El fotoperiodismo inmortal

Amenazada por la mercantilización globalizante, la fotografía periodística mundial vuelve la lente sobre sí misma y reafirma su valor plástico e informativo en un mundo uniformado por los estereotipos de la imagen televisiva. En este empeño, 3 mil profesionales se reunieron en Francia con motivo del decimocuarto Festival Internacional de Fotoperiodismo Vista pour l’Image, una “cita imprescindible”.

PERPIGNAN, FRANCIA.- Jean François LeRoy puede estar satisfecho: el decimocuarto Festival Internacional de Fotoperiodismo –Visa pour l’Image-, que dirige desde su creación en 1988, fue concurrido, profundo, dinámico, polémico y apasionante.

Del 13 de agosto al 15 de septiembre, la ciudad sureña de Perpignan se convirtió en la vitrina del fotoperiodismo mundial y en un efervescente mercado de fotografías periodísticas.

Muy intensa fue la actividad de los 3 mil profesionales acreditados –fotógrafos, agencias fotográficas, editores de fotografía, agencias fotográficas, editores de fotografía de grandes medios de comunicación, editoriales o bancos de imágenes de Europa y, en menor proporción, de Estados Unidos- que se reunieron en el centro de congresos durante la primera semana del encuentro.

Al igual que otros profesionales consultados por la reportera, Sylvie Lagun, de la agencia fotográfica francesa Rapho, y Ashley Woods, de la agencia VII, consideran que por ser el único festival internacional exclusivamente dedicado al fotoperiodismo, Visa pour l’Image es una “cita imprescindible”.

“En pocos días, encontré más clientes que dando vuelta por Europa durante tres meses”, subraya Woods. Langun recuerda que Rapho acude a Perpignan desde hace 14 años, y precisa: “El aspecto comercial del encuentro es, sin duda, capital, pero no es el único punto positivo. En el festival descubrimos nuevos talentos que hoy son algunos de los más destacados fotógrafos de nuestra agencia. Además, el intercambio con otras agencias es indispensable para tener una visión global de nuestra profesión y de los problemas que nos toca enfrentar”.

Tan graves son esos problemas, que por primera vez Leroy organizó varios coloquios sobre la crisis por la que atraviesa el fotoperiodismo. En los debates intervinieron  fotógrafos, universitarios, investigadores de distintos horizontes y destacados periodistas, como Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique y autor de varios ensayos sobre la peligrosa “mercantilización de la información en la era de la globalización neoliberal”.

Explica Langun: “Estamos en una situación paradójica. Es impresionante el número de excelentes fotorreporteros que existen en la actualidad. Nos proponen trabajos de altísima calidad, tanto en blanco y negro como en color, con enfoques originales sobre todos los aspectos de la actualidad mundial. Jamás hemos tenido tantas ofertas dignas de interés y, sin embargo, se reduce cada vez más la posibilidad de publicar esos reportajes”.

La llamada época de oro del fotoperiodismo –simbolizada durante las décadas de los sesenta y setenta por revistas como Life, Paris Match o Stern, que reseñaban la actualidad esencialmente mediante reportajes fotográficos fuera de lo común- se acabó.

Explica Derek Hudson, fotorreportero británico que lleva años cubriendo todos los grandes conflictos del planeta: “Hoy a los periódicos y a las revistas les basta con lo que les ofrecen las agencias AFP, REUTERS  o AP para ‘ilustrar’ la actualidad. Lo que les interesa principalmente es tener fotos exclusivas y llamativas de los personajes del mundo del espectáculo”.

Ramonet: “Al comprar prácticamente todos los diarios y revistas, los grandes grupo empresariales impusieron sus lógicas comerciales y de rentabilidad  al mundo de la información. Sometidos a loa dictados de hombres de negocios que nada saben del fotoperiodismo ni les importa, los editores de fotografía tienen un margen de decisión  cada vez más limitado”.

Fustiga también el papel preponderante que ha jugado la televisión en el mundo informativo contemporáneo: “Sólo existe la actualidad reseñada por la televisión, que se ha convertido en referencia absoluta para todos los medios de comunicación. Esa situación tiende a generar una producción sumamente peligrosa, casi totalitaria, de imágenes cada vez más estereotipadas, y deja en la sombra numerosos acontecimientos. ¡Pobre fotoperiodista que intenta vender un reportaje sobre un tema ninguneado  por las cadenas televisivas o que enfoca en forma distinta una situación manoseada por esas mismas cadenas! Tendrá que luchar muy duro para imponer su material, y muchas veces no lo logrará”.

A pesar de los peligros que amenazan al fotoperiodismo, el festival de Perpignan nunca cayó en la autocompasión. Por el contrario, la calidad y la diversidad de los trabajos presentados en las 30 exposiciones esparcidas por toda la ciudad atestiguaremos el empeño de los fotorreporteros en defender su oficio contra viento y marea, innovando, imponiendo  visiones personales , yendo a contracorriente, explorando campos difíciles, desafiando con talento y obstinación el conformismo que pretenden imponer los mercaderes de la información.

