Con tres meses de retraso y de manera atropellada, pues fue el Arzobispado de Monterrey y no el Vaticano el que dio la noticia, fue nombrado ya el sucesor del cardenal Juan Sandoval Íñiguez en la Diócesis de Guadalajara. Se trata del también cardenal José Francisco Robles Ortega, oriundo de Mascota, Jalisco. Expertos en temas religiosos sostienen que aun cuando es una persona prudente, falta ver de quiénes se rodeará.
A demás de un retraso de tres meses y medio por parte del Vaticano y tras una demora de tres meses y medio desde que el cardenal Juan Sandoval Íñiguez anunció su retiro, finalmente llegó su relevo. Pero el anuncio no lo hizo la Nunciatura Apostólica de Guadalajara, sino el propio Arzobispado de Monterrey, de donde proviene el purpurado José Francisco Robles Ortega.
Observadores del acontecer de la Iglesia católica consultados por Proceso Jalisco atribuyen el embrollo a desajustes al interior de la jerarquía eclesiástica, pero sobre todo al protagonismo de Sandoval Íñiguez, quien incluso vetó al candidato del nuncio apostólico Christophe Pierre: el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, actual presidente tanto de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).
De acuerdo con expertos en la materia consultados por el reportero, la terna presentada al Papa Benedicto XVI estuvo conformada por Robles Ortega, José Luis Chávez Botello, arzobispo de Oaxaca, y por Javier Navarro Rodríguez, obispo de Zamora, Michoacán.
Para el académico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Arturo Navarro, se optó por un sucesor del mismo nivel de Sandoval Íñiguez, “pues los otros candidatos que se mencionaban –incluso Aguiar Retes, a todas luces el candidato del nuncio Christophe Pierre– no cumplían estas condiciones”.
El malestar de Sandoval Iñiguez hacia Aguiar se debe al beneplácito del arzobispo de Tlanepantla por las reformas constitucionales del 9 de junio de 2010 en torno a la familia y al derecho a la vida desde la concepción.
Incluso en una carta remitida el 18 de marzo último a los obispos y arzobispos del país, Sandoval reprochó la “aprobación inmediata, entusiasta y desmedida del Presidente de la CEM, a nombre de los obispos pero sin consultarnos…”
Y en la entrevista que concedió este semanario el 8 de junio pasado (Proceso Jalisco 344), Sandoval aseguró que su opinión sería tomada en cuenta para la elección de su sucesor, como se estila en estos casos.
Navarro sostiene que Benedicto XVI espera tres cosas de Robles Ortega: prudencia en el manejo de la Diócesis de Guadalajara; un perfil discreto y funcional y una línea pastoral conservadora. El nuevo arzobispo puede servir de contrapeso, sobre todo por ser una persona prudente. No obstante faltará ver de qué gente se rodeará.
El analista relata que el sucesor de Sandoval Íñiguez mantuvo cercanía con grupos conservadores de Monterrey, aunque dice que en Guadalajara hay un clero más numeroso y su peso dentro de la Iglesia universal es de los más grandes. Aclara incluso que si bien Robles fue alumno de Sandoval, “no es su discípulo”; él piensa y actúa de manera diferente.
Comenta también que le llama la atención que el anuncio no lo haya dado a conocer ni el Arzobispado –dada la relevancia del cardenal que se va –ni la Nunciatura Apostólica, como se estila. “La noticia sale del Arzobispado de Monterrey y no de aquí, no por las vías naturales, tradicionales”, sostiene, lo que indica que algo se pudo haber enredado.
Consultado vía telefónica, el obispo de Culiacán, Sinaloa, Jonás Guerrero Corona, amigo cercano de Robles Ortega, señala que el nuevo arzobispo tiene una amplia trayectoria, con experiencia en lugares nada fáciles como Toluca y Monterrey, de donde salió airoso.
Y sobre la nueva encomienda de Robles, monseñor Jonás dice estar seguro de que sabrá escuchar, sobre todo a sus sacerdotes. “Es un hombre prudente, de buena mano izquierda; es inteligente, afable, tiene el don de gentes; institucional y ortodoxo –por eso es cardenal–. Es un pastor”.
Interrogado si Robles Ortega es la antítesis de Sandoval Íñiguez, el entrevistado, también formado en la Diócesis de Autlán, donde fue rector del Seminario local, responde que “cada quien tiene sus virtudes”.
El analista de cuestiones religiosas Román Ramírez afirma que Robles viene con una visión de pastor que lo mismo atiende a la feligresía que da seguimiento y acompañamiento a su presbiterio:
“Eso es muy bueno para Guadalajara, que tiene un clero muy grande –que conoce bastante– y que tiene una superestructura en todos los sentidos. Va a dedicarse sin duda a la conciliación con celo apostólico, a la pastoral social, a la asistencial, a la penitenciaria y a la pastoral para discapacitados, principalmente.
“Esperemos que tenga la humildad de un cardenal Salazar, la sabiduría y conciliación de un Garibi Rivera; el arrojo de un Posadas Ocampo, y la valentía de Sandoval Íñiguez, algo que hay que reconocerle al hoy arzobispo emérito”.
En tanto, el sacerdote Eduardo Mendoza, extitular de Pastoral Social del Arzobispado tapatío dice que, Robles Ortega tiene una experiencia probada y le da la bienvenida porque, reitera, llega con autoridad por su cercanía con el clero; además, tiene ganas de servir y es cercano a la gente.
