Heberto Castillo: Cuauhtemoc es líder, pero no para siempre; Alejandro Encinas: un partido sin intransigencias; Jesús Ortega: el dialogo, instrumento político

“En estos tiempos el diálogo es consustancial a la actividad política… el PRD debe verlo como instrumento político, sin dejar de ser un partido consecuentemente opositor”, dice Jesús Ortega, coordinador de los diputados perredistas.
El PRD “está en el momento más importante de su definición política. La discusión central es si vamos a establecer relaciones con el actual gobierno que, a pesar de la adulteración de los resultados electorales, es el que detenta el Poder Ejecutivo”, razona Alejandro Encinas, quien declinó incorporarse al gobierno del Distrito Federal.
Jesús Ortega, coordinador de la bancada perredista en la Cámara de Diputados, opina que los retos de su partido son borrar la imagen de partido violento y “aparecer ante la opinión pública como un partido que ve el diálogo como instrumento político, pero también, consecuentemente opositor”.
En lo interno, dice, el PRD debe lograr consolidarse como un partido sólido, unido, organizado en todos sus aspectos, con dirigentes en todo el territorio nacional, capaces de aportar soluciones a la problemática de cada región.
“Creo –explica– que el PRD debe desechar de manera definitiva tanto los viejos esquemas ideologizados de la vieja izquierda, como los atrasados esquemas ideológicos del priísmo que se desprendió con la Corriente Democrática.”
Excoordinador de giras de Cárdenas durante la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas por la Presidencia, Jesús Ortega define:
“A mi juicio, lo más importante para el partido es que, en la medida en que el PRD defina con precisión su línea política, vamos a lograr un futuro promisorio tanto para el partido como para el movimiento democrático.”
Las discusiones que se dan al interior del PRD –se queja– son magnificados por los medios de comunicación. “Vivimos todavía en un país con una vida política muy atrasada, y cosas que son ordinarias se ven como extraordinarias. En el PRD se da una discusión muy intensa, muy complicada y muy dura, pero finalmente no sucede mayor cosa”.
El hecho de que haya contactos con el gobierno, dice el legislador, son consecuencia de los cambios en el país y en las fuerzas políticas.
“Durante los seis años anteriores quisimos dialogar, pero Salinas no sólo no quiso escucharnos, sino tuvo la intención manifiesta de querer aniquilarnos. En los seis años anteriores nadie nos oyó, y por eso la gran confrontación con el gobierno. Eso desgastó a Salinas y contribuyó para que el régimen terminara bajo una tormenta y frente a un enorme descontento. Nosotros tuvimos un costo muy alto. Tuvimos 280 muertos.
“En consecuencia, había que dar un paso para distender la situación, como el diálogo con Zedillo. Y ello no nos quita nuestra condición de partido opositor ni renegamos de nuestras posiciones políticas.”
Apunta:
“Creo que debemos explorar y avanzar con pasos sólidos hacia un partido que utilice el diálogo como instrumento político, que aprecie la propuesta programática como prioritaria, más que ser un partido político contestatario.”.
Ortega Martínez considera que “parte de nuestra línea política debe ser que seamos consecuentes con nuestra aspiración democrática. El PRD debe perfeccionar sus métodos internos y ser un partido con alta preocupación social. Dejar atrás dogmas y esquemas ideológicos y, con una gran apertura interna, pasar a resolver los problemas nacionales”.
Heberto Castillo, quien encabezaba la moderada Corriente por el Cambio Democrático, opina que las otras del PRD no pueden desaparecer, pero el problema es que las demás “están buscando posiciones de poder en el partido para manejarlo”.
De las tres que sufren actualmente una reestructuración, dice, emerge una nueva, la de Cuauhtémoc Cárdenas: “muy minoritaria, extremista y fundamentalista. Hasta les pusieron los ayatolas”.
Pero a la par, dice, se gesta otra corriente que tiene la simpatía de la mayoría de los militantes, y es la que reivindica la tolerancia a la decisión de cada quién para adoptar, por las vías institucionales, las tácticas para actuar políticamente.
Una expresión de intolerancia, reprocha, fue la que asumió Cárdenas cuando supo que Eraclio Zepeda se incorporó al gobierno de Chiapas, y amagó con renunciar a su militancia si no se sancionaba al escritor perredista.
“Esto dejó en claro la deformación que existe en México, llamada caudillismo, muy explicable en el caso de Cárdenas, por su origen; pero que vale la pena rechazar con toda energía.
“Hay que hacerle entender que el afecto que se le tiene y la consideración por su lucha de seis años, no implica que se olvide de que hay valores en la lucha política en México que merecen respeto. Si alguien se equivoca, no está traicionando ni vendiendo nada y menos yéndose al basurero de nada”, revira.
“Cárdenas es muy útil, y no queremos que se desgaste su figura, lo defenderemos hasta donde podamos, pero lo que no creo que sea positivo para un futuro democrático es que haya posiciones extremistas como la excluyente del tú o yo”, dice Castillo.
El senador diagnostica que las expresiones de Cuauhtémoc son consecuencia de “problemas emocionales”, porque “no encuentra un espacio para desarrollarse. El tiene muchas capacidades para seguir participando en la vida política del país. Pero hay veces que la gente cree que el único papel que puede jugar es el de Presidente de la República o del dirigente máximo de la oposición”.
–¿Es el caso de Cuauhtémoc Cárdenas?
–Yo creo que sí. El sigue pensando en ser la figura máxima. Pero no puede serlo siempre.
Como sea, agrega, la mayoría de los perredistas están en favor de que haya diálogo con el gobierno, aunque la decisión de aceptar cargos públicos debe ser consensual y de manera transparente.
Recuerda que en 1988, cuando declinó su candidatura presidencial en favor de Cárdenas, propuso que nadie ocupara cargos en el gobierno –”porque venían del PRI, y tenía la preocupación de que regresaran”–; pero formado el partido, “mi tesis es que debemos luchar porque haya una representación proporcional de los partidos en el gobierno”.
El Congreso, explica, podría ser el responsable de otorgar a los partidos los puestos que, de acuerdo con la votación, debería otorgárseles. Lo mismo propone a nivel estatal y municipal, así como en el Poder Judicial.

