Editorial
En uso de concesiones del gobierno federal, la televisión comercial ha desatado una clamorosa, insolente campaña contra las universidades mexicanas Con toda evidencia se trata de despertar entre los televidentes, inquietudes exageradas, temores no acreditados por los hechos, para que desconfíen de las instituciones de enseñanza superior y aún se vuelvan sus emergimos No está claro todavía el objetivo último que se propone esta embestida, pero si lo están sus manifestaciones irracionales
Es inocultable que la educación universitaria padece dificultades No puede negarse que en varías universidades hierven conflictos de orden político, provocados algunas veces desde el exterior, o surgidos en el propio seno de las comunidades académicas Es también incuestionable que no faltan quienes distorsionan el papel de las instituciones de cultura superior y pretenden convertirías en baluartes partidarios, en una absurda simplificación de los problemas sociales
Pero esta realidad calamitosa dista de ser toda la realidad universitaria Se cometería un error de lógica elemental si se generaliza a partir de unos pocos datos, así sean de naturaleza sobresaliente y grave Pero no es un error, a todas luces, el que comete la televisión lucrativa Procede de mala fe, movida por el ánimo de azuzar a la opinión contra las instituciones públicas de enseñanza y, al mismo tiempo, de disminuir las posibilidades del desarrollo político de la nación
En efecto, la campaña desprestigiante emprendida por la televisión mercantil tiene congénitos propósitos antidemocráticos Aunque nadie pueda ilusionar con la eficacia, en términos académicos y sociales, de las universidades mexicanas, lo cierto es que el estatuto de autonomía de que disfrutan la casi totalidad de ellas les ha permitido convertirse en centros de libre discusión de las ideas De esta pluralidad no pueden derivarse sino beneficios para el país Esa pluralidad obliga a la exposición y discusión de toda clase de corrientes de pensamiento, singularmente aquellas que de modo más patente han influido en el desarrollo de las sociedades Ocultar la existencia de algunas concepciones del mundo mutilar a los estudiantes en sus posibilidades de examinar y transformar el entorno en que se mueve
La campaña de la televisión lucrativa impugna el afán propiciatorio de cambios que, en forma por desgracia más retórica que real, se observa en algunos centros universitarios Estéril empeño el que pretende detener la marcha de la historia La sociedad humana está en permanente mutación, si bien es preciso dirigir sus transformaciones hacía estepas en que todos los hombres puedan realizarse a plenitud
Magnificado por la tecnología puesta al servicio de la ganancia, en las ondas de la televisión lucrativa resuena el grito del fascismo español; ¡Muera la inteligencia! El grave daño que una proclama así infiere a la comunidad mexicana no puede ser inadvertido por el poder público, encargado de vigilar que los medios electrónicos de difusión estén al servicio de las mejores y no de las peores causas nacionales
Nadie con sensatez mínima demandará jamás que las universidades se convierten en focos de sedición, ni que la pertenencia a los claustros universitarios confiera impunidad para la comisión de cual quiera clase de delitos Quienes desesperados o miopes, o engañados o dolosos, busquen guarecerse en los recintos universitarios escondiendo actuaciones ilegitimas, tendrán que ser castigados Pero su actividad no ha de ser nunca bastante para justificar embestidas innobles contra la enseñanza democrática nacional