Leroy evitó, además, que el encuentro fuera sofocado por testimonios fotográficos sobre el 11 de septiembre. Si bien se presentaron fotos impresionantes sobre los atentados que enlutaron a Estados Unidos, se expusieron también reportajes muy duros acerca de los daños causados por la guerra contra Afganistan o las consecuencias del embargo y de los bombardeos incesantes que sufre Irak.

La olvidada Bosnia

Llamó la atención un bosnio galardonado con el premio Kodak 2002 para jóvenes reporteros: Ziyah Gafic, de 22 años. Era niño cuanto su país fue destrozado por la guerra.

Durante meses, Bosnia monopolizó la atención de las cadenas de televisión y de los periódicos. Se acabó la guerra. Bosnia dejó de ser noticia y desapareció de las pantallas.

Gafic decidió luchar contra esa amnesia con fotos de su país olvidado, destruido, pobre, abandonado, con sus heridas sin cicatrizar y sus traumas. El resultado es una serie de fotos a color de una calidad estética estremecedora, que reseñan con pudor y dignidad la vida actual en la ciudad de Gorazde que, a pesar de encontrarse en la zona supuestamente protegida por las fuerzas de la ONU, fue asediada en forma muy cruenta por los serbios.

Gafic muestra también las andanzas de los familiares de desaparecidos que intentan identificar los esqueletos de sus seres queridos que, poco a poco, emergen de fosas comunes.

El fotógrafo belga Carl de Keyzer, de la agencia Magnum, también optó por el color y un alto nivel estético para describir algunos de los 45 “cambios de trabajo” que recorrió en Siberia durante dos años. Las fotos presentadas en Perpgnan forman parte del libro Zona-Foto-diario del gulag contemporáneo, que De Kayzer acaba de publicar en Francia, con un prefacio de Steven Roselfielde, catedrático de la Universidad de Carolina del Norte.

Según Rosefielde, 1 millón de rusos están internados en 135 campos diseminados en Siberia. Los peores están perdidos en medio de las selvas siberianas. La mayoría de los presos (65%) están condenados a larguísimas penas sólo por robo, 115% por delitos ligados a la droga y 10%por atracos a mano armada. Rosefielde está convencido de que el gobierno ruso aprovecha así una mano de obra gratuita que corta árboles, fabrica muebles, piezas metálicas y cría puercos.

La exposición de De Keyer causó controversia en Perpignan: parte de los profesionales y del público rechazó el color, a veces vivo y chillante, de las fotos del reportero belga. Acostumbrados a las fotos en blanco y negro de los documentos históricos sobre el gulag soviético, le reprocharon haber “hermoseado” una realidad insoportable. Sin embargo, otro sector consideró que es precisamente en el malestar creado por a dicotomía entre los colores y la dureza de las condiciones de vida de los internados donde radica la fuerza del trabajo de De Keyzer.

El drama de las mujeres

Pero romper con la tentación de “dramatizar” un tema usado el blanco y negro es un paso difícil de dar para los fotógrafos.

Ese paso se negaron a darlo tres fotógrafas que se atrevieron a tratar temas muy especiales, de tipo sociológico y psicológico.

La primera es estadunidense, Branda Ann Kenneally, quien vive en Brooklyn: “Cuando llegué a Nueva York, no tenía dinero y necesitaba un apartamento grande para trabajar mis fotos. Por eso me tocó ese barrio”.

Poco después se dio cuenta de que el consumo y el tráfico de drogas eran la actualidad principal de sus vecinas y de sus hijos. Se ganó su confianza y durante varios años tomó fotos sin una mínima huella de sensacionalismo, y que muestran la vida cotidiana de madres de las comunidades negra e hispana y de sus niños totalmente sumergidos en la drogadicción.

Parte de ese reportaje –difícilmente sostenible por su autenticidad y su carácter íntimo- fue comprado por el semanario L’Express, que lo anunció en portada y le dio despliegue. Esa revista no suele dar tanta importancia al fotoperiodismo, y esa “victoria” de Kenneally fue una señal esperanzadora para el festival y los fotorreporteros.

Felicia Webb, británica, decidió explorar el mundo de la anorexia, perturbación mental que afecta a 1 millón de personas, sobre todo a mujeres, en el Reino Unido y a 8 millones en Estados Unidos.

Explica: “Durante los últimos dos años, investigué la vida de varias mujeres que padecían anorexia. Mi meta era explicar, en la forma más fiel, sensible y elocuente posible, sus experiencias y emociones (…) En el mundo occidental la delgadez es sinónimo de encanto, éxito, riqueza. No comer se ha convertido en una salida de emergencia: si el fracaso en el plano profesional, por lo menos triunfaré en el estético, porque seré delgada…”.

