Alberto Barranco Chavarría
Colocado nuevamente en el ojo del huracán, en la posibilidad latente de pisar al fin una cárcel mexicana para responder frente a uno de los 13 delitos por los que se promovió su extradición al país, el exbanquero Carlos Cabal Peniche planeó en el intermedio su venganza, al demandar al gobierno por la venta de uno de los puntales de su imperio de naipes: la empresa multinacional Fresh Del Monte Produce.
La firma comercializadora de frutas, legumbres y hortalizas, con oficinas en todos los países centroamericanos, los principales del Caribe, tres ciudades de Europa y dos del Extremo Oriente, con ventas anuales por un promedio de mil millones de dólares, fue subastada en junio de 1996 a la empresa chilena IAT, subsidiaria de United Trading Company.
De acuerdo con la información dada a conocer por el gobierno zedillista, el precio pactado por el 80% del capital de la multinacional ascendió a 532 millones de dólares… por más que la firma sembrada como la tercera exportadora del país andino sólo pagó en efectivo 100 de ellos, entendiéndose que el resto eran deudas que hizo suyas.
Lo curioso del caso es que en el largo proceso de venta sólo se habló de una emisión de bonos de deuda por un global de 300 millones de dólares, con vencimiento al año 2003, pactándose una tasa de interés de 10% al año.
El caso es que dos meses antes de la operación, la empresa debió cubrir un tramo del pago de réditos por 30 millones de dólares.
El caso es que el efectivo se repartió sólo entre dos: el Grupo Empresarial Agrícola Mexicano y el Banco Unión. El primero, al que se le dio la calidad de vendedor, dado su paquete mayoritario de 20% en el capital, dividido en el papel entre 200 inversionistas, recibió 65 millones.
Y el caso, por lo demás, es que con sólo una rebanada del 16.5% del pastel, vía Nacional Financiera, de quien se dijo vendería sus acciones si la firma quedaba en manos extranjeras, o si lo prefiere permanecía si quedaba en manos mexicanas, el gobierno asumió el control de la multinacional, colocando como presidente el entonces exdirigente del Consejo Nacional Agropecuario, hoy senador priista, Eduardo Bours Castello, al que le asignó, por lo demás, un sueldo de 40 mil dólares mensuales, con un staf de 16 asesores también en dólares.
El gobierno mantuvo un espeso silencio sobre el destino del paquete de 10% en poder de la empresa Transportación Marítima Mexicana.
El hecho es que el alegato de Cabal se apuntala en dos vías: la ilegalidad de la operación realizada sin su anuencia, aprovechando su condición de prófugo de la justicia –por más que el propio Bours declaró que el expresidente de los bancos Unión y Cremi nunca fue socio de la compañía, aún cuando tuvo injerencia en el fideicomiso comprador–, y el haberse malbaratado la empresa adquirida originalmente en 573 millones de dólares… si bien el 70% de los 300 que se pagaron en efectivo salió de las arcas del Banco Unión, vía la simulación de préstamos a empresas insolventes.
Según el cálculo del que fue banquero consentido del presidente Carlos Salinas de Gortari, Fresh Del Monte Produce está valuada en este momento en mil 200 millones de billetes verdes… por más que en la fase inicial de su asunción por capital mexicano, es decir entre 1992 y 93, perdió 43 millones de dólares.
Lo cierto es que meses después de cerrada la operación, IAT realizó una inesperada jugada de ajedrez, al colocar en la Bolsa de Nueva York el 30% del capital de la exmultinacional mexicana, recibiendo 200 millones de dólares, con los que al parecer refinanció a mayor plazo la deuda pendiente.
Y lo cierto es que de acuerdo con el diario The Miami Herald, en el río revuelto de la huida de Cabal del país, en septiembre de 1994, se quedó en el aire una inversión de siete millones de dólares de parte de ejecutivos medios de la firma, con sede original en Coral Gables, quienes planteaban la posibilidad de extender el negocio a Estados Unidos.
La ubicación hablaba además de que en su huida Cabal “dejó una serie de interrogantes, entre las que sobresale qué pasará con Fresh Del Monte Produce, que adquirió en 554 millones de dólares en noviembre de 1991 y que vende 9 mil millones de bananas al año, el 60% de sus ventas anuales de mil millones de dólares”.
Por lo demás, se recordaba que entre los inversionistas internacionales que adquirieron los bonos de deuda expedidos por la multinacional, sobresalía el Petnam High Income and Convertible Fund.
Con medio cuerpo en la cárcel, pues, Carlos Cabal Peniche le apuesta a la revancha… para recuperar una inversión de saliva.








