Las ofertas del gobierno a militantes perredistas como Eraclio Zepeda, Heberto Castillo y Alejandro Encinas para incorporarse a la administración pública, no comenzaron con la llegada de Ernesto Zedillo a la Presidencia.
Tampoco las negociaciones entre dirigentes perredistas con altos funcionarios del gobierno se iniciaron ahora que en el PRD se debate la viabilidad del diálogo con la nueva administración.
Para cargos en la administración pública, revelan miembros del Partido de la Revolución Democrática (PRD), desde 1988 hubo “invitaciones, sugerencias o sondeos” a todos los niveles.
Y un ejemplo del acercamiento, es que Cuauhtémoc Cárdenas estuvo a punto de reunirse con su contendiente del PRI, Luis Donaldo Colosio, en los primeros meses de 1994, según revela Jorge G. Castañeda en su libro Sorpresas te da la vida.
Antes del escritor Eraclio Zepeda, sólo un miembro de ese partido sucumbió a la seducción de incorporarse a la administración pública: Ignacio Castillo Mena.
En 1991, Castillo Mena, que unos cuantos meses antes había dejado la coordinación de los diputados perredistas, aceptó ser embajador de México en Ecuador, lo que provocó el rechazo generalizado de su partido.
Alejandro Encinas cuenta que en las negociaciones que sostuvo el entonces Frente Democrático Nacional (FDN) con representantes de Carlos Salinas, antes de la calificación de la elección presidencial, hubo ofrecimiento de cargos públicos.
El tema, sin embargo, causa resquemor entre los dirigentes y, por ejemplo, Ricardo Valero –excoordinador de los diputados perredistas– asegura que se trató solamente de “invitaciones, sugerencias y sondeos”.
Pero eso ha sucedido todo el tiempo, confiesa, pero nadie había aceptado, a excepción del efímero embajador Castillo Mena, a quien la diputada Celia Torres le arrojó monedas para manifestarle su repudio.
Encinas recuerda que los ofrecimientos del gobierno a perredistas comenzaron desde 1988 y que dirigentes de varios niveles de ese partido prefirieron no aceptarlos.
El excandidato a la gubernatura del Estado de México, dice que el domingo 11 de diciembre, el regente Oscar Espinosa Villarreal le ofreció la Secretaría de Ecología del Departamento del Distrito Federal. Recuerda que un día antes, la dirección perredista en la capital había tenido un acercamiento con el gobierno federal y se analizó que eventualmente pudiera aceptar algunas delegaciones políticas.
El lunes 12 acudió personalmente a la oficina del regente y le planteó dos “condiciones fundamentales” para aceptar el cargo: la primera, sobre las atribuciones que tendría como funcionario y, la segunda, la posibilidad de que el partido aceptara.
También, presentó a Espinosa Villarreal un plan de cinco aspectos mínimos que tendría que atender en el cargo en los primeros tres años, sobre el combate al deterioro ambiental, la revisión del sistema de transporte público, un reordenamiento del uso del suelo, una redefinición de la economía urbana, una ley de ecología para el Distrito Federal y avanzar en un convenio de conurbación con el Estado de México.
“Todo fue aceptado absolutamente”, dice. De inmediato, habló telefónicamente con Porfirio Muñoz Ledo, que se encontraba en Caracas, Venezuela; con Mario Saucedo; con Jesús Ortega, Graco Ramírez y miembros de la dirigencia capitalina del PRD.
A sugerencia de Muñoz Ledo postergó su decisión de aceptar, “porque además yo no tenía ninguna prisa y quería que se ventilara públicamente el ofrecimiento”.
Finalmente, dice que otras invitaciones a perredistas, como a Heberto Castillo para hacerse cargo de la dirección de Pemex y a Eraclio Zepeda como secretario general de Gobierno en Chiapas, “desataron los demonios en el PRD”.
Esto, sin embargo, es positivo –reflexiona–, pero “dada la situación interna del partido, decidí no aceptar, pero no por ceder ante las amenazas, las presiones y los chantajes”.
Se solidariza con la decisión de Zepeda: “Corrió los riesgos, pero lo hizo convencido de que era el espacio que debía ocupar. Esas decisiones francas y abiertas son las que deberían guiar la conducta del PRD”.
Heberto Castillo señala que hace tres meses “altos funcionarios” del nuevo gobierno le ofrecieron la dirección de Petróleos Mexicanos.
Dichos funcionarios, cuyos nombres “no puedo decir porque se molestan, me ratificaron la invitación hace quince días, pero preferí no aceptar para no crear mayores fricciones internas y porque la oferta fue un tanto oscura”.
Recuerda que Lázaro Cárdenas lo invitó a participar en su gobierno, pero como ahora prefirió declinar. “En México no existe la tradición de que se ofrezcan cargos a miembros de la oposición y tampoco hay la suficiente cultura política para entender que esto no es ninguna ofensa ni se trata de soberbia, sino de una posición política.
“No acepté la reciente invitación por decisión política, no porque los ayatolas del partido me condenaran”, concluye.
Además de Encinas y Castillo, se ofrecieron cargos a otros simpatizantes del PRD. Alejandro Ordorika, que no milita en ese partido, fue propuesto como delegado político en Tláhuac.
María Victoria Llamas, excandidata a diputada por el PRD, declinó también desde el principio el ofrecimiento del cargo de delegada.