Las fotos de estas mujeres raquíticas, compulsivas, depresivas, que pasan largas temporadas en hospitales psiquiátricos, son sobrecogedoras.

Al igual que las fotos de otras mujeres, sin hogar, que deambulan como sombras en las calles de París. Fueron tomadas por una joven reportera francesa, Diane Grimonet, que se tardó meses y meses antes de ganarse la confianza de estos seres tan maltratados por la vida.

Los que temen a Dios

Menahem Kahana también tuvo que hacer milagros para poder penetrar en el mundo cerradísimo de los Haredims (palabra hebrea que significa quienes temen a Dios). Su reportaje causó asombro en Perpignan.

Explica Kahana: “Los ultraortodoxos representan 10% de la población de Israel, pero no forman un grupo monolítico, por el contrario, están divididos en múltiples corrientes, agrupadas alrededor de un jefe venerado. Todos usan la misma vestimenta negra, sombreros negros, tienen largas barbas y papillotes (rizos de cabello que salen de sus sombreros y cuelgan de cada lado de su rostro).

“Los Haredims atraviesan la historia con el cuerpo y el alma anclados en otra dimensión del tiempo. Su tiempo es bíblico, viven el presente soñando con la Jerusalén celeste…”

Las fotos en color de Kahana revelan aspectos muy secretos de la vida de los Haredims: sus ritos de purificación, su peregrinaje en Ucrania para rezar sobre la Tuma de un rabino venerado. Varias fotos  reseñan otro rito extraño: jóvenes adultos Haredims toman vino hasta alcanzar la ebriedad total para llegar al punto culminante en el que ya no distinguen el bien del mal. Lo hacen bajo la mirada impávida de una asamblea de hombres de más edad, sobrios, sentados detrás de una larguísima mesa cubierta por un mantel blanco.

Tres íconos

Visa pour l’Image rindió homenaje a tres grandes fotógrafos: el estadunidense Charles Moore, el ruso Mark Markov-Grinberg y e iraní Abbas.

Moore es un mito vivo de la llamada época de oro del fotoperiodismo. En 1958 conoció a Martin Luther King.  Ese encuentro fue determinante en la vida y la carrera de Moore, que no tardó en convertirse en el primer fotógrafo blanco que reseñó la lucha a favor de los derechos cívicos de la comunidad negra en el sur de Estados Unidos.

Sus fotos sobre la violenta represión policiaca que desencadenó ese movimiento fueron publicadas por Life y luego dieron la vuelta al mundo. Algunas de ellas se convirtieron en auténticos iconos, todas jugaron un papel de denuncia  muy importante.

Mark Borisevich Markov-Grinberg tiene 95 años y es uno de los escasos fotógrafos vivos testigo de toda la historia de la Unión Soviética. Su retrato del poeta Vladimir Maiakovski tomada en 1926, año en que comenzó la fotografía, también se ha convertido en icono.

Pronto Markov-Grinberg dejó en mundo artístico  moscovita para reseñar, con entusiasmo, la construcción de “un mundo nuevo” en su inmenso  país: surgimiento de fábricas, aparición de los kolhozes en el campo, actividad febril en las minas…

Sus fotos de la Segunda Guerra Mundial están ancladas en la memoria colectiva rusa, pero nadie las conocía en el “mundo occidental”. La amplia expiación de su obra organizada por Visa pour l’Image es la primera muestra individual  suya jamás montada fuera de la ex Unión Soviética.

Abba, uno de los fotógrafos  estrellas de la agencia Magnum, reconoce  que nunca  se perdonará el haberse quedado en la Villa Olímpica en 1968 mientras ocurría la matanza de Tlatelolco. México ocupa un lugar tan especial en la vida de este afamado fotoperiodista que le dedicó dos libros.

Abbas fue invitado a Perpignan para presentar el libro que acaba de publicar sobre Irán y la retrospectiva de sus fotos tomadas durante 30 años en su propio país, con el que lleva relaciones conflictivas.

Tomadas en blanco y negro, las fotografías cuentan el reino del Cha, la revolución jomeinista, la esperanza que despertó –inclusive en el corazón del propio fotógrafo- y la situación actual, sacudida por las tensiones entre el poder teocrático y las aspiraciones democráticas cada vez más fuertes del pueblo iraní.

Son fotos sobrias de altísimo nivel estético, que cuentan a la vez la historia reciente de Irán y la más personal de Abbas. Tanto en el libro como en la exposición aparecen al margen de las fotos comentarios del fotógrafo escritos a mano.

Más allá de su calidad, lo que diferencia el trabajo de Abbas del de otros fotógrafos es que su mirada es iraní, conoce todos los códigos de su propia cultura y, mediante detalles que escapan a reporteros extranjeros, nos sumerge en su mundo.