LA NECESIDAD DE CUAJAR

Para Alejandro Encinas, quien fue invitado por el jefe del Departamento del Distrito Federal, Oscar Espinosa Villarreal, a dirigir la nueva Secretaría de Ecología del gobierno de la capital, el PRD “no ha terminado de cuajar como partido político de ciudadanos. Sigue siendo una federación de corrientes”.
Esto, explica, provocó que los grupos como la llamada Trisecta –que quedó disuelta el viernes 9–, la Arco Iris –que tuvo como fin coyuntural llevar a Muñoz Ledo a la presidencia del partido– y el de Heberto Castillo, sustituyeran a los órganos de dirección del perredismo.
Considera que, si bien los militantes del PRD siguen apegados a los principios que le dieron origen, la “precaria unidad” que sufre el partido es por la falta de definiciones en la línea táctica para enfrentar los problemas que existen en el país.
El actual, agrega el exdiputado federal, “es el momento de definiciones y hay que permitir que la base del partido sea la que se exprese. Esas definiciones no pueden quedarse en el ámbito de las corrientes que integran el partido”.
Encinas fue presidente de la Comisión de Asentamientos Humanos en la LV Legislatura y, como tal, en un hecho inédito en la historia legislativa, logró que una iniciativa de diputados de todos los partidos –precisamente sobre asentamientos humanos– se convirtiera por unanimidad en ley federal.
“El PRD se integró como una federación de corrientes políticas y ahora tiene que definirse como un partido político plenamente establecido en el territorio nacional, en el que existan divergencias ideológicas, pero con apego a una línea institucional.”
Al hablar sobre el debate de dialogar o no con el gobierno, o de ocupar cargos en la administración pública, considera que el PRD debe buscar una acción unificada, para que las políticas que se adopten se conviertan en compromisos con el gobierno.
“El PRD está en el momento más importante de su definición política. La discusión central está en si se reconoce o no al gobierno de Zedillo o si vamos a un planteamiento de nuevo por la ilegitimidad del actual gobierno que, a pesar de la adulteración de los resultados electorales, es el que hoy está detentando el Poder Ejecutivo.”
A diferencia de Salinas, “Zedillo cuando menos ha tenido un cambio de actitud y de discurso hacia el PRD. Hay un cambio sustantivo en la actitud y en el discurso en este nuevo gobierno. Falta, claro, que se traduzca en hechos, pero para ello nuestro partido debe delimitar claramente cuáles son los compromisos que le interesa concretar”.
Los espacios políticos –dice– “son para ocuparse y, cuando no se aprovechan, otros partidos lo harán. La gente quiere ver al partido en el gobierno, demostrando que no sólo tiene propuestas, sino capacidad de aplicarlas en la administración pública. No debemos seguir viendo la participación del PRD en la administración pública como un asunto de cooptación o renuncia de principios”, considera.
El PRD, concluye, “debe prepararse para tomar el poder y, para ello, cambiar muchas políticas, actitudes y vicios que sólo retrasan esa aspiración que tienen los militantes”.
En suma, el Partido de la Revolución Democrática “debe ser un partido de libertades, de apertura, donde no debe caber la intransigencia, ni democrática ni autoritaria”.