–O lo matan o se suicida, pero Durazo no llegará vivo a México.
Habla José González González, quien escribió la biografía criminal del exjefe policiaco. Es el mismo, no ha cambiado nada, le brotan las anécdotas y los recuerdos de sus 27 años de pistolero.
–Durazo está en un “viaje” sin regreso.
–¿Por qué?
–No fue casual que, cuando lo detuvieron en San Juan de Puerto Rico, inmediatamente lo forraran con un chaleco antibalas y lo vigilaran tantos agentes de seguridad. ¿A quién le interesaría matar a un fuereño en territorio de los Estados Unidos?
–¿Está seguro de que lo matarán?
–Es una posibilidad, porque la mafia elimina a cualquiera de sus miembros que ya no le sirva. Acuérdese de Mariles: detenido en París con droga, un día se le ocurrió decir que abriría la boca y al siguiente se “suicidó”, apareció muerto.
–Sin embargo, hay quienes piensan que traerán a Durazo.
–¿Adónde lo van a traer? Esa es otra cosa: es odiado por la ciudadanía, es odiado por los funcionarios, es odiado por los delincuentes, es odiado por la policía y es odiado hasta por el ejército. Es odiado por todo mundo. Ahora imagíneselo solo en una celda, ni siquiera tiene derecho a salir bajo fianza, porque en los Estados Unidos es delito huir de la justicia.
–¿Y por qué se suicidaría Durazo?.
–Por la droga.
–¿Cómo?
–Estaba acostumbrado a beber alcohol por las mañanas, tardes y noches, a la buena vida. Además, es cocainómano desde hace muchos años. Quizás ahora le suministren pequeñas dosis por prescripción médica, pero la falta de su dosis acostumbrada lo deteriorará cada vez más, orgánica y psicológicamente. Por eso se encuentra tan abatido. La falta de droga es peor que la sed y de ésta morimos todos.
–¿Y esto es suficiente para que se suicide?
–He visto a drogadictos que se vuelven locos por ese motivo, hasta se golpean la cabeza en las paredes de la desesperación. Si a una persona de éstas, usted quiere que declare o sacarle toda la verdad no necesita torturarlo, nomás quítele la droga y verá cómo canta. Pero en el caso de Durazo los gringos no tienen necesidad de eso, saben de sus ligas con el narcotráfico.
–¿Y en México?
–Desde hace mucho también se sabe. En la campaña de López Portillo, en 1976, durante la segunda etapa, en Guanajuato –la primera fue en Querétaro–, siendo yo jefe de ayudantes del gobernador Luis H. Docoing, en la entrada de la Universidad, le llegó el “boleto” al candidato: que Durazo estaba ligado a la mafia del narcotráfico. Y mandó llamar a Pedro Ojeda Paullada, entonces procurador general de la República, a quien le preguntó sobre el asunto. “Es cierto, por eso tengo a Durazo sentado en la banca”, respondió Ojeda. Yo los escuché.
González González –”ya es hora de que agarren también a los colaboradores de Durazo, a los demás ratas”– agrega:
–Por ese motivo, a Durazo lo habían quitado de primer comandante de la policía Judicial Federal. En esos días, Florentino Ventura, que estaba al frente del Grupo Especial de la PGR –el personal de confianza del procurador–, acorralaba en Guadalajara a Sahagún Baca, pues se sabían también sus nexos con la mafia, pero se “peló” a España; residió en Barcelona casi un año. Eran los tiempos en que no había relaciones diplomáticas entre México y ese país. En la campaña, Durazo habló con su amigo López Portillo y le “resolvió” el “boleto” a Sahagún. Y éste regresó tranquilamente, sin culpa ni pecado, como brazo derecho de Durazo. A él lo puso luego al frente de la DIPD y a mí me enviaba a supervisar a 12 vigilantes de la Ciudad Universitaria, pero le dije: no jodas hombre, con mi currículum…
Según González González, el exdirector de la DGPT preparaba su huida desde hace tiempo, por lo que no le extrañó que le hubieran encontrado una decena de pasaportes falsos, en el momento de su detención.
Refiere:
–Había dos tipos en la policía que hacían ese trabajo sucio. Uno de ellos era el capitán Raúl Ipina, quién tiene contactos en Los Angeles; el otro era un sujeto de apellidos López Tamariz. Los dos prepararon a Durazo 12 pasaportes, en complicidad con personal de la Secretaría de Relaciones Exteriores. A mí nada más me tramitaron uno, sin necesidad de pisar la cancillería. Cualquiera podría obtenerlos a través de ellos, con sólo entregar un par de fotografías. Estaban de acuerdo también con Rubén Hernández Grajeda, el representante del gobierno mexicano en la seguridad de los diplomáticos gringos. De ahí, le repito, que no me extrañara que uno de los pasaportes que llevaba el “Negro” estuviera a nombre de un supuesto Pedro Grajeda.
–Respecto al caso de los cadáveres del Río Tula, parece que los hechos no fueron como usted los narra en su libro…
–Hasta este momento nadie me ha desmentido. El jefe de la Interpol en México, Jorge Miguel Aldana Ibarra, da su propia versión, pero no agrega nada nuevo. Reconoce que las víctimas eran sudamericanos, que eran asaltabancos, que los asesinos eran miembros de la DIPD, que se quedaron con 105 millones de pesos. Fue lo que yo dije, no aporta ningún otro dato. El participó en la investigación ¿y por qué, le pregunto, no sacó a la luz pública la verdad? Que no se haga, la verdad es que él es íntimo amigo desde hace muchos años de Durazo y de Sahagún Baca, ligado también al narcotráfico.
Continúa el relato:
–Quien realmente llevó a cabo toda la investigación del caso del Río Tula, fue Miguel Nassar Haro, como director de la Federal de Seguridad. Detuvo a Bosque Zarazúa, a Cisneros, a “Rudy”… El caso fue atendido por instrucciones de López Portillo. Y cuando éste le preguntó a Nassar si ya estaba resuelto, el extitular de la DFS le respondió que únicamente le faltaban dos cabezas, ¿Quiénes?, interrogó JLP, a lo que Nassar contestó: Durazo y Sahagún. Y se le dio carpetazo al asunto.
González cambia de tema para hablar de la defensa de Durazo. Y se lanza en contra del abogado Juan Velázquez.
–Defiende lo indefendible. Maquina, porque llevó incluso a la esposa del “Negro”, Silvia Garza, hasta Puerto Rico, en un alarde del mejor sketch teatral, cuando yo sé que estaban separados desde hace tiempo. Pero ¿qué puede uno esperar de quien saca la cara por puros ladrones, como son sus defendidos: Lerma Candelaria, León Bejarano y compañía?.
–¿Y usted cómo se siente, después de haber denunciado a Durazo y saber que está preso?
–Lo único que lamento es el intento de secuestro, días pasados, de mi hija Vanessa. Dos tipos llegaron hasta mi casa tratando de llevársela, infructuosamente.
El “Flaco”, como le llaman sus amigos, da por concluida la entrevista con la convicción, una vez más, de que a Durazo o lo matan o se suicida.








