Condiciones para la paz: Gobierno de transición, autonomías indígenas y un nuevo pacto federal Diciembre de 1993-diciembre de 1994:ningún cambio fundamental en Chiapas: Andrés Aubry

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, CHIS.- Antropólogo, historiador, estudioso de los problemas de Chiapas y conocedor del movimiento zapatista, Andrés Aubry advierte: “estamos como en diciembre del 93”; las promesas del gobierno federal “no se cumplen” y el riesgo de que resurja la violencia armada “es evidente”.
Dice: “No hay mejoras sustanciales en materia de salud, no se nota el cambio en educación, no hay desarrollo agropecuario, no hay créditos y no se escucha aún la radiodifusora indígena que prometieron en el protocolo de Catedral”.
Aubry, director del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Región Maya A.C. (Inaremac), habla para Proceso de las promesas hechas por el gobierno a los indígenas en armas; aborda, desde la perspectiva histórica, la situación actual de Chiapas, y hace un análisis retrospectivo del gobierno de transición y las autonomías regionales.
En el estudio de su casa –rodeado de computadoras y libros–, analiza que, en la coyuntura actual, la salida pacífica al conflicto que estalló en enero pasado es la opción política que pasa por el reconocimiento del gobierno de transición (que encabeza Amado Avendaño), las autonomías indígenas y la creación de un nuevo pacto con la federación.
Rescatador de innumerables textos de la historia de Chiapas y autor de ensayos acerca del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), asegura que, en ocasiones anteriores, la conformación de gobiernos de transición pudieron parar la guerra, y que Amado Avendaño representa ahora esa opción pacífica.

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Sentado en una mecedora de madera, en una confortable sala estudio decorada con trabajos artesanales, Andrés Aubry aborda el “espinoso” tema de la respuesta gubernamental al grupo armado.
Dice que el gobierno federal se negó a tratar con el EZLN los temas nacionales y, de entrada, de los 34 puntos del protocolo de la Catedral, fueron desechados el que concernía al Presidente –de quien se exigía su renuncia– y la demanda de la democratización del país.
“Sobre ellos no hubo ningún avance, y se puede decir que la táctica fue de dejarlos estancados para decir a la opinión nacional e internacional que el problema de Chiapas es un problema local, que ya está bajo control.”
Lo mismo pasó, asegura, en lo relacionado con la política económica: “Siguen como si nada ocurriera en cuanto al seguimiento de la política macroeconómica, que es uno de los problemas evidentes dentro de la agenda y, como es nacional, lo descartaron”.
Los 32 puntos restantes, en los que el EZLN demandaba servicios asistenciales, sí tuvieron respuesta favorable de parte del gobierno, en las “Jornadas de Paz” de San Cristóbal. Sin embargo, a pesar de la inversión, no lograron cambios sustanciales en la entidad.
Se creó una Vocalía para el seguimiento y para llevar a la práctica los acuerdos –bajo la responsabilidad de Héctor Hernández Llamas– “y creo que ahí hubo gente que se metió a la zona y sería muy interesante consultar sus informes porque desgraciadamente éstos no son públicos”.
Andrés Aubry dice que personas de la Vocalía, “muy motivadas, hicieron un trabajo de campo muy eficiente pero, por lo que me platicaron, la mecánica estatal y nacional no da y, pese a lo urgente, finalmente se actuó como siempre, para que no se cumplan las cosas”.
Reconoce que en el estado “sí se ve que están haciendo carreteras y otras obras –fuera de la zona bajo control zapatista, “porque ahí no les dan entrada”. En cambio, dice, “no hay mejoras sustanciales en salud, educación, desarrollo agropecuario, y no se escucha todavía la radiodifusora prometida”.
El historiador, que ha sido amenazado de muerte por su trabajo en el Archivo Histórico Diocesano, reitera: “Pese a la tensión que existe, hay cosas que no se cumplen en nada, y eso lo vimos hace poco, cuando un grupo de periodistas se accidentaron en Huixtán y llevaron a los indígenas a la Clínica de Campo de San Cristóbal. Eran tres heridos: un niño, una mujer que murió y un hombre, y se encontraron con que no había ambulancia, no había oxígeno, no había rayos X; de tal forma, que se puede decir que la indígena no murió a causa del accidente, sino por la falta de atención en el hospital”.
Se pregunta: “¿Entonces, si en San Cristóbal es así, cómo será en el campo?”. Y remata: “Si en lo elemental es así, podemos decir que no hay ningún cambio en relación a diciembre de 1993”.
