Del resbalón de Peña Nieto

Los responsables del cuidado de imagen del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, han de estar arrepentidos por aceptar traer a su figurín a la FIL tapatía. Compraron el suceso futuro como jornada de pasarela exitosa. Así se las ha organizado Televisa y así lo pasean por el país los anhelosos priistas, ansiosos de puesto público. El palmito de Peña Nieto es delicado y caro. Apunta a ser el ungido para cuidar los intereses de la oligarquía nacional. Hace ya rato figura como el preciso, el favorito, el mimado de la publicidad. En sus apariciones difícilmente le descompone cuadro descuido alguno. Todo está afectado y revisado. Su imagen está atildada con el caro plus del glamour. Las televisoras se regodean de su guapura, le perfilan imagen de hombre joven y elegante. Lo han convertido en el muñeco de todas nuestras predilecciones. Los mal pensados afirman que esto inducirá subliminalmente el voto femenino. Quienes propalan tal especie están reprobados en la asignatura del respeto a nuestro mujerío. Ya lo veremos.

Venir a pararlo a la FIL, espacio mediático, no vislumbraba riesgo de raspadura, pero ocurrió lo inesperado: Peña Nieto dio un penoso resbalón en la cáscara de la dupla de hermanitos Padilla. El percance se conoce con amplitud. El candidato trastabilló en mencionar tres libros leídos. No tiene caso repetir los detalles de la pifia. El acontecimiento, planeado como apoteosis, como triunfal paseo con arco, candilejas y ruido de cajas, terminó destemplado por la inopia cultural de los organizadores y el actor central. Peña fue exhibido en su lacerante miseria cultural. El hecho debe ponernos sobre aviso del vivo retrato de los seis años que nos esperan si la gente lo vota masivamente para elevarlo a la titularidad del Ejecutivo.

Aunque exageran los colegas que se rasgan tan en serio las vestiduras. Peña no es tan diferente en esta materia al resto de candidatos, desatados en difundir sus gracias y encantos para seguir en las mieles del presupuesto. Casi todos nuestros políticos son burros con zapatos, salvo honrosas excepciones. La cultura no es lo de ellos. Si fueran cultos, otro gallo nos cantara. Las curules, los puestos de elección a cualquier nivel de gobierno, el funcionariato, son ocupados por gente alejada de la disciplina del estudio y de la reflexión política, que debería ser su calistenia cotidiana.

Tampoco anda tan alejado el resbalado Peña del perfil de cultura propio de la gran mayoría de nuestra población. Nos dicen las estadísticas que el nivel escolar rompió la barrera maldita de los seis años de instrucción, la mínima de la primaria, que manteníamos como cáncer difícil de doblegar. Parece que en los últimos lustros hemos avanzado en este rubro. Pero no batamos palmas. No hay nota de superación en los índices de desarrollo humano. La orientación escolar actual impele, inducida desde las esferas de la SEP, a competencias feroces mal entendidas y peor embutidas en la mente de nuestros educandos. La escuela no es ya el espacio de resonancia para el crecimiento de la persona, para el cultivo de las mejores de nuestras pulsiones. Está convertida en un apéndice del consumismo mercantilista que nos ahoga. No leer o no saber hacerlo es sólo uno de los productos subsecuentes de esta estrecha mira, errática en su concepción y en sus aplicaciones.

Así que eso de que Peña Nieto o cualquier otro prohombre salga al escenario y exhiba su lejanía con el mundo de la lectura, en lugar de desplomarlo a un ostracismo automático, será aprovechado por sus insidiosos agentes publicitarios para bajarlo de la nube del elitismo en que lo habían nimbado y lo revertirán a su favor. El ejercicio de la política es perverso en todo el mundo, pero con nosotros agudiza su rostro de hereje. Más adelante sus asesores de imagen le darán un vuelco al figurín, tornarán la pifia en anécdota chusca e hilarante. Lo trabajarán, como hicieron con Fox a quien pintaron de dicharachero y ocurrente para que la masa lo tragara sin deglutir. Con el desliz, conseguirán darle el tamiz de plaza, del que ostensiblemente carece. Lo que está en juego tras su imagen representa un monto tan elevado de intereses, que no se ve que los poderes fácticos, que lo manipulan, vayan a variar la nota. Buscarán tornar su necedad en brillo.

Más grave resulta en cambio la clarinada de guerra que desató su hija Paulina en un tuit, molesta porque en las redes sociales vio enredado a su padre en las lianas de la burla y el chacoteo. Según reporte de La Jornada en Línea (5 de diciembre) en la cuenta @Pau_95Pena Paulina retuiteó un mensaje, escrito originalmente por su novio José Luis Torre en @JojoTorre, que dice a la letra: ‘un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian!’ (sic). Es complicado confirmar este tipo de documentos virtuales. La cuenta mencionada fue dada de baja varias horas después de haber sido detectada y combatida por muchos tuiteros. Luis Videgaray, diputado federal mexiquense, señaló, también a través de twitter y de manera oficiosa, que tales cuentas son falsas. Esta afirmación se contradice con lo que el precandidato priista apuntó en su cuenta @EPN: “El RT de Paulina fue una reacción emotiva por mi error en la FIL. Definitivamente fue un exceso y me disculpo públicamente por ello”.

La danza virtual puede ser inventada. Pero el porrazo por resbalarse en la cáscara de los Padilla ya está dado. Alguien debió haberles prevenido, a él o a sus curadores de imagen, que meterse a tal cueva es de mal fario. Lo que mancillan los Padilla queda lacrado. No se sabe si sea mal de familia, pero cuanto tocan lo besa el diablo. Por eso le fue mal a Peña en la FIL. Tan fácil que hubiera sido que Trino, el moderador, le extendiera discretamente un memo, o le soplara en corto el nombre de las tres obras pedidas. Lo hubiera sacado airoso del aprieto. Pero ¡a buen árbol estaba arrimado!

La capacidad de descomposición del padillaje ya es proverbial entre nosotros. Tiene convertida en manteca a la UdeG, a la que manipula desde hace cinco lustros. Eso lo sabe todo jalisciense crítico, aunque no haya transitado por sus aulas. Al Congreso del estado, donde anidan ahora como aves migratorias de mal agüero, también lo llevan rumbo al precipicio. Pero de esto, como es muy extenso, nos ocuparemos en próxima entrega.