“Historia de un barrio”, mural de Claudia Chapou para TeVe-de-mente

La cámara de cine filma la escena, en tanto que una treintena de personajes más aparecen a lo largo del mural con actitud de “sólo pasaba por aquí”. Algunos tienen nombre y apellido: el poeta Jaime Sabines lee una gacetilla; el Sup Marcos aguarda con dos relojes en compás de espera; Emiliano Zapata, El Conde Drácula y el muralista José Chávez Morado observan atentos. La directora de cine Mimí Derba celebra convertida en estatua viviente…

Los demás son anónimos (perros incluidos) y se agitan en la magna pintura que Claudia Chapou ha intitulado Historia de un barrio. Por el pavimento ruedan dos tipos de riña feroz y una madre detiene su prisa para contemplar el pleito; una güereja discute afuera de un bar con  un chino, y dentro de un edificio, como retablos las ventanas descubren a dos gays que se besan, a una pareja que brinda, a una chica peinando su cabellera y a otra, vestida con un fondo, alargando el cuerpo y bostezando.

Por el gran cuadro desfilan imágenes de contraste motivando sentimientos que únicamente una buena película puede provocar. Historia de un barrio ha sido el trabajo mural de un año y medio a petición del Cineasta Luis Kelly y que a partir de octubre lucirá en las oficinas de Te-Ve-de-mente.

Vanguardias

Claudia Chapou nació en 1959 en la capital mexicana y estudió en La Esmeralda entre 1977 y 1981. Dice la pintora que en 20 años había realizado telas más pequeñas al óleo.

“Mis personajes en el mural no son modelos, no están posando; los traigo en la mente por lo que veo a diario. El chino es un personaje espontáneo, creo que lo he visto en algún lugar de la ciudad…”

Y sobre la forma de este mural de 5.44 metros x 2.44 metros, expone:

“Lo pinté en fondo ocre al óleo sobre lino, que es muy resistente. Usé lo mejore materiales y, al final, lo envié a barnizar.

Recuerdo que hace 10 años hice otro para el INEA, me dijeron que lo pondrían en una exposición y nunca la hicieron. Entonces sus oficinas estaban al sur del DF, en El Rélox.

Nunca supe dónde quedó mi primer mural.”

A los 17 años de edad Chapou tomó  cursos por el rumbo de La Villa con Gabriel Fernández Ledesma (“Una persona de extraordinaria riqueza interior”). Lo conoció por su abuela, María Doloress Ruiz, quien era hermana del pintor Antonio Ruiz, El corcito. Cada dos semanas, Claudia Chapou lo visitaba a su taller donde tomaba clases de grabado, la aconsejaba en cuestiones técnicas y un día le profetizó:

“Algún día harás cosas muy locas en la pintura. Ya vas a ver…”

Otro de sus maestros fue el esposo de su madre, William Fett de 83 años de edad, nacido en Michigan y quien desde los años cuarenta vive en México y en Estados Unidos.

-¿Qué opina de la vanguardia?

-No tengo presente a la vanguardia y no me importan las modas. Creo que hay que buscar dentro de uno mismo más que afuera y ésa es la manera como es posible encontrar algo nuevo. Ya la trascendencia depende de cada quien. Lo que me importa es saber decir las cosas plásticamente.

-¿Le influyó el muralismo?

-Siento mucha admiración por los grandes muralistas mexicanos, los tres grandes, Gonzáles Camarena y otros. También por algunos pintores se han inspirado en la sociedad, cada quien en su propia visión del mundo: Otto Dix y Grosz, Beckman…

Concluye en su estudio donde dirige un taller de pinturas para niños en las calles de Adolfo Prieto, a unos días que su mural se coloque dentro del cubo en el edificio de TeVe-de-mente (Periférico y San Antonio):

“Hasta hoy no me he identificado con el arte conceptual, prefiero la pintura por ser un medio más directo de expresión.