Entre bocanadas de humo, entre cigarro y cigarro, Aubry se explaya sobre el tema. Vuelve a la agenda nacional:
“Hay otro punto que recuerdo muy bien, que era sobre el TLC, en el que había un rechazo claro del EZLN, por su política macroeconómica –argumentando que Chiapas está en muy mala posición para competir– y en aquel momento Manuel Camacho respondió que iba a pedir a la Secofi un análisis del impacto del TLC sobre Chiapas.”
Entre sonrisas, recuerda que Marcos respondió que no se preocupara por el estudio prometido, que él –el subcomandante– se lo hacía en dos horas.
Camacho Solís cumplió. La Secretaría de Comercio y Fomento Industrial publicó en agosto tres volúmenes sobre el impacto del TLC en la entidad; sólo que el estudio realizado fue tan simple “que lo hubiera podido hacer cualquier estudiante a la mitad de la licenciatura en economía”.
El primer volumen habla de los productos básicos, los productos tropicales, etcétera, “un poco en forma de fichas”; el segundo es un resumen y el tercero, que se llama Oportunidades de exportación a Estados Unidos en el TLC de Norteamérica de productos chiapanecos, es una especie de “sección amarilla”, donde se anuncian los lugares en que se pueden comercializar los productos chiapanecos.
Según Aubry, como conclusión de los “beneficios” que traerá el TLC a Chiapas, se destaca la creación de 14 mil empleos, “cuando nosotros calculamos que los que se necesitan son 125 mil y el mismo Eduardo Robledo Rincón, en su discurso de instalación, dice que los que falta son 200 mil.
“O sea que no se ha estudiado nada del impacto real del TLC, porque lo que presenta la Secofi sería como para reprobar a un alumno de economía.”
En fin, “palabras y más palabras”, concluye Aubry al analizar la respuesta gubernamental a los alzados en armas del 1o. de enero.

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El director de Inaremac habla también de la posibilidad real de que resurja el enfrentamiento armado, por la misma falta de respuesta gubernamental a las demandas zapatistas.
–¿Cómo ve la situación actual? ¿Existen riesgos reales de que resurja la violencia?
–Evidentemente, sí. Y eso se ve en las entrevistas que se hicieron a Marcos en los últimos días, donde resalta que su gente dice que están perdiendo todo y que piensan cambiar de táctica.
“Intentaron cambiar los medios militares por el accionar pacífico de la sociedad civil, pero los medios civiles no funcionaron en estos últimos meses, no más que en los diez años de lenta acumulación de fuerza que precipitaron la opción armada.
“Entonces, ven que la situación no avanza y estamos igual que el 31 de diciembre y, si están determinados a conquistar algo y quieren efectivamente una democratización del país, un saneamiento del ambiente económico y político, como no pasó nada, queda la única salida, la salida armada.”
Aubry se nota preocupado. Por ratos es más expresivo y se lleva las manos a la cabeza.
Dice: “Estamos en un periodo dificilísimo, que además se complica porque vino la decepción del 21 de agosto. Hubo una respuesta masiva a la convocatoria electoral que venía de la selva, que se hizo desde la Convención Nacional Democrática (CND), diciendo que la democracia no se resume en las elecciones, sino que va más allá pero empieza en esto. La gente vino a votar y entonces hubo el mismo juego de siempre y se provocó una decepción más”.
Insiste en que el riesgo de violencia es alto: “Después vino la situación en la que estamos, con dos gobiernos, dos ejércitos. Ahora son tres, desde el 16 de noviembre cuando las armas de los ganaderos se manifestaron en Palenque y después en Prusia y en otras fincas de Motozintla. El tercer ejército no entiende de disciplina y es insensible a cualquier intento de negociación. Entre los otros dos, sí es posible dialogar.
“Entonces, la situación es difícil y aumenta la tensión, que se siente, que es obvia.”

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Andrés Aubry no rehúye a las preguntas, pero muestra preferencia por hablar de su especialidad: la historia.
–¿Qué opina sobre la particularidad que vive Chiapas, donde existen gobiernos paralelos?
–Ciertamente no es la primera vez que existe en Chiapas un gobierno de transición. En el siglo pasado hubo dos; el de Joaquín Miguel Gutiérrez y el de Angel Albino Corzo. Lo original en esta ocasión es que existen gobiernos paralelos.
Según Aubry, los gobiernos de transición han servido “precisamente para arreglar pacífica y políticamente un problema que venía de ser armado”. Por eso no duda en que, en esta ocasión, el encabezado por Amado Avendaño pueda cumplir con el mismo fin.
Habla de las similitudes existentes entre los gobiernos liberales y el del periodista Amado Avendaño:
“La primera ocasión en que se instaló un Gobierno de Transición fue en 1823, cuando Chiapas contestó su primera mexicanización.
