Todo debido a una carta de amor El exrejoneador Evaristo Zambrano, perseguido por la justicia por no cumplir una promesa a su esposa

Desesperado de amor, Evaristo Zambrano decidió jugarse el todo por el todo: en una larga carta le pidió a su esposa que lo perdonara, que regresara con él, que la extrañaba, “ya hasta pagué la que será tu casa”, le escribió.
Nunca imaginó el exrejoneador y empresario regiomontano que ese acto lo tendría años más tarde huyendo de agentes de las procuradurías General de la República y del Distrito Federal. Con dos procesos penales en su contra, sin la mujer que algún día quiso y sin la casa prometida.
Hoy prófugo de la justicia, el caso de Zambrano es sólo una muestra de las complicaciones, corruptelas y agravios que suceden a diario dentro del sistema encargado de aplicar las leyes y que el presidente Ernesto Zedillo pretende transformar con la reforma enviada al Congreso el pasado lunes 5.
Millonario, con amplios contactos sociales y políticos, miembro de una de las familias más conocidas en Monterrey –su padre gran empresario, su hermano expresidente municipal de Garza García, uno de los municipios más ricos del país–, nada ha podido evitar que caiga en las manos del molino judicial que hoy lo persigue.
La destinataria de aquella carta, Ivonne Cecil Camil Garza, cedió a la seducción. Volvió a vivir con su esposo seis meses más, a pesar de que en realidad Zambrano no había comprado la casa y después de meses de negociación no había alcanzado arreglarse en el precio. Cuando otra discusión los separó definitivamente, Camil Garza decidió buscar el divorcio. Inmediatamente argumentó que aquella promesa era en verdad y legalmente una donación y que por lo tanto la casa le correspondía.
Camil sabía que su marido estaba otra vez en negociaciones con Carmela Azcárraga –hermana del dueño de Televisa– para comprar la casa prometida en la calle de Sierra Madre en Las Lomas. A final de cuentas, Zambrano la adquirió en unos 750,000 dólares.
Como civilmente los abogados de Camil Garza, sin aceptación explícita de la señora, difícilmente podrían presentar la carta como prueba suficiente de “donación”, acudieron a la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, demandaron penalmente a Zambrano por fraude “genérico”.
Los abogados del empresario regiomontano han argumentado en diversos oficios ante las cortes que el fraude genérico no existe como tal en las leyes mexicanas, pero que, más allá de eso, el delito del que se acusa a su cliente –”hacerle creer a la ofendida que le donaría una casa a sabiendas de que no iba a cumplir con ello”– no es delito tipificado.
El 17 de abril de 1994, Zambrano se presentó ante el director de Averiguaciones Previas de la PJDF, Pablo Chapa, quien “me aseguró que no había elementos para consignarme, que ese delito ni existía –cuenta Zambrano en entrevista con Proceso–, pero, cuál será mi sorpresa cuando tres días después tres patrullas, con cinco elementos cada una, me interceptan y arrestan. Cobardes, traidores. Luego me enteré que mi consignación era del día 14, tres días antes de que Chapa me dijera que no tenía nada contra mí”.
En el auto de formal prisión, el juez cuarto de lo penal escribió: “…Permiten acreditar la existencia de la totalidad de los elementos objetivos, normativos y subjetivos del tipo en comento, en razón de que el ahora inculpado, por medio del engaño, consistente en hacerle creer a la ofendida que le donaría una casa a sabiendas que no iba a cumplir, ocasionando con ello un perjuicio patrimonial a dicha ofendida, se hizo ilícitamente de una cosa que en el caso lo era la casa…”. Remata el juez más adelante que el delito es “de formulación casuística alternativamente formado, siendo de los comúnmente llamado delictia comunia…”.
Sus abogados insisten en que el delito no existe, pero la floritura verbal del juez lo hizo existir.
Así, dos años después de escribir aquella carta de amor que Zambrano creyó sería privada, estaba por ella en la cárcel. “Por una carta. ¿No es absurdo? –pregunta Zambrano– Por un acto privado entre dos personas que en aquel entonces eran marido y mujer. Por un acto que ella me había perdonado; al final de cuentas vivimos juntos cuatro meses después de esa carta, y ahora, por medio de abogados con conexiones, yo estoy en la cárcel”.
Libre bajo fianza, y creyendo que su único problema sería solucionado pronto por cortes superiores. “Es más, fui a ver al presidente del Tribunal Superior, le expliqué mi caso y parecía que todo iba bien pero… en este país nunca se sabe, esto es el infierno”.
Días después de esa visita, como parte de un operativo más amplio, 35 elementos de la Procuraduría General de la República irrumpen en una de sus casas en Las Lomas que se encontraba habitada únicamente por el personal de aseo y vigilancia, y al encontrar las escopetas de Zambrano se le hace sujeto de una nueva investigación, esta vez en la PGR y por posible acopio de armas.
“Soy cazador –dice Zambrano– tenía un puñado de escopetas en mi casa, todas registradas ante la Secretaría de la Defensa, pero yo que sé de que me van a acusar ahora, además ni siquiera vivía yo ahí.”
Zambrano no deja de señalar que cuando sucedió el cateo, uno de los responsables fue otra vez Pablo Chapa, recién ingresado a la Procuraduría General después de su paso por la PJDF. “Es demasiada coincidencia, ¿no cree usted?”.
Perseguido ahora por los federales, Zambrano dejó de ir a firmar al juzgado cada viernes, y aunque sus abogados han querido saber por qué causa se le persigue, no ha sido permitido el acceso al expediente. Pero no es así para su exesposa, quien en un escrito al juez penal le dio hasta el número de averiguación previa de la PGR, cosa a la que Zambrano no ha tenido acceso.
“Yo no se de qué me acusan, ni por qué ni dónde; pero mi esposa con la que estoy metida en un pleitazo, ella sí tiene acceso a la averiguación previa en la PGR y le notifica mediante sus abogados al juez cuarto de lo penal para, según ella, acusarme. Esto sería de risa si no fuera porque a mí me han deshecho”.
Nada que se resuelve su amparo contra la causa del juez cuarto de lo penal. Anda huyendo de la PGR, pero no sabe por qué. Ha faltado a su libertad bajo fianza porque ante el juez lo esperan siempre los agentes para arrestarlo. Zambrano, el exrejoneador que conquistó plazas, ha sido ahora picado por el laberinto de la justicia. Y todo se repite una y otra vez, “por una carta que creí de amor”.