Anticurrículum político

Todos los jaliscienses que se preparan para participar en la nueva zafra electoral tienen, sin distingo de filiación partidista, la misma preocupación: ocultar a toda costa sus “podridas”. Esto no sólo significa disimular sus limitaciones como funcionarios públicos, sino algo peor: tratar de borrar su anticurrículum político. Y ello para aparecer ante el electorado como lo que la gran mayoría de ellos está muy lejos de ser: esforzados e impolutos servidores públicos, personas dignas de la simpatía, el agradecimiento y el apoyo de los votantes el cada día más próximo 1 de julio de 2012.
Ante esta situación, el mejor aliado que podrían tener los aspirantes a un nuevo cargo de elección popular –más aún que un equipo calificado y profesional de campaña, incluidos asesores de imagen– es la desmemoria de los ciudadanos. Tanto quienes ya figuran como favoritos en la adelantada carrera electoral como aquellos otros y otras a quienes las encuestas colocan en la retaguardia se preparan para, de nueva cuenta, volver a ser “servidores públicos” desde la posición que sus partidos tuvieren a bien asignarles.
Para lograr tal objetivo se valen de todo: de supuestos informes de actividades que nadie les solicita, de hueros spots en radio y televisión, de anuncios espectaculares, de bardas con leyendas de su autoría, de celebraciones cívicas, de fiestas personales de cumpleaños, entre otro tipo de ágapes, a los que lo mismo suelen invitar a amigos y simpatizantes que a subalternos cautivos, que por su condición de subordinados están obligados a acudir para quedar bien con el jefe y evitar una eventual represalia.
Sobra decir que con estos actos anticipados –y mal disimulados– de campaña, los pre-precandidatos buscan llamar la atención de los medios de comunicación, especialmente de los chicos –y no tanto– de la prensa, de manera particular de aquellos que han hecho de la grilla y el futurismo su monomanía profesional. Pero en todos los casos la consigna es disimular todo aquello que le pudiere disminuir votos al aspirante a un nuevo cargo de elección popular.
Por ejemplo, el priista Aristóteles Sandoval, alcalde de Guadalajara y a quien las encuestas colocan como puntero en la carrera para relevar al panista Emilio González Márquez en Casa Jalisco, busca que se le asocie con las contadas avenidas recién repavimentadas, pero no con los cientos y cientos de calles –especialmente del oriente del municipio– cuya superficie nunca había estado tan deteriorada, plagada de hoyancos y de parches mal puestos. Tampoco querría que se le relacionara con la reciente tala de arboles en el parque Mirador Independencia, una daga que sus colaboradores buscan endosar enteramente al gobierno del estado, al cual acusan de no haber “socializado”, entre los vecinos de Huentitán El Bajo el proyecto del presunto museo de arte moderno que se pretende construir en dicho parque, condenado a perder la mayor parte de su superficie.
Pero tanto Sandoval como otros funcionarios del ayuntamiento de Guadalajara quieren, por lo visto, que los habitantes del municipio que gobiernan –y quienes el próximo 1 de julio habrán de convertirse en poderosos votantes– se olviden de que la actual administración tapatía, que preside precisamente el señor Sandoval, ratificó el pasado 2 de mayo la donación del terreno del mencionado parque a un grupo de particulares asociados en el membrete Guadalajara Capital Cultural y quienes pretenden que papá gobierno (tanto el estatal como el federal) les construya su modernista museo y costee sus gastos de operación y mantenimiento.
Por otra parte, el alcalde tapatío también sabe hacerse de la boca chiquita, pues jura y perjura que para él es “mucho más importante” un PRI unido que sus aspiraciones políticas personales, y que habrá de ser hasta la primera quincena de diciembre, después de haber presentado su segundo informe de gobierno, cuando resuelva si buscará o no la candidatura de su partido al gobierno de Jalisco (El Informador, 22 de noviembre).
Pero como ya se sabe que la retórica también sirve para decir que no es retórica, lo único cierto es que el primer munícipe de Guadalajara busca hacerla de emoción, aun cuando se le dé mucho mejor el humorismo involuntario. ¿Ejemplo? Su gag del pasado 20 de noviembre, cuando pronunció un discurso cívico en pro de los ideales de los próceres de la Revolución Mexicana.
Y entre estos últimos, al alcalde de Guadalajara le dio por destacar especialmente la aportación hecha por unos supuestos “hermanos Obregón” (La Jornada Jalisco, 21 de noviembre). Moraleja: o bien al tocayo del Estagirita se le hace bolas el engrudo, tal vez al confundir a los inexistentes hermanos Obregón con los verídicos Flores Magón (por aquello de la rima, aun cuando entre los caudillos revolucionarios también hayan existido otras parejas célebres de hermanos: los Madero, los Carranza, los Zapata…), o bien al susodicho alcalde le dio por querer demostrar que como es historiador habría podido llegar a ser un magnífico regidor de mercados.
Pero si en la esquina tricolor abundan los humoradas (en este risible oficio Héctor Vielma, alcalde de Zapopan y también aspirante a la gubernatura, no se queda atrás), entre los pre-precandidatos del partido blanquiazul tampoco cantan mal las rancheras cuando de cinismo y desmemoria se trata. Está visto, por ejemplo, que la autocrítica no va con la personalidad de Alfonso Petersen Farah y Fernando Guzmán Pérez Peláez, secretarios de Salud y de Gobierno, respectivamente, y a quienes una reciente encuesta de Milenio Jalisco (22 de noviembre de 2011) coloca como los aspirantes mejor ubicados para obtener la candidatura del PAN al gobierno estatal.
Petersen Farah, en particular, paladinamente presume haber tenido, como alcalde de Guadalajara, una administración sin errores graves, aun cuando hizo una renovación bastante chafa de las banquetas de varias calles, entre ellas algunas del primer cuadro tapatío, o cuando fracasó rotundamente en su pretensión de edificar la Villa Panamericana en los alrededores del parque Morelos, por cuyos terrenos discurrió pagar el doble y o hasta el triple de su costo comercial. ¿Y todo para qué? Para dilapidar el presupuesto del municipio y dejar hecho ruinas el entorno del parque Morelos. Aparte de ello, el susodicho tiene muchas otras dagas en su haber.
Entre otras cosas, fue el primero en entregar gratuitamente, el 27 de mayo de 2007, la mayor parte del parque Mirador Independencia a un grupo de empresarios para la fallida sucursal mexicana del Museo Guggenheim; renovó por 66 años el comodato de la explanada del estadio Jalisco a favor de las autoridades de la UdeG, con el agravante de autorizarlas para construir en ese sitio un centro comercial, y entregó un predio municipal en las inmediaciones del Periférico y la calzada Independencia al grupo español Mecano para el proyecto inmobiliario Puerta Guadalajara, venturosamente fallido.
Las cartas credenciales del resto de funcionarios que aspiran a reciclarse también tienen un largo anticurrículum, el cual debería ser tenido en cuenta por los ciudadanos para emitir su voto el primer domingo de julio del año entrante.