiapas es distinta. Si en Tabasco y Veracruz no atendieron a los comisionados, en Chiapas, el propio Zedillo propone una comisión plural integrada por diputados y senadores de los partidos que tienen representación en el Congreso. Pero no precisa cuáles facultades tendrían los representantes del PRI en esa comisión para resolver de raíz los problemas que plantea el EZLN. Una comisión sin capacidad de decisión no sirve. Hace falta que la discusión se dé entre las partes beligerantes, el EZLN y el gobierno de la república. Una comisión plural como la que propone Zedillo no puede resolver los problemas fundamentales de Chiapas.
El partido de Estado está en grave crisis, de hecho no existe. Ni siquiera como la secretaría electoral que fue en el pasado. Eduardo Robledo renuncia a ser miembro de un partido que no existe. ¿Quién le puede echar la mano para sostenerlo en el poder? Las organizaciones sociales que hace unos años eran las columnas sostenedoras del PRI no están resquebrajadas, lo que pasa es que ya no existen. Ni el sector popular a cuyo membrete le han cambiado de nombre tres veces sin que dé la menor muestra de vida. Tampoco el sector obrero que no mueve a nadie en apoyo de los gobiernos locales. Menos el sector campesino desmovilizado como nunca gracias a las reformas al artículo 27 constitucional. El partido de estado existe ahora sólo en las dependencias del gobierno como instrumento de manipulación electoral. El Ejecutivo Federal no cuenta con apoyo organizado de bases. Por ello trata de crear alianzas con los partidos de la oposición. Su alianza con el PAN avanza en función de esa necesidad. A la cúpula gubernamental creada y reforzada en los últimos 12 años la ligan aspiraciones comunes con el PAN. La política económica de ambos partidos tienen grandes puntos de coincidencia. Difieren en la política educativa, en su afán democrático, pero tienen todavía grandes espacios de coincidencia. Por ello es probable que se den al PAN diversos espacios de poder en el Ejecutivo Federal y que varios estados más de la República sean gobernados por panistas. Pero no es posible establecer vínculos del mismo tipo con el PRD porque su proyecto de nación y de Estado son muy distintos.
Los intentos de Ernesto Zedillo por incorporar perredistas a su gobierno en diversas instancias no se miran con simpatía en las bases del PRD porque se entienden como intentos por captar cuadros dirigentes del PRD. Se contempla el esfuerzo zedillista, que puede ser plural, como un afán por disminuir al PRD por desprestigiarlo.
En cambio en las bases panistas la incorporación de dirigentes del PAN al gobierno federal se mira como un avance de la política panista de penetración de la estructura priísta. Durante los últimos años la dirección del PAN ha proclamado en todos los tonos que su programa económico de gobierno ha sido tomado por el PRI en sus aspectos medulares. Y con ello preparado a la opinión pública para que acepte la inclusión de sus cuadros en el gobierno como un triunfo del PAN y no como una captación de sus cuadros.
Quienes pretenden ahora que el PRD acepte de la misma manera que miembros distinguidos del mismo se incorporen al gobierno de Zedillo en diversos niveles, olvidan que desde el PRD hemos cuestionado sistemáticamente, desde su raíz, la política económica del gobierno. En especial, quienes se desprendieron del PRI, desde 1982. Muchos más, los que provenimos de la izquierda, estamos en desacuerdo con la política económica y social del gobierno desde que Lázaro Cárdenas dejó la presidencia. No es entonces compatible, de manera alguna, participar en un gobierno, como empleados del Ejecutivo Federal o de los ejecutivos estatales, cuando esa política no ha cambiado ni se ofrece a cambiar.
El fin de 1994 se muestra complicado porque hay miseria en más de 40 millones de mexicanos, porque ha disminuido el poder adquisitivo de los salarios en un 35 por ciento, cuando menos, con respecto a 1988, porque los obreros y campesinos no pueden enviar a sus hijos a la escuela, porque la riqueza se concentra cada vez en más pocas manos, porque no se respeta su derecho a elegir gobernantes y sus protestas son acalladas con violencia que lastima, mata y mete a inocentes a las cárceles en Veracruz, Tabasco y Chiapas, porque en esta parte olvidada de la patria la guerra está a punto de estallar por la tozudez del partido de estado, que pretende imponer a Robledo como gobernador. Pero estos últimos días de 1994 pueden traernos la paz si se impone la cordura y el nuevo gobierno entiende que los mexicanos que no aceptamos la imposición electoral, que no consideramos prioritario abatir la inflación ni aumentar el PIB, ni acrecentar la riqueza de unos cuantos produciendo la miseria de la mayoría sino abrir el camino de la prosperidad, la libertad y la vida en paz y dignidad de esa mayoría de mexicanos tan olvidados por los últimos gobiernos que ha padecido la nación.
Cambiar el rumbo de la nación es urgente. No se hará si el equipo de colaboradores de Ernesto Zedillo se empeña en proseguir la ruta económica que trazaron Miguel de la Madrid y Carlos Salinas. Tampoco si nos empeñamos en corregir las desviaciones con la violencia y no con la razón.
Por la ruta de Salinas y por el de la violencia caminamos fatalmente al enfrentamiento fratricida, a ese que destruye ahora la antigua Yugoslavia y que empieza a destruir la anterior Unión Soviética.
Estamos a tiempo de escoger la paz y no la guerra.