Aunque Mendoza no hizo referencia a la recia personalidad de Sandoval –quien recientemente lo cambió de una colonia acomodada (Las Fuentes, en Zapopan), a una de las más pobres del área metropolitana, (Santa Cruz de las Huertas, en Tonalá), asegura que a la jerarquía eclesiástica le debió costar trabajo decidir, aunque finalmente lo hizo bien.
Aun cuando fuentes fidedignas aseguran que Benedicto XVI aceptó la renuncia al controvertido Sandoval Íñiguez en septiembre, la noticia se conoció hasta la medianoche de martes 6 de diciembre, cuando la Mitra regiomontana envió un boletín a los medios.
Un anuncio singular
El arzobispo José Francisco Robles Ortega, quien fuera de Monterrey mantuvo un perfil bajo, ocupó durante ocho años esa sede, tras la renuncia por enfermedad del cardenal Adolfo Suárez Rivera en 2003. Antes, fue obispo auxiliar del titular de la Diócesis de Toluca, Alfredo Torres Romero desde 1991. A la muerte de éste, en 1995, asumió como titular, de donde fue preconizado arzobispo de la capital de Nuevo León, a la que llegó el 25 de enero de 2003.
Nacido el 2 de marzo de 1949 en Mascota, Jalisco –diócesis de Tepic– Robles Ortega uno de los 16 hijos que procrearon Francisco Robles Arreola y Teresa Ortega, quienes aún viven. Ingresó al Seminario Menor de Autlán en 1962 y posteriormente pasó al de Guadalajara, donde estudió filosofía.
Sus estudios los concluyó en el Seminario de Zamora, Michoacán. Se ordenó presbítero en julio de 1976 y ese mismo año lo enviaron a estudiar a la Pontifica Universidad Gregoriana de Roma, donde permaneció hasta 1979, al terminar la licenciatura de teología dogmática.
A su regreso de la “ciudad eterna” ocupó distintos cargos, entre ellos el de vicario general de la Diócesis de Autlán, de donde salió para convertirse en obispo de Toluca.
Al conocerse la noticia de su designación, Sandoval Íñiguez dio la bienvenida a Robles Ortega en el colegio cardenalicio y expresó que deja una diócesis en paz, en orden y caminando, sin problemas serios. El nuevo responsable de la Diócesis de Guadalajara tomará posesión en febrero próximo.
El vocero del Arzobispado, Antonio Gutiérrez Montaño, declaró que había sorpresa, no por la designación de Robles Ortega –quien como jalisciense conoce parte del clero local–, sino porque se pensaba que tras el Vaticano anunciaría el relevo hasta el próximo año.
No obstante, asegura que el nuevo pastor llega con una carga de experiencia. Y en alusión a una pregunta que hizo Jaime García Elías en Radio Metrópoli, Gutiérrez dice que Robles Ortega deberá atraer a los más alejados y aun a los no creyentes, pero sobre todo a quienes se profesan católicos y no ejercen o no practican.
El adiós a Sandoval
Al cumplir los canónicos 75 años de edad, el 22 de marzo de 2008 el arzobispo Sandoval Íñiguez presentó a Papa Benedicto XVI su renuncia. Pasaron cerca de cuatro años para que se diera a conocer la noticia de su sucesor.
Hace un año, varios sacerdotes tapatíos entregaron a este semanario una carta en la que le pedían a Sandoval que se “alejara del mundanal ruido” (Proceso 1777); también le solicitaron al Papa que aceptara la renuncia del arzobispo, al tiempo que vertían una serie de reclamos como el que dejara de hacer controversiales declaraciones “que provocan enemistades aun dentro de la Iglesia”.
Hombre de carácter fuerte, Sandoval se sintió muy molesto con esa misiva y en la Navidad de 2010 retó a sus sacerdotes a que le hablaran de frente. Después, en la entrevista con este reportero, se negó a hablar del asunto. “De eso no quiero hablar para nada. No me la mientes (la carta) siquiera”, espetó entonces.
El cardenal Sandoval Íñiguez, quien sin remilgos de cortesía ha dicho que se quedará a vivir en la sede arzobispal de la Quinta Tlaquepaque, que fue acondicionada desde la época de Juan Jesús Posadas Ocampo para convertirse en la residencia oficial, ha sido siempre centro de polémica desde el momento en que aun antes de asumir la sede, afirmó que el de su antecesor fue un crimen de estado.
Una vez en el cargo, asumió directamente la defensa oficial de la Iglesia del caso Posadas y cuantas veces pudo exigió su esclarecimiento. En no pocas ocasiones entró en confrontación directa con el entonces procurador y después secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, quien posteriormente lo demandaría por supuesto lavado de dinero, cosa que nunca pudo comprobar.
Su firme oposición al aborto y a las uniones legales entre personas del mismo sexo, propició un encontronazo con el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
No obstante, en Jalisco, durante el actual gobierno de Emilio González Márquez y su ahora exsecretario general de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, ha habido un entendimiento tal, que el propio ejecutivo ofreció un donativo de 90 millones de pesos para la obra material cumbre de Sandoval, el Santuario de los Mártires, y hasta le adelantó 30 millones.
En la entrevista del adiós (Proceso Jalisco 344), el cardenal Sandoval Íñiguez habló del poder, de su poder, de su trato con políticos –de los que, dijo “vienen a buscarme a mí, no yo a ellos”– respondió que nunca tuvo aspiraciones de poder temporal durante los 17 años que gobernó a la grey tapatía.








