Antes del noticiario nocturno, de 10 a 10:30, Canal 2 de Televisa ha estado difundiendo una serie que produjo para el 100 aniversario de la Revolución Mexicana –si la consideramos en su inicio a partir de que Porfirio Díaz renuncia y abandona el país en el barco Ipiranga.
Cada uno de los trece capítulos trata un episodio emblemático: el asesinato de los hermanos Serdán, la toma de Zacatecas por las tropas de Pancho Villa, la propia muerte de Madero, la Decena Trágica, el ingreso de Zapata y Villa a la Ciudad de México, entre otras. La participación de la televisora privada en los festejos sirve para estimular la idea de una sola verdad representable: son los héroes de bronce desde la óptica del liberalismo conservador. Madero es un héroe y mártir decente, moderado, que no desea un baño de sangre para sus conciudadanos; Villa en cambio, parte del populacho: de habla altisonante, arrebatos, y sin clara conciencia de para qué es la lucha.
Aparece también un Porfirio Díaz excesivamente decrépito, encarnado en Ignacio López Tarso, actor que no puede ya salirse del papel de sí mismo. Los personajes femeninos son los peor caracterizados: la madre Conchita parece actriz en lugar de monja, y los desplantes de Carmelita Romero Rubio, esposa de Díaz, son inverosímiles para la época.
Los campesinos alzados, las masas participantes aparecen como bultos, extras sin peso alguno en la consecuencia de la Revolución. Las batallas están mal recreadas, escasean los soldados, no se perfilan de manera adecuada las tácticas o la estrategia guerrera.
El guión recurre únicamente a los argumentos conocidos en los libros de historia, no hay adaptaciones de la rica veta de la novelística revolucionaria, ni creación de personajes secundarios que le dieran profundidad a la trama y mucho menos, una pesquisa original para dar a conocer aspectos escasamente explotados. Es una puesta en escena más, con protagonistas acartonados.
La producción descuida detalles como la ropa de los actores. Aún durante la batalla, en el campo o en la hacienda, los jefes lucen como si sus trajes acabaran de salir de la tintorería, sin manchas ni una arruga. Por el contrario, las camisas blancas de los ciudadanos comunes aparecen con manchones de tierra que les pusieron minutos antes de empezar la grabación.
Con esta serie, Televisa se muestra por debajo de lo que había logrado hace décadas, por ejemplo, con la semblanza de Porfirio Díaz. El estancamiento en la creatividad, en la audacia formal, en el lanzamiento de jóvenes dedicados a la actuación es evidente. Con ello se merma una de las fuentes básicas de valor: los contenidos. Las realizaciones de ficción, se trate de series o telenovelas, paulatinamente se han vuelto menos atractivas en lo visual y especialmente, en los relatos.