“Chiapas llamó a sus diez diputados del Congreso Federal, dejando plantado al Congreso de la Unión, para formar un gobierno bastante parecido al que está formando Amado Avendaño. Crearon un gobierno de transición, que era colegiado, que se llamó Junta Provisional, cancelando el gobierno anterior y formando lo que llaman una Asamblea General, que era muy parecida a la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco.
“El gobierno provisional duró casi dos años, hasta que hubo un gran foro nacional, donde se resolvió en favor de México, y Chiapas se incorporó libremente a la República. Después crearon una Asamblea Constituyente y llamaron a elecciones.”
Emocionado, no se cansa de destacar las similitudes existentes entre los actuales héroes chiapanecos y Avendaño Figueroa.
“La otra vez fue más conocida todavía, en tiempo de Juárez, cuando Angel Albino Corzo creó un Gobierno Provisorio porque no había gobernabilidad, exactamente como ahora”.
El líder liberal que da su apellido a Chiapa de Corzo creó “un espacio de reconstitucionalidad y suspendió el efecto de todas las leyes chuecas e inaplicables, dando forma a un Consejo General, muy parecido a la AEDPCH”. Convocó a un nuevo Constituyente, que desembocó, finalmente, mucho más tarde, en un gobierno constitucional.
“Fueron periodos de transición un poco parecidos a éste, en que se refleja la crisis de 65 años de priísmo. En aquel momento eran 25 años de santanismo y entonces se dio la transición: la Reforma.
“Un gobierno de transición no es excepcional en el contexto chiapaneco, y tampoco en el contexto nacional, porque el Plan de Ayutla fue el precursor de la Reforma, que nació de la gente de Juárez, donde precisamente una de sus cláusulas era crear un gobierno provisional hasta restablecer una constitucionalidad viable.”
–En la coyuntura actual, ¿qué viabilidad le ve al gobierno de transición de Amado Avendaño?
–Es muy temprano para decir, pero con una visión histórica se puede decir que no tiene vicios y que funciona como funcionaron los gobiernos anteriores y ahora, a la distancia, vemos que la historia les dio la razón.
“En aquel momento eran gobiernos sumamente conflictivos. Angel Albino Corzo tuvo la suerte de que el gobernador que estaba en la silla en aquel momento entendió que había ingobernabilidad y que estaba amenazada la paz en Chiapas; entonces renunció, y eso facilitó el proceso.
“En la actualidad esta situación, a pesar de que existe ingobernabilidad y alto riesgo de guerra, no se ha dado hasta el momento en Chiapas.
“La historia muestra que en cada periodo de transición existe un proceso de casi ingobernabilidad o de ingobernabilidad total, y entonces el problema es aprender a vivir la transición para evitar el baño de sangre.”
–Dice usted que en los momentos anteriores, cuando Chiapas vivió la transición, se pudo evitar la guerra. ¿Podrá el gobierno de Amado Avendaño frenar la guerra que amenaza con estallar en cualquier momento?
–Pues es la opción, porque este gobierno de transición, precisamente, manifiesta su opción pacífica y, si toma esos riesgos, es precisamente para evitar la guerra.
“La insurgencia civil no es nada cómoda, pero es mucho menos dolorosa y cuesta menos sangre, mucho menos traumas que las armas y la guerra. Entonces, la paz pasa por esos medios políticos.”
De los insurgentes de antes –Joaquín Miguel Gutiérrez y Angel Albino Corzo– dice que eran parecidos al subcomandante Marcos: “También emitían sus comunicados”.
“Los actores de antes eran exactamente los mismos de ahora: el Ejército, el gobierno, el clero, con un mediador igual –un obispo de San Cristóbal: Ambrosio Llano–, los ganaderos y los insurgentes: el mismo reparto.
Angel Albino Corzo, dice, refundó el estado de Chiapas, realizó su segunda independencia “porque en aquel momento México estaba tan ocupado por la invasión francesa, que no podía dar ni pizca de ayuda a Chiapas. Y ahí entra el papel relevante de Albino Corzo, que estaba solo, un poco como don Amado cuando dice ‘no nos dejen solos ‘.”
Compara también a Avendaño con Juárez: “Y a nivel nacional, cuando Juárez no tenía otra oficina que su propio carruaje y recorría los caminos de México, todo mundo pensaba que era una locura. Finalmente cambió la historia y construyó la historia de México.
“Yo creo que es lo que trata de hacernos ver Marcos cuando dice: ‘no tenemos miedo al juicio de la historia’. Con la distancia, se ve que estos son los procesos que construyen al país.”
–A qué atribuye que tanto el presidente Zedillo como Marcos y el propio Amado Avendaño retomen el discurso de Benito Juárez?
–En todos los periodos de transición –al menos en Chiapas– se está jugando un jueguito feo, en que se sacrifica en vida a los que después de muertos serán los héroes y padres de la patria. A los futuros héroes se les sataniza y se les mata, como a Joaquín Miguel Gutiérrez, quien fue baleado por el gobierno en el callejón del sacrificio en Tuxtla.
“Ese es un fenómeno clásico de la historia, de toda la historia. A los propios santos de la Iglesia se les sataniza en vida y, cuando mueren, se les edifican altares; para los héroes de la patria es igual. Antes de ser héroes eran transgresores de la ley, eran los rebeldes, los fascinerosos.”
Al partir siempre del análisis histórico, dice que en la guerra, “aunque haya muchos actores, hay dos opciones mayores y todo el problema es tener los pantalones para escoger. Uno se puede equivocar pero, si se es honesto y se tiene pantalones y se toman los riesgos, creo que es estimable.
“Antes como ahora, cada familia, cada pueblo, estaban partidos en los dos bandos. Hay un poeta de Chiapas, Rodulfo Figueroa, que ha contado el drama del novio y la novia que están en bandos distintos, o el padre y el hijo, pero hay que escoger. Y ahí lo que importa es la raíz histórica.”

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Chiapas de la existencia de regiones autónomas, de territorios en rebeldía. ¿Cómo entiende esa situación?
–Con mirada de historiador, veo que es un replanteamiento del federalismo. Toda la pelea de Joaquín Miguel Gutiérrez fue por el federalismo, pero el problema es que bajo la cobija federal se vivía, según el insurgente, un régimen teocrático militar que le llamaban República Central.
“Chiapas se puso al frente de la federación en las reformas, nada más que la causa federal era, en aquel momento, el combate a la autonomía. Y ahora lo de las autonomías es la aplicación del pacto federal, no nada más en estados, sino también en subregiones, y esto creo que hasta en el discurso oficial son cosas que se pueden pensar.
“El expresidente Salinas dijo que no se podía pensar en eso porque Chiapas es un estado fronterizo, e interpretaba la autonomía como separatismo, pero eso es una percepción que no corresponde a la demanda real de la gente de Chiapas. La autonomía no es separatismo, no es una ruptura con la federación. Es una estructura más del pacto federal. No es excluyente –hasta incluye a varias etnias–; no es un fenómeno étnico –no es nada más para indígenas–, y hasta Marcos dijo que no pretendía hacer repúblicas mayas.
“La autonomía es una respuesta a un fenómeno que no es nada más chiapaneco, que es mundial, porque el desarrollo y las políticas económicas se planean a nivel de lo macro y finalmente no funcionan a nivel local, y entonces cualquier economista, cualquier agente de desarrollo, está viendo que se necesita una descentralización para que el desarrollo sea algo eficiente.
“La autonomía es una de las figuras posibles de esta descentralización. Más que todo en Chiapas, donde las zonas son tan distintas –los Altos no son el Soconusco, la selva no son los Valles Centrales–; o sea que sí hay, objetivamente, circunstancias materiales, geográficas, históricas, ecológicas, de mentalidades, que hacen que se necesite tener autonomía para lograr un cierto desarrollo.
“El problema no lo tenemos nada más en Chiapas, sino en todos los países en desarrollo porque aun en los viejos países democráticos la economía no es democrática, la fábrica no es democrática, la escuela y la universidad, apenas; el campesino es aún un problema para todas las economías y todas las democracias prácticamente fallaron en cuanto al problema rural.
“Entonces la visión de Chiapas, como dijo una vez Camacho Solís, ya firmado el protocolo de Catedral, “lo que está pasando es que Chiapas es un laboratorio de la democracia”, y yo creo que la autonomía es parte de este laboratorio.
“Las opciones macroeconómicas equivalen a un etnocidio, porque hay 200 mil desempleados y no hay viviendas y hay que encontrar alternativas en el laboratorio natural que no nace de una teoría, que no viene de dogmas, de doctrinas ni de empréstitos exógenos: surge de prácticas.
“Cuando Lázaro Cárdenas vino a Chiapas en 1940 –fue el primer presidente en funciones que vino– distribuyó 300 mil hectáreas, y aquí, como en el resto de la República, entregó hasta armas para defender al ejido y la escuela, porque eran figuras federativas. Y ahora no es en la reducida dimensión de un ejido, sino van a haber estructuras y figuras federativas que van a embonar una en otra, como el ejido y la colonia, el municipio y la región autónoma, en un estado libre y soberano.”

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–¿Cuáles son las posibilidades reales de solución política al conflicto armado?
–Bueno, pues es la guerra o la vía pacífica, y esto es lo que hace escoger mi bando. Si no se quiere la guerra, hay que tomar los medios políticos que son los que surgen: es el gobierno de transición, es la autonomía y es un nuevo diálogo con la